Consultario
  • Ensayo
  • Museo
  • Narrativa
  • Opinión
  • Palimsesto
  • Poesía
  • Teatro
  • Directorio
  • Tendencias
  • e-consulta
cccs
Opinión 0

La soledad

· marzo 12, 2015

Antonio Bello Quiroz

 

No deseo nada más que habitar mi aflicción.

Roland Barthes

Nacemos solos, morimos solos.

Octavio Paz

 

La soledad es un afecto recurrente, insidioso y rebelde; callo doloroso del transcurrir existencial. Desde la psicología, la sociología, las religiones, la política, la literatura, las artes y hasta algunas doctrinas económicas se ha intentado decir algo de este democrático afecto.

El estado de soledad se revela como inmanente a la condición humana. Se presenta desde el acto mismo de nacer y hasta que se revela el singular camino que conduce a cada uno hacia la muerte. Soledad y muerte constituyen una relación tan sólida, dolida y trabajosa como reprimida, disfrazada, e incluso negada.

La soledad no se cura porque no es una enfermedad; sin embargo, es sometida a permanente condena porque en los hechos contradice la creencia que presenta al hombre como un ser gregario. En sentido contrario a la ilusión gregaria, escribe Octavio Paz: “nacemos solos, morimos solos”.

La figura mayor de la soledad, la soledad por excelencia, nos dice el escritor checo Bhumil Hrabal, es la soledad en compañía, la desolación.

En la clínica que se hace desde el psicoanálisis, práctica tan solitaria como la del escritor, el lector o el artista, se escucha con asiduidad la queja: “me siento solo”, “estoy muy sola”, “no aguanto esta soledad”, e incluso se deja oír por la vía del anhelo: “necesito estar solo”. En todo caso, se trata de mensajes que nos hablan de esta región oscura y triste, destinada a dejarse ver por los laberintos de los síntomas o las inhibiciones, que demandan, en el centro de la conflictiva neurótica, la restitución de la relación a semejante pérdida en la noche mítica de la primera “experiencia de satisfacción”. Engaño humano que supone y anhela una completud que nunca existió.

La soledad se debate en la consistencia imaginaria del vacío y nos revela nuestra inagotable condición de seres discontinuos, según nos enseñó con contundencia Bataille. Es la condena siempre presente de no encontrar la otra mitad de los tiempos mitológicos en que fuimos andróginos: condena que se renueva una y otra vez. En la prehistoria del nacimiento, lo sabemos desde el psicoanálisis, a cada cual le pre-existe el discurso del Otro; luego entonces, esta aseveración tendría que derrumbar la idea de la soledad, en tanto que siempre estaríamos precedidos del deseo de Otro, con su garantía de compañía. Sin embargo, esta aseveración no sólo no elimina la idea de soledad sino que la hace más consistente, en tanto que el Otro habría de ofrecer, justamente para que el sujeto pueda devenir como un hablante, para poder habitar la lengua, la vida subjetiva: es su falta, su ausencia, su falta fundante, en tanto que sujetos.

Ése es el núcleo de la soledad: estamos constituidos a partir de la falta del Otro.

Por esto, la soledad es un punto fantasmático donde todo neurótico puede reconocerse y hasta identificarse, ya que uno de los paradigmas icónicos de la soledad es la de un niño librado a su propia suerte. Punto nuclear de todo conflicto edípico.

Pese a todo, la soledad no necesariamente se cruza en silencio; la soledad, si se la escucha bien, siempre está por decir algo, es balbuceante. Nunca lo dice, o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible, como la música.

La soledad quiere hablar de lo más radical del deseo, ahora desprendido de los contornos que lo pueden arraigar a un objeto, a una ilusión. El psicoanálisis tendría algo que decir en torno a la soledad, sin coartadas, en cuanto elemento que es y actúa en la subjetividad y confronta al sujeto con un sendero colmado de afectos y puntos de tensión: sin duda se pueden ver sus huellas en la ansiedad ante la muerte, lo mismo que en el cuerpo flagelado y lacerado; en la precariedad del tiempo y en el amor, al encontrarnos con el inevitable rostro oscuro del desamor que nos recuerda, como decía Rosario Castellanos, que amor y desamor son aguas del mismo río.

