
Daniel Bernal Moreno
Tanto tiempo la deseé que no podía creer que estuviera frente a mí: desnuda. Con el pelo empapado y la mirada ausente. ¿Puede alguien envejecer tan rápido? Sus labios mojados. Con las yemas de las manos arrugadas. Era tan bella y su rostro lucía inflamado. Mantenía la expresión de horror que puso mientras la ahogaba.








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