Mariela Arrazola Bonilla
Luego del fenómeno de marketing generado por las exposiciones de Leonardo Da Vinci y Miguel Ángel, que en su mayoría eran un conjunto de textos manuscritos y copias, o como se dice en el argot académico para que suene con más caché, réplicas o atribuciones, de las obras de los artistas del Renacimiento italiano, el gobierno federal y la iniciativa privada la vuelven a hacer. Esta vez se trata de la recreación en tamaño original de la Capilla Sixtina, con un costo de casi 50 millones de pesos.
La política cultural es clara: se busca la recreación de las grandes maravillas europeas y se esperan hordas de visitantes. Los organizadores han planeado abarrotar un espacio de 78 metros de longitud por 36 de ancho con 2000 personas por hora, en grupos de 500 cada 15 minutos. Como si la mera contemplación trascendiera en algo más por sí sola. Obvio es: el espectáculo mediático del 2 x 1 consiste en apreciar las pinturas del techo de la capilla y la construcción.
Los datos históricos
Es bien sabido que las pinturas fueron encargadas a Miguel Ángel, quien muy a su pesar las elaboró a costa de sacrificar su tiempo y relegar su pasión escultórica a un segundo plano. Sacrificio que le valió la gloria eterna en la historia del arte occidental, mejor expresada por Goethe, quien al verlas dijo: “estoy tan seducido por Miguel Ángel, que hasta la naturaleza me parece insípida…” La creación del hombre (hacia 1510), uno de los frescos que se encuentran al centro de la capilla y que mide 280 x 570 centímetros, es sin duda la imagen más reconocida como obra de arte por la mayoría de las personas a las que se les muestre.
La capilla también es por sí misma un recinto importantísimo en la historia cultural. Su construcción comenzó en 1475, por encargo del papa Sixto IV y terminó en 1483. La capilla fue dedicada a la Virgen de la Asunción. El proyecto es obra de Baccio Pontelli, quien uso parte de las estructuras medievales que daban pie a la Capilla Magna que la antecede.
La política de la copia
En una encuesta que realizamos a usuarios de museos, notamos que la gente en su mayoría está marcadamente a favor de que las instituciones culturales traigan copias de las obras maestras. El argumento a favor es la cuestión económica, pues los encuestados consideraron que era preferible ver copias ya que la mayoría de los mexicanos nunca podrán ver las originales.
Ahí está el error: en que la mayoría de personas no logra preguntarse por qué está tristemente condenada a desplazarse sólo dentro de la corrupta realidad de sus fronteras nacionales. En vez de que este tipo de espectáculos masivos nos hagan reprochar al Estado su falta de acción ante la pérdida del poder adquisitivo (76.3% en 25 años) agradecemos nos traigan los símbolos inalcanzables que nos recuerdan nuestro colonialismo.
Twitter @MarielaArrazola









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