Pablo Manuel Rojas Aguilar
Descubrí la grieta en el muro antes de ir a la cama, creo que fue el martes por la noche. Dado que el edificio es ya muy viejo, no le di mayor importancia; sin embargo hoy, viernes, se ha hecho más grande, incluso se ha abierto lo suficiente para permitir la entrada de mis dedos. Para colmo, en sólo seis días llegará el comprador del apartamento y la inexorable presencia de esa fisura podría determinar su negativa para adquirirlo. Debido a la urgencia de mudarme lo antes posible para cuidar de la salud de mi madre, no me queda más remedio que repararla a como dé lugar.
*
Con torpes manos, realicé una mezcla de cemento, agua y arena, la cual coloqué sobre la pared herida para sanarla. Mientras llevaba a cabo la reparación, me percaté de que la fisura era bastante profunda; y no sólo eso, también era tan larga que parecía partir el muro por la mitad. Supongo que no tengo por qué preocuparme tanto; es decir, sólo debo cubrir la grieta y no importa si relleno completamente o no el hueco. Al fin y al cabo, si se concreta la venta, ya no será problema mío, ¿o sí?
*
Me retiré a la cama, y ya estaba profundamente dormido, soñando tal vez, con aquella muchacha morena que conocí en el colegio, la misma que huía conmigo para darnos placer ocasional. Y yo soñaba que ella tenía puesto un vestido blanco, ceñido a la negrura de su piel, y que me llamaba con su brutal belleza, deslizando su dedo hasta detenerse en el oscuro pezón, rabiosamente vivo, que sobresalía del níveo lienzo. Mientras éste luchaba ferozmente por escapar de su prisión de tela, yo correspondí a su amable gesto, atrapándolo entre mis dientes y también amasando las recias nalgas, redondas, debajo del vestido. Y a palmos iba midiendo las caderas antes de atravesarlas con la furia de mi carne, al tiempo que agradecía al universo por el encuentro magnífico, electrizante, con aquella muchacha que me brindaba placer. Y ya comenzaba a derramarme sobre la piel de la noche, cuando un fuerte chasquido me despertó de manera violenta… Agitado y con una lastimosa erección, me senté sobre la cama y miré alrededor mío con pesadumbre en los ojos, sabiendo, acaso, que no percibiría otra cosa además de la oscuridad y del silencio; sin embargo, cuando volví a tenderme sobre la cama, escuché un crujido en algún punto del apartamento que no supe ubicar…
*
¿Qué es esto? ¿Acaso alguien me ha jugado alguna broma? ¡Imposible! En el apartamento no hay otra persona más que yo. Entonces, ¿por qué desapareció el cemento que yo puse para sellar la fisura? No encontré rastro alguno; es como si yo no lo hubiese colocado nunca… Y no solamente eso, la grieta ha crecido hasta permitir la entrada de mis dos manos y el frío dentro de ella es aun más intenso… —Quizá al expandirse, el muro removió el cemento hasta tirarlo, pensé; no obstante, no entiendo por qué no prevalece ni una sola huella, por ligera que sea, de la pasta que yo coloqué por la tarde…
¡Demonios! Tendré que llamar a un especialista para que solucione el problema.
*
Después de una tarde completa de trabajo, por fin la pared había quedado resanada, lisa; sólo faltaba colocar sobre ella una capa de pintura para así borrar todo rastro de la onerosa grieta. Pagué los honorarios del esforzado trabajador y busqué un bote de pintura que había reservado para emergencias. Deslicé la brocha sobre el cemento ya seco hasta derrotar la fastidiosa absorción de pintura. Noté la diferencia de color entre el área que había trabajado y el resto de la pared, por lo tanto, no me quedó más remedio que pintar todo el muro.
Ya pasada la media noche, culminé el trabajo y me dirigí hacia mi alcoba para dormir como un niño, bastante satisfecho, por haber resuelto el problema que me oprimía.