Con todo, en algunos grandes espíritus, la soledad y su vocación de intimidad están emparentadas con el silencio. El silencio es el elemento central en el taller del solitario creador. Envuelto en él, en el silencio —no necesariamente inaudible— la actividad del creador se vuelve objeto de sospecha para una sociedad que supone —sin equivocarse— que en la soledad se engendran los monstruos del espíritu, esos que paradójicamente sostienen en constante transformación a la vida.

El terror de la soledad acecha y llena de temor, de manera particular, a una masa humana que ha abandonado el contacto con su “vida interior”, perdida en los imperativos de éxito social a toda costa, marionetas de un sistema productivo que les consume lo más propio, su singularidad, con los ideales de la uniformidad que se vende como la promesa de curarlos de la soledad. Una sociedad así, posmoderna, globalizada, y por ello rechazadora de lo singular, muestra su hostilidad incesante para con los espíritus que buscan refugio en la soledad para poder encontrarse con lo más íntimo, con sus pensamientos y sentimientos más recónditos, con sus incertidumbres.

Sin embargo, se puede ver en ese rechazo un efecto reactivo de la admiración, en tanto que espíritus como éstos, que se abstienen de lo social, que ven más allá de lo inmediato, forman una cierta aristocracia que es capaz de extraer creaciones del estado de ánimo que más terror causa en el vulgo.

Esta aristocracia, por su línea filosófica, va de Heráclito a Spinoza y alcanza sus puntos máximos en Nietzsche, cuyo silencio se lee simplemente como locura, y Wittgenstein, quien recomendaba: “de aquello que nada se puede decir, más vale guardar silencio”. En la poesía también hay un grupo selecto de solitarios en el que sin duda podremos encontrar a Hölderlin, quien encerrado en su torre pregunta a su amada griega: “¿Serás capaz de escucharme, de comprenderme, si te hablo de mi larga y enfermiza tristeza?” Lamentablemente, esta aristocracia capaz de florecer en la más absoluta soledad se encuentra en decadencia, en extinción, amenazada por lo peor de la modernidad, que se caracteriza por causar una acelerada erosión de la intimidad, por promover una huida insensata de la soledad.

Share Tweet

admin

You Might Also Like

  • Cosmos_episode1 Opinión

    Mi experimento favorito

  • notavientresdealquiler-600x451 Opinión

    La adopción y los vientres de alquiler

  • pez león Opinión

    Pez león, invasor marino para deleitar

No Comments

Leave a reply Cancel reply

Recientes

  • Gorilas en Trova 0

    Tirsso Castañeda: sinapsis y revelaciones

    Abril 20, 2022 / Por Maritza Flores Hernández Rodeado de su obra, el artista plástico Tirsso Castañeda conversa sobre cómo el arte es revelación del yo interior, de ...

    On abril 21, 2022 / By admin
  • teatroprincipal_puebla
    Tinta Insomne 0

    Las calles de Puebla

    Fabiola Morales Gasca (Portada: Teatro Principal de Puebla. Tomada de https://www.mexicoescultura.com/recinto/50387/teatro-principal-de-puebla.html#prettyPhoto) Siempre he amado las calles del Centro Histórico de Puebla. El Teatro Principal fue, durante mucho tiempo, ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • picasso_blue1
    DCTS 0

    Las madres y el otoño

    Márcia Batista Ramos (Portada: Pablo Picasso, Madre e hijo, 1901. Periodo azul)   Divinos misterios trae el otoño, que derrama las hojas en tonos naranjas y amarillentos, precediendo ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • Fronteras infranqueables
    Ensayo 0

    Fronteras infranqueables

    Jorge Escamilla Udave   La experiencia de leer un libro conjuga una serie de aspectos que suelen ser reglas de oro para el lector potencial y los más ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • secesionenmexico
    Las malditas ciencias sociales 0

    ¿Cuántos regionalismos caben en el nacionalismo?

    Cúmulo Obseso / Aarón B. López Feldman   ¿Quién recuerda cuando la nación hace memoria? Jesús Martín-Barbero   Cuando hablamos de nacionalismo y de regionalismo hablamos de la ...

    On noviembre 20, 2020 / By admin
  • Directorio

© 2013 Solo Pine Designs, Inc. All rights reserved.