Antonio Bello Quiroz
Sigmund Freud, inventor del psicoanálisis, de quien el pasado 23 de septiembre conmemoramos el 76 aniversario de su muerte, recurrió con asiduidad al género epistolar para mantener contacto con sus allegados. En un sinfín de cartas no solamente comunicaba sus sentires sino también las premisas de sus hallazgos teóricos. Resultan ya icónicas las más de 900 cartas (ninguna menor a tres cuartillas) que le hace a su novia y después esposa Martha Bernays, lo mismo que las cartas que intercambia con su amigo de la juventud intelectual, Whilhelm Fliess y muchos otros cercanos. Es digna de destacarse, entre su correspondencia, los intercambios epistolares que durante 25 años sostuvo con una mujer de las que marcan época y que conmueve de manera profunda, y en muchos sentidos, al padre del psicoanálisis. Se trata de la joven rusa Lou Andreas-Salomé.
En su primer intercambio con el Dr. Freud, el 27 de septiembre de 1912, desde Göttingen le escribe: “Muy estimado señor profesor: Desde que en otoño pasado tuve la oportunidad de asistir al Congreso de Weimar, el estudio del psicoanálisis se ha adueñado de mí y me cautiva tanto más cuanto más voy penetrando en él.” Después de semejante declaración le solicita, en una próxima visita a Viena, seguir sus enseñanzas y sumarse al selecto grupo que los miércoles se reunían en casa de Freud.
Lou Andreas-Salomé era portadora de una belleza deslumbrante, además de una potente inteligencia que le valió granjearse la amistad, en muchos casos íntima, de los más connotados intelectuales de la época. Su formación la hace romper los paradigmas que para la mujer se establecían en su San Petersburgo, donde nació en 1861. Hija única, después de seis hermanos varones, de un general del Estado Mayor zarista, a los 14 años se niega a confirmarse en la fe protestante, lo que fue forjando su carácter independiente y voluntarioso, mismo que se ve enriquecido sobre todo un año después, tras conocer al teólogo liberal Hendrick Gillot, del que adquiere una vastísima cauda de conocimientos en materia de filosofía, teología y literatura. Con este pastor holandés también conoce el vínculo tan poderoso entre la inteligencia y la pasión que la llevaría a vincularse amorosamente con una pléyade de intelectuales de esa riquísima época conocida como la Viena del fin de siglo.
Antes de acercarse al psicoanálisis, con una salud precaria, Lou se traslada de Suiza, a donde salió huyendo de la estrecha mentalidad zarista, hacia Roma donde conoce al filósofo Paul Reé, con quien vive un intenso romance; sin embargo, la cuestión amorosa no fue fácil de resolver porque junto con Reé conoció al íntimo amigo de éste, nada menos que Friedrich Nietzsche. Ambos se enamoraron a la vez de ella y la amistad de los filósofos se tambaleó. Los efectos de estos amores fueron fecundos no obstante: Lou vivió con Paul Reé en un apartamento de Viena por cinco años; no obstante, por decisión de ella, su amor se mantuvo durante ese tiempo “sin consumarse”, hasta que el filósofo decidió, buscando preservar su salud emocional, retirarse de ella para hacerse médico. Nietzsche, por su parte, soportó estoicamente el rechazo de Lou y se abocó a escribir buena parte de Así habló Zaratustra.
No podemos cerrar la breve visita a la vida amorosa y erótica de esta “dama demasiado grande”, como la llamó Freud, sin referir el casamiento que tuvo con el filólogo Friedrich Carl Andreas. Poco antes de realizarse el matrimonio, y viendo amenazada su libertad erótica, Lou busco disolver el compromiso. Ante esto Andreas se clavó un cuchillo en el pecho. Después de salvar la vida nuestra Lou decidió casarse con él. Pero eso sí, jamás pudo poseerla sexualmente.
Pese a las mentes brillantes con las que convive e interactúa Lou Andreas, nunca deja de reconocer a Freud ante todo por su “sobriedad científica” frente a los señalamientos del carácter místico de sus teorías. En una carta del 14 de julio de 1929 destaca primordialmente dos cosas, a saber: “el que alguien no siguiera la orientación de sus deseos personales y el que la cosa a la que se aplicó produjera la descarga de su genio de modo a como hasta allí no la había producido nadie”.
La más intensa y tórrida de sus relaciones la establece con el poeta Reiner Marie Rilke, a quien conoció ella con 36 años y él con 22. Él, como había ocurrido con muchos otros, se enamoró profundamente de esa siempre fascinante combinación de belleza, inteligencia y cultura. Con el poeta lo liga algo más que el vínculo erótico, algo más allá del amor-pasión; les ligan “las cosas impensables”, como ella llamaba a lo que Rilke le convocaba. Le llama a un tiempo fuera de las palabras, como las que se dejan “ver” con la escultura de Rodin, un real como diríamos ahora con Lacan. Viajaron juntos a Italia, a Alemania y Rusia donde entablaron largas charlas con el gran León Tolstoi.
La trascendencia de Lou Andreas-Salomé en la vida de Freud y, por añadidura del psicoanálisis, consiste en que viene a revelarle al padre del psicoanálisis algo que si bien ya había experimentado: en el encuentro con las histéricas, en su relación con Martha su esposa, la relevancia de lo femenino, de lo femenino en lo que está teorizando el inventor del psicoanálisis pero también en él mismo. En ese sentido, Lou se vuelve Otro para Freud.
Lou Andreas-Salomé, esta grande dama, muere el 5 de febrero de 1937, a los 76 años. Freud aún se encontraba en Viena, y escribe una nota necrológica: “No exagero ciertamente en lo más mínimo al confesar que fue para todos nosotros un honor el que ella ingresara en las filas de nuestros colaboradores y nuestros luchadores […] Era de una modestia y una discreción nada comunes. De sus propias producciones poéticas y literarias nunca hablaba. Sabía, por lo visto, dónde hay que buscar los verdaderos valores de la vida. El que llegaba a conocerla de cerca quedaba impresionado por la autenticidad y la armonía de su ser, y podía observar con sorpresa que todas las debilidades femeninas, y aún tal vez la mayoría de las debilidades humanas, le eran ajenas o habían sido superadas por ella en el curso de su existencia.”








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