Natalia de Gortari Ludlow*
Las pandemias, originadas por virus y bacterias, siempre han existido a lo largo de la historia humana y las resultantes han sido diferenciadas en dimensión, espacio, tiempo y repercusiones. Hoy en día la situación mundial, en relación con la salud, la sociedad y la economía, experimenta un modus vivendi distinto a la normalidad acostumbrada debido al Coronavirus, que ocasionó una epidemia globalizada que ha obligado, en múltiples ciudades y poblaciones del mundo, a un confinamiento sugerido por las autoridades gubernamentales, mientras que en otras se plantea una “nueva normalidad” distinta a la existente antes de la aparición de este virus. Es un hecho es que esta epidemia se ha diseminado a escala mundial de una manera veloz y sin prórroga alguna, aunque hay ciertos países que ya vuelven a la vida cotidiana de manera paulatina y con ciertas reservas debido a los rebrotes, como es el caso de España, donde ha vuelto a elevarse el número de contagios.
Sabemos que la sociedad humana se ha vuelto resiliente[1] ante este nuevo panorama de funcionar en “cotidianidad” y a otras problemáticas que requieren recobrar la flexibilidad y elasticidad de sus modus vivendi y operandi, como son por ejemplo las catástrofes naturales, la pérdida de biodiversidad, el cambio climático, entre otras. Pero mientras no aminoremos el cambio en el uso del suelo y sigamos afectando la biodiversidad sucederá, como mencionan Gibb et al (2020) en la revista Nature, “la influencia de riesgo y emergencia de enfermedades zoonóticas en humanos”.[2] Además, “estos factores son generalmente socioeconómicos e incluyen la forma de conseguir el sustento, la calidad de las viviendas, el acceso a agua limpia y saneamiento y el acceso a sanidad”.[3]
Pero no solo el humano logra ser resiliente ante esta clase de problemas. También lo es la naturaleza. La flora y la fauna silvestres son ejemplos claros de ello, ya que han recobrado sus entornos suplantados por el efecto antrópico. Actualmente los animales circulan sin temor por diversas ciudades mencionadas en fuentes hemerográficas y reportajes al respecto. Un caso en México, que se viralizó, fue el avistamiento de un oso en el Parque Ecológico Chipinque, en Monterrey, donde se acercó a unas jóvenes que paseaban por dicha área natural protegida privada; se piensa que se trata del mismo ejemplar que luego se observó en las calles de la colonia Olinalá, en San Pedro Garza, siguiendo a una mujer.[4] También hay otro caso, en Alemania, de una familia de jabalíes avistados en el lago Teufelssee, en Berlín, que buscaban alimento y se comieron una pizza. Sin embargo, la madre jabalí requería más comestibles para ella y sus crías, así que sustrajo una bolsa que contenía más comida, una laptop y las posesiones de un hombre, quien salió corriendo para recuperar sus cosas.[5]
En relación a la flora, está el caso español del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, un área verde muy visitada y localizada entre las provincias de Segovia y Madrid, donde no hay presencia humana, por lo que no se ha pisado el suelo recientemente, lo que permite el crecimiento paulatino de las plantas y beneficia la presencia de polinizadores.[6]
Reflexiones finales
Debemos repensar los humanos la manera de convivir, apropiarnos y utilizar la naturaleza, ya que se ha visto que la destrucción de la biodiversidad, tanto en el pasado y sobre todo en el presente, está provocando la pérdida acelerada de los ecosistemas, la disminución de la diversidad de especies de flora y fauna, y también la venta clandestina de especies exóticas y el cambio climático. Todo lo anterior está provocando el surgimiento de nuevas epidemias, como el Coronavirus al cual nos enfrentamos hoy en día. También existen ejemplos fidedignos en el pasado, como la influenza, el Sars, la peste bubónica y la gripe española. Me pregunto, ¿seremos capaces de revertir nuestra manera de funcionar y darle la prioridad que se merece a la biodiversidad, en beneficio no sólo de nuestro presente sino también del futuro, de nuestros hijos, nuestros parientes, nuestras amistades y nuestros congéneres?
* Docente investigadora del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” de la BUAP.
[1] El término en la literatura ecológica lo acuñó el ecólogo canadiense Crawford Holling, en 1973, y se define como: “la capacidad de un sistema (un ecosistema, una comunidad biológica, una persona o una sociedad entera) para responder a una crisis o disturbio sin perder su estructura, funciones y procesos de retroalimentación característicos”, en Peña del Valle Isla AE (2013). “Al mal tiempo buena resiliencia”. Ciencias 111-112: 4-11, p. 6.
[2] Myers, S. S. et al. “Human health impacts of ecosystem alteration”. Proc. Natl Acad. Sci. USA110, 18753–18760 (2013) y Gottdenker, N. L., Streicker, D. G., Faust, C. L. y Carroll, C. R. “Anthropogenic land use change and infectious diseases: a review of the evidence”. EcoHealth11, 619–632 (2014).
[3] Daniel Mediavilla. “La reducción de la biodiversidad favorece la aparición de nuevas pandemias”, en El País, 5 de agosto de 2020, https://elpais.com/ciencia/2020-08-05/la-reduccion-de-la-biodiversidad-favorece-la-aparicion-de-nuevas-pandemias.html y Rory Gibb, David W. Redding, Kai Qing Chin, Christl A. Donelly, Tim M. Blackburn, Tim Newbold y Kate E. Jones. 2020. “Zoonotic host diversity increases in human-dominated ecosystems”, Nature.
[4] “Nuevo avistamiento de oso en Monterrey, ¿será el mismo de la selfie?” en 20 años Medio tiempo, 22 de julio de 2020, https://www.mediotiempo.com/otros-mundos/nuevo-avistamiento-de-oso-en-monterrey-sera-el-mismo-de-la-selfie.
[5] “Robo salvaje: una familia de jabalíes, un nudista y un ordenador portátil”, en El País, 11 de agosto de 2020, https://elpais.com/elpais/2020/08/0mundo_animal/1597088177_602091.html.
[6] Cristian Segura y Esther Sánchez. “La fauna gana terreno ante el repliegue humano por el coronavirus”, en El País 28 de marzo de 2020, https://elpais.com/ciencia/2020-03-28/la-fauna-gana-terreno-ante-el-repliegue-humano-por-el-coronavirus.html.









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