Knut Hamsun
Ahora he venido a vivir a los bosques. No es que esté disgustado ni que la maldad humana me haya ofendido; pero como los bosques no vienen a mí, yo tengo que ir a ellos. Así es.
Esta vez no he salido de criado o vagabundo. Tengo mucho dinero y estoy muy bien alimentado, y no me hacen falta éxitos ni fortuna, ¿entiendes? He abandonado el mundo como un sultán abandona ricos manjares, harén y flores, para revestirse con el cilicio.
Podría decir aún más cosas. Porque voy a caminar por aquí y voy a pensar y a consumir en el fuego grandes hierros. Nietzsche seguramente habría dicho: “La última palabra que dirigí a los hombres logró su aprobación, los hombres asintieron con la cabeza. Fue mi última palabra, me marché a los bosques. Porque entonces comprendí que había algo deshonesto algo estúpido…”
No dije nada, pero me marché a los bosques.
No vayas a creer que aquí no sucede nada. Los copos de nieve caen como en la ciudad, y los pájaros y todos los animales están ocupados en sus cosas desde la mañana hasta la noche y desde la noche hasta la mañana. Podría contar historias ciertamente interesantes, pero no lo hago. He ido a los bosques, a causa de mi soledad y de mis grandes hierros ardientes; tengo unos grandes hierros, que están dentro de mí y se encienden. Yo me trato, pues, de acuerdo con ellos. Si algún día me encuentro con un reno, diré probablemente: “Dios de los cielos, ved un reno, está furioso”. Pero si me causa una impresión demasiado fuerte, me diré que es un ternero o un ave, y me engañaré a mí mismo.
¡Ya lo creo que aquí suceden cosas!
En mi vida he visto un saludo parecido.
——
Fragmento reproducido de la novela La última alegría, editada por De bolsillo en Trilogía del vagabundo (México, 2018).









No Comments