A pesar del estado letárgico en el que me encontraba, un chasquido me despertó. No estaba soñando esta vez. Abrí los ojos, sólo para notar la oscuridad que me envolvía. Pasaron unos cuantos segundos; entonces, despacio, me fui quedando dormido, hasta que un frío atroz, acompañado de una vibración intensa, fue infundiéndose en mi persona… Asustado por esa extraña sensación, salté del colchón para encender la luz de mi lámpara y así disipar el tétrico sobresalto que pretendía dominarme; mi reacción funcionó pero, ¿qué rayos era eso?
*
Preparé una taza de café mientras leía las noticias. Tomé un huevo de la alacena y me di cuenta de que estaba podrido. Tuve que contentarme con un poco de pan con mermelada; empero, cuando di la primera mordida, lo tuve que escupir al sentir entre mis dientes una densa capa de moho…
Salí a comprar algunos víveres y después pasé a la taberna para beber un trago. Noté que la decoración de las paredes no era la misma y que también el mobiliario era distinto; no le di mucha importancia, no obstante, se me hizo algo extraño no encontrar a un solo empleado conocido.
*
No sé qué pensar… la grieta… la grieta estaba nuevamente ahí, frente a mis ojos, como una desgracia en el muro, con una sonrisa asimétrica que parecía burlarse de mí, inefable. Por si fuera poco, me percaté de que la pared ya no estaba pintada… ¿Cómo es eso? Yo aún poseía manchas de pintura en las uñas de mis manos.
*
Sea lo que sea, no me derrotará. Taparé la maldita fisura así tenga que rellenarla con todas mis pertenencias.
*
Compré una cinta de fibra de vidrio, abrí la fisura con la punta de una espátula, retiré el polvo que había quedado y coloqué la banda a lo largo de la pared. Usé una mezcla de yeso como aglutinante, con la cual saturé toda la grieta; no dejé un solo espacio vacío, incluso dejé que ésta sobresaliera del muro, a manera de alto relieve. Me quedé toda la tarde observando cómo secaba la pasta y ahí permanecí mirando hasta que llegó la noche. Antes de retirarme a mi habitación, dejé una gran cantidad de yeso húmedo en el suelo, acaso para evidenciar los pasos de algún intruso. Luego me fui a dormir.
*
Esta vez, no escuché ruido alguno. Así que pude conciliar el sueño sin interrupción.
*
A la mañana siguiente me levanté muy descansado, aunque con un leve dolor en las rodillas. Temeroso, me asomé a la habitación donde solía yacer la grieta y me percaté de que ésta se hallaba sellada, tal como la había dejado la noche anterior. No pude evitar apretar mi puño y esbozar una sonrisa.
Con evidente regocijo, miré mi rostro en el espejo del baño y me percaté de que mi barba estaba bastante crecida y descuidada, incluso canosa: ¿será que las preocupaciones me están envejeciendo? Abrí la regadera para tomar un baño y el agua se demoró en salir; entonces, raspé con las uñas los orificios tapados por el sarro hasta que por fin ésta brotó de golpe, emanando un olor desagradable, como aquel que despiden los jarrones de los cementerios. Cuando sentí el asqueroso líquido deslizándose sobre mi cara, salté fuera de la ducha, resbalándome hasta caer y golpear mi cráneo… Quedé inconsciente, no sé por cuánto tiempo. Abrí los ojos y el agua ya había dejado de escurrir. Trastabillando, me puse de pie hasta chocar con el jade que mi madre me había regalado para la buena fortuna y noté que estaba seco. Sin que esto en verdad me importara, pasé junto a la habitación donde se encontraba el muro reparado y, esto no puede ser, volví a ver la grieta… la maldita grieta que yo había reparado una y otra vez más.
¿Qué está pasando aquí?
*
Llamé a un viejo amigo para que atestiguara este imposible hecho, pero su número telefónico ya no existía. Busqué a Margarita, la muchacha morena de mis sueños, la cual me informó que se había casado y que tenía ya dos hijos; no quise preguntar más por ser prudente, no obstante, nuestros encuentros no habían terminado hace mucho, si acaso hace dieciocho meses. Tal vez ya se encontraba embarazada la última vez que nos vimos.
