La música es una mujer hermosa en su mejor momento,
la música es una fregona cubierta de mugre y suciedad,
la música es una niña
sencilla, dulce, esplendorosa,
de mil años de edad,
fría como la nieve, y también rencorosa.
Sabia y paciente,
buena persona sin igual,
la música es la mujer que siempre quisiste encontrar.
Tan frágil como una flor,
como el pétalo de una rosa,
lo que tú piensas que piensas,
ella sabe que lo sabe.
Un sistema de cintas,
una multiplicidad de ramificaciones
que nacen en su cerebro y llegan a su corazón.
Un millón de tenues facetas.
Y tú muy bien puedes ser
un soso que no está a su altura.
La música es una purasangre bellísima,
un volcán de deseo
que te hacer hervir la sangre
y hasta perder el sentido.
La música es como una mujer
igual que las matemáticas:
es una mujer que nunca falla.
No importa cuánto la conozcas,
siempre hay más que aprender;
una aventura sin fin; cada día parece nueva.
La música es una mujer
de cuyos labios ansías escuchar:
“Nadie me hace sentir lo que contigo siento”.
Pero ya has caído en su trampa,
pues es ella la que siempre te transporta.
La música es la mujer
a quien sigues día tras día;
la música es la mujer
que se sale con la suya.
La chica con los pechos al aire…
Te encanta verla moverse,
pero por mucho que te esfuerces,
no hay nada que hacer con ella.
Cuando no la escuchas,
la añoras desesperado.
Y cuando la abrazas,
sueñas con poder besarla.









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