José Agustín Goytisolo
El hombrecito de chaqueta corta
contempla el prado horizontal del mar
al pie de un imponente pedestal
que sostiene al gigante de los libros
—el cual parece todo un gran señor
con sombrero y gabán sobre volúmenes—
que cubre con su sólido paraguas
al hombrecillo que no tiene libros.
Debe estar lloviznando mansamente
porque las tres gaviotas vuelan bajo.
El pequeño no cree que ha de irse
a otro confín; ni quiere suicidarse
pues ni puerta precisa para hacerlo.
Quizá él sueñe igual que lo hago yo
si a la alfombra del mar me asomo acaso;
pero no me protege nadie a mí.
También —ya sin los libros que dejé—
he pensado como Virginia Woolf
llenar de peso todos mis bolsillos
metiéndome en el agua hacia la nada.
Y voy juntando trozos de adoquines
que encuentro en mis paseos. Pero no me decido
y los devuelvo a la ciudad a sus calles
que forman los momentos de mi ser.
——
Reproducido de Quint Buchholz, El libro de los libros.









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