Fabiola Morales Gasca
La llevó al hotel, después de tres copas. Ni siquiera la besó, la arrodilló frente a él depositando su pene con toda su ansiedad sobre la boca de ella. La frescura de sus labios hizo que vaciara hasta su última gota de semen sobre el pecho de la mujer. Él no se percató de que, a medida de que el esperma se deslizaba entre los senos, una luz azul emanó de la femenina médula ósea, extendiéndose por toda la habitación. La piel de ella se iluminó con tonos del arcoíris; pasó de simple mujer a hermosa hembra. Entonces la vio con lujuria exquisita y la penetró con la más furiosa lentitud, para desintegrarse líquido en el profundo espectro de ella









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