José Luis Totolhua Ramírez
“¡Danos ese último hombre, oh Zaratustra,
—gritaban— haz de nosotros esos últimos hombres!
¡El superhombre te lo regalamos!”
Pero Zaratustra se entristeció y dijo a su corazón:
No me entienden: no soy yo la boca para estos oídos. Nietzsche
Que la voz del pueblo sea la voz de Dios, no me interesa. No es la boca que mis oídos escuchan, tampoco creo que sea mi boca para sus oídos. La que busco es la que habla a través de las montañas, de los ríos, de los animales y del hombre. La voz de la tierra, del sol, de las galaxias que se alejan dialogando con sus pares y son el universo. La voz que quiero escuchar es la del universo cuando platique con otros universos.
No entiendo la miseria de los que en nombre de Dios asesinan. Ni la de los que en nombre del dinero desaparecen mujeres en los agujeros negros.
Éste es el mundo en el que creo, donde el hombre construye el infierno y el cielo con sus manos. El que poco a poco descubre y el que aún está esperando.
Percibo la vida del hombre de la tierra. A los que hablan de la vida eterna y del cielo y del infierno, no los entiendo. ¿Dónde está el cielo? ¿Qué evidencias ofrecen de su vida eterna? ¿A qué cielo subió su Jesús resucitado? Y ¿a cuál llevaron los ángeles a su Madre en cuerpo y alma? De verdad, no los entiendo.
Las aves muertas se apestan con el tiempo.
Sólo quiero ajustar mis pensamientos y mis palabras a la realidad. No quiero empequeñecerlo todo con falsedades e ignorancia. De verdad ando en busca de la veracidad. No me interesan los que se llaman justos ni buenos, sino los que lo son. No los que se llaman sabios sino los que además son veraces.
Sabia la naturaleza y Sabio el universo y Sabio lo que condujo a su existencia.
No me interesan los que creen y su creencia es su ignorancia. Busco y sigo a los que buscan a la serpiente oculta entre las piedras. Ésa es mi hambre y mi hambre es caprichosa.









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