Roberto Martínez Garcilazo
En el año 1946, la Universidad Nacional Autónoma de México publicó Epistolario, de Manuel José Othón. Es una edición con glosas, esquema, índices y notas de Jesús Zavala (1892, San Luis Potosí-1952, Ciudad de México).
Jesús Zavala, como Othón, fue licenciado en derecho y juez. Tuvo a su cargo el juicio y la sentencia absolutoria de Jorge Cuesta (director de la revista Examen) y Rubén Salazar Mallén (autor de la cuestionada novela Cariátide), acusados del delito de ultrajes a la moralidad pública. Como se sabe, en 1932 “fueron consignados en el único proceso mexicano en que se ha dirimido judicialmente la libertad de expresión literaria” (José Emilio Pacheco, Proceso, 28 de junio de 1986), acusados de utilizar y publicar “malas palabras” (cabrón, cachuchazo, padrote, nalgas, pendejo, qué chingados, pedo, me cago, pinche, una madre, jijo de la chingada).
Escribe JEP: “Para su fortuna, el juez era Jesús Zavala, poeta y biógrafo de Manuel José Othón. Zavala pidió opiniones autorizadas antes de dar su fallo y se las arregló para no ejecutar la orden de aprehensión, solicitada por el fiscal Luis G. Corona, que los hubiera conducido, a Cuesta y Salazar Mallén, a Lecumberri.”
Pero regresemos a nuestro libro en comentario. Epistolario contiene la correspondencia de Othón con Juan B. Delgado, quien fue poeta, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y diplomático.
En la página IX de la sección llamada “Glosas”, misma que funciona como estudio preliminar, Jesús Zavala, al referirse al ex libris de Othón, escribe: “En la portada de los Poemas rústicos se encuentra impreso un triángulo equilátero, en cuyos lados se leen estas palabras: Verum, Pulcrum, Bonum. (…) En la carta fechada el 8 de diciembre de 1901, Othón afirma que el triángulo en el centro tiene una cruz sobre un sol que flamea, lo cual representa a Jesucristo, el verbo eterno de Dios que es el foco de todo lo que hay de inteligencia en el hombre. Es mi lema para todo lo que yo he escrito y escriba.”
Llama la atención la singular filiación estética de Othón: considerado modernista, su axiología es neoclásica. Otro dato digno de meditarse es su valiente declaración de catolicismo que en aquella sociedad positivista de 1902, como en la nuestra del “racionalismo burgués industrial y anti romántico” (Nicolás Gómez Dávila), era mirada con hipócrita desconfianza.
Howard Gardner, en La enseñanza de las virtudes en el siglo XXI, inquiere: “¿Cómo distinguir la verdad de las pseudoverdades de los medios de comunicación masiva; cómo juzgar la belleza cuando el establishment cultural la considera una virtud anticuada; y cómo distinguir lo bueno de lo malo, cuando la moralidad está politizada?”
Porque el cinismo y la vulgaridad están de moda, la lectura de Othón es pertinente. Recordemos sus palabras, reaccionarias y admirables: “El arte es religión, el arte ha sido y debe ser impopular e inaccesible al vulgo.”
Manuel José Othón nació en San Luis Potosí el 14 de junio de 1848 (hace 171 años) y murió, también en San Luis, el 28 de noviembre de 1906 (hace 113 años).
En Puebla numerosas son las escuelas primarias y las calles que llevan el nombre del poeta, no así las cátedras o seminarios sobre su obra.
Pero también en Puebla tenemos datos de una realidad encomiable: el maestro Salvador Cruz Montalvo (fallecido en el año 2012) fue un notable estudioso de la poesía de Othón: sus lecciones sobre el “Idilio Salvaje” dictadas en la Maestría en Literatura Mexicana de la BUAP eran extraordinarias y su libro Memorial othoniano es alta prenda de la poesía escrita en español.









No Comments