Roberto Martínez Garcilazo
Mi vida es tan pequeña
como un grano de arena de la playa
o como la tierra en la vía láctea
MMF
La ley que secularizó los cementerios de México entró en vigor el 31 de julio de 1859. Fue firmada por el presidente interino constitucional de los Estados Unidos Mexicanos que en ese entonces era el Lic. Benito Juárez. Esta ley fue parte del proceso de separación de los poderes terrenales y celestiales, del Estado y la Iglesia. Esta disposición administrativa fue la culminación del dramático camino de des/sacralización de la vida del mexicano. Después de los decretos de las leyes de Nacionalización de los bienes eclesiásticos y del Registro civil obligatorio de los nacimientos y matrimonios, se instauró la secularización de los cementerios. Esta medida significó la anulación burocrática de la eternidad y de la resurrección de la carne.
Manuel María Adriano de la Luz Flores Martínez murió de sífilis y cirrosis hepática, en estado de furor demencial en 1885. Fue sepultado en el Panteón Civil de Dolores de la Ciudad de México. En el 1926, dos años después del fallecimiento de su amada Rosario de la Peña y Llerena, los restos mortales, los huesos del poeta fueron exhumados por los empleados del gobierno y arrojados en un agujero pestilente llamado osario o fosa común.
Sin embargo, para fortuna de la literatura, durante el mes de febrero del año 1985, el año del centenario de la muerte de Flores, un equipo interdisciplinario de exhumación, dirigido por el sabio Dr. Raúl Contreras, académico de la Nacional de Medicina y especialista en anatomía patológica encontró junto al esqueleto del poeta un atado de hojas manuscritas.
Este manuscrito fue tratado científicamente por el Departamento de Conservación y Restauración Bibliográfica de la UNAM.
Lo que sigue es la transcripción, realizada por el Departamento de Paleografía de la Maestría en Literatura Mexicana.
Las fojas que pudieron rescatarse de la ruina del tiempo contienen veintinueve notas de traducción del Empédocles de Hölderlin (1770-1843), realizadas por Manuel M. Flores, del que es conocida su capacidad para traer al español textos de Victor Hugo, Musset, Byron, Schiller, Shakespeare y Goethe, entre otros.
Notas de MMF
1
Como los esclavos sin alma…
2
¿Y si en mí, como en los antiguos preferidos del Cielo, la plenitud del espíritu se volviese locura, me lo advirtiese y luego enviase presuroso a mi corazón un destino inesperado como signo de que era llegado el tiempo de la purificación?
3
Sin duda llevas en ti, y lo ves, un destino magnífico.
4
Debe irse a tiempo aquel a través del cual habló el Espíritu.
5
¡Dejad morir a los felices, dejad que antes de que les pierda lo arbitrario, lo fútil, lo afrentoso, los que son libres se inmolen con amor a los dioses en la hora propicia!
6
Honradme y si mañana no me halláis decid entonces: no debía envejecer ni contar los días ni inclinarse ante la pesadumbre y las enfermedades; no era ese su destino. Sin ser visto partió y no le sepultó la mano de ningún hombre y ningún ojo sabe de sus cenizas.
7
¿Es que acaso debo sobrevivir al día del deshonor como un esclavo?
8
No pueden dominarme los mortales y con todas mis fuerzas, sin temor, desciendo por el sendero que elegí. Ésta es mi dicha y es mi prerrogativa.
9
¡Aquí, es tan hermoso el mundo!
10
¡Detente instante, eres tan bello!
11
Y los mejores van a unirse a los dioses en la muerte y parten con placer y hacen que se nos vuelva una vergüenza seguir entre mortales.
12
El que es infinito todo lo percibe infinitamente.
13
El delito de haber revelado más de lo que conviene a los mortales.
14
Pues una vez ciegos, tuvimos necesidad del milagro.
15
El nuevo día de mi vida. ¡Porque todo es distinto! ¡Pasó la humana pesadumbre! Como si me nacieran alas, me siento ágil y cómodo aquí arriba y es bastante mi riqueza. Vivo contento y soberano aquí donde el cráter de fuego está lleno del espíritu hasta el borde, coronado de flores que él mismo ha producido y que me ofrece hospitalario el Padre Etna, el Padre Citlaltépetl.
16
¡Llama tremenda, alma de lo vivo!
17
Ya no te necesito, escrupuloso corazón. Ya no hay dudas. Dios me llama.
18
Se oculta al día el corazón de la tierra.
19
Allí te abrirán el libro del destino, porque todo retorna: lo que ha de ocurrir ya se ha cumplido.
20
¡Ebrio y divino, nimbado por el espíritu sagrado de la vida!
21
Y se iluminó mi corazón crepuscular musitando una plegaria que era en verdad un poema.
22
Se disuelve en la dicha el enigma de la vida.
23
Me sobresalto cuando se acerca a mí el alma del pueblo.
24
Ya no pertenezco a los mortales: ¡Oh, final de mi era!
25
Recordando la antigua unidad, la oscura madre abre sus brazos de fuego hacia el éter.
26
Mantengámonos tranquilos y siempre aprendiendo.
27
Todo es apariencia.
28
¿Cuándo se precipitará el mar sobre este páramo de tristeza?
29
¿Dónde está el espíritu de la vida?
Hölderlin y Flores murieron dementes. Constituyen uno de los polos de la antinomia poeta-pueblo. Gastaron sus vidas explorando lo sublime, en tanto categoría estética que genera cierta ética del heroísmo y una incierta búsqueda de la inmortalidad.
El manuscrito “Veintinueve notas de traducción del Empédocles” reposa en las sombras protectoras de la llamada “estantería móvil” del Fondo Bibliográfico José María Lafragua en Puebla.









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