No tenía a quién más recurrir, salvo al trabajador que había cubierto la fisura hace unos días; lo busqué incansablemente pero jamás pude contactarlo. Salí del apartamento y no encontré los lugares que yo solía frecuentar. El bar ya no yacía donde siempre, en su lugar estaba una confitería. No reconocí a nadie en las calles, salvo al barbero que se veía bastante acabado, como si el feroz paso del tiempo lo hubiese arrastrado de golpe.
*
Un crujir estrepitoso emanó de entre la grieta. Me acerqué, pues, movido más por el ineludible pudor estoico que por convicción propia. La fisura había crecido considerablemente y también era más álgida y tenebrosa que antes. Ingresé una extremidad de mi cuerpo en ella y no pude tocar su fondo… ¡El muro no puede ser tan grueso! Cogí el mango de una escoba y lo empleé como extensión de mi brazo a fin de alcanzar mi objetivo… tampoco lo conseguí. Desconcertado, arrojé en aquel hueco la escoba; corrí por los desechos de la cocina y los vacié ahí dentro; después, ingresé papeles de mi antiguo trabajo, libros sin tapas, instrumentos, lámparas, objetos de marfil, dos vasos, semillas, pañuelos, sábanas y todo lo que tuve a mi alcance… todo se desvaneció entre las sombras, como las almas precipitadas al inframundo. ¡Era imposible! Me asomé por la grieta y no pude ver cosa alguna, era como si me hubiesen colocado un velo en los ojos. Encendí una lámpara para disipar las penumbras, pero éstas eran imposibles de penetrar. ¿Qué clase de espacio maldito es éste? Exasperado, cogí un mazo para golpear el muro y seguí golpeándolo hasta derrumbarlo, hasta que las piedras se esparcieron como proyectiles entre la habitación. Entonces, la cavidad logró expandirse con su negrura.
Deshaciéndome entre la propia humedad de mi sudor, solté el martillo para admirar el noctívago hueco en la pared: parecía la entrada al mundo de los muertos. Até una cuerda para ingresar, como si se tratara de un pozo. Desplazando las penumbras con la tenue luz que llevaba en la mano, avancé hasta que se terminó la soga; después, seguí caminando. Al parecer, no había manera de atravesar el muro, era como si aquel hueco no tuviera fondo, como si esa oscuridad, esa dimensión, estuviera en el espacio sin estar en el espacio… No obstante, continué caminando, no sé por cuánto tiempo más hasta que, por fin, vi un destello de luz a lo lejos. Me acerqué lo más rápido que pude, sólo para notar algo que no puede tener explicación racional… Me vi a mí mismo examinando la grieta por fuera de la pared… Era imposible, ¡pero sí!, vi mi propio reflejo, mi propio rostro con mi propia mano tratando de alumbrar el espacio; vi la salida de la grieta, que era al mismo tiempo la entrada; vi el término de mi recorrido entre las sombras, el acechante cristal que duplicaba el terror de mis pupilas, cada gesto de mi rostro, los movimientos que yo ejercía, cada espacio de la casa multiplicando ahí dentro, o ahí fuera; cosa de magia que me cercena, asechándome, prolongando la fatídica suerte de un hombre que ya no comprende las leyes físicas del universo…
Se dibujó una gran mueca en mi rostro y salí de aquel maldito lugar.
*
Pienso, si aún me es lícito pensar, que nunca estuve solo entre esos muros, entre esa única cara de la grieta que ha hecho añicos mi racionalidad.
*
Dada la ausencia del comprador, llegué a casa de mi madre, sólo para recibir la noticia de que había muerto hace seis años. —La muerte la sorprendió tejiendo a la mitad de la noche, me dijeron. Nadie fue capaz de acompañarla durante su agonía.
*
¿Seis años?
*
Desde aquella visita a ese hueco infernal, ya para mí todo es noche.









No Comments