Félix Fénéon
Cuando (alrededor de 1874), sobre las mesas de posadas o las bordas de los paquebotes se escribían las Illuminations, Arthur Rimbaud, de casi veinte años, alcanzaba su vejez literaria. Cuatro años antes había inventado una poesía y orquestado el Océano de Barco ebrio. Un obscuro tipógrafo brabanzón le imprimió unos cuantos ejemplares de Una temporada en el infierno. Y eso fue todo. Se fugó de las Letras y de los hombres (las mujeres, dice la crónica de testamento abierto, le habían preocupado poco), buscando en viajes aventurados disipar la alucinación que ajusticiara su genio. —Pero, una vez que partió, subsistió la sigilaria influencia de ese niño en toda la obra de su hermano mayor, el señor Verlaine, con quien le había ligado un trato fraternal. Su obra propia es dada a conocer por fin, y un clan de escritores acampa ahora en esa tierra noval.
A los pliegos, a las hojas volantes del señor Rimbaud, se ha buscado distribuirlos de acuerdo con un orden lógico. En primer término, las revoluciones cósmicas, en que su alegría exultante y saltarina se recrea con los tumultos y las luces. Luego, las Ciudades Monstruosas: una humanidad intratable despliega allí una comedia mágica de crimen y demencia. De esos decorados, de esas muchedumbres, se aísla un individuo: exaltaciones pasionales pronto acescentes y ásperas, que se desvían hacia erotismos sobreagudos. El postre, una lipotimia. Él desea vivamente una vida vegetativa: algunas siluetas de seres humildes vagan, jardincillos de arrabales de Brujas florecen, matizados lívidamente, bajo una doliente tristeza. A la primitiva prosa suelta, musculosa y coloreada, la han reemplazado lábiles canciones murmuradas, que mueren en una oleada de sueño incipiente, balbuceante como una chochera benigna, o que estallan en berridos. Brusco, un despertar odioso, lleno de sobresaltos, una llamada a algún desquiciamiento social, aullada por la voz de un alcohólico, un insulto a esa Democracia militar y utilitaria, y un irónico y final: ¡De frente, marchen!
Una obra, en fin, fuera de toda literatura y, probablemente, superior a toda.
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Fragmento de “Las Iluminaciones de Arthur Rimbaud”, en la revista Le Symboliste, No. 1, del 7 al 14 de octubre de 1886, pp. 2-3. Texto reeditado en Iluminaciones, Universidad Veracruzana, México, 2019.









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