Mariela Arrazola Bonilla
Bien dicen que al pueblo pan y circo, y eso es lo que simbólicamente representa la decadente Feria de Puebla. Pero hay de circos a circos.
Para la inauguración, los organizadores atinadamente seleccionaron a un reggetonero apodado “Bad Bunny”, excelso ejemplar de la venida a menos masculinidad latinoamericana contemporánea, esa para la que la mujer no es más que una bacinica donde dejar ir la furia, quizás provocada por su frustración edípica. Le comparto la letra:
“Ahora tengo otras que me lo hacen mejor, si antes yo era un hijue’puta ahora soy peor, hoy se bebe, hoy se sale, ser bueno y fiel ya de nada vale, tirando billetes adentro del putero, pa’l carajo el amor verdadero, yo sólo pienso en hacer dinero. Hoy te lo vo’a meter completo hasta que te llegue a la pelvis, quiero fumar y darte hasta el amanecer, pide que te lo eche adentro del ombligo, si ya tú sabes quién soy yo, el hombre que te rompió, en toas las poses te dio” (Bud Bunny, “Soy peor”).
La cereza del pastel: los toros y las peleas de gallos. Es curioso leer que la versión anterior de la Ley de Protección a los Animales establecía: “En toda exhibición o espectáculo público o privado… en el que participen animales vivos, debe garantizarse su trato digno y respetuoso…”
No obstante, nuestros obtusos legisladores, sin consulta ciudadana alguna modificaron esta ley, en la que se avientan la puntada de asentar que: “La tauromaquia, la charrería, las peleas de gallos… no se considerarán infracciones a la presente Ley…” Claro retroceso en materia de bienestar animal en el estado de Puebla.
Los toros, no son cultura. No son, ni han sido ni serán reconocidos como patrimonio cultural de la humanidad y al respecto la Unesco, encargada de emitir dicha declaratoria, ha tenido la última palabra. Dentro de la lista del patrimonio cultural inmaterial/intangible (PCI) de España no figura la tauromaquia.
Esa salvajada no será considerada patrimonio cultural por el hecho de que para que algo sea declarado PCI debe ser compatible con los derechos humanos, con el respeto mutuo entre comunidades, grupos e individuos y de desarrollo sostenible. Esta exigencia ética no es reductible al mérito estético o la importancia simbólica para la comunidad a la que pertenece.
Además, el documento Intangible Cultural Heritage (Unesco), indica que debe ser respetada la decisión de aquellas comunidades que rehúsen que una de sus prácticas culturales sea considerada patrimonio de la humanidad. Así, aunque algunos la propongan como tal, mientras otros no lo hagan, no habrá declaratoria. Este espectáculo demuestra claramente que es capaz de distanciar y dividir a la gente de una comunidad y por ello no es patrimonio cultural de la humanidad, ni aquí ni en China.
Otra prueba de la aversión que esta práctica provoca en el mundo se ilustra con el hecho de que las ONU, ha URGIDO a España, a través del Comité para los Derechos del Niño, prohibir la asistencia de los infantes a este espectáculo y dicen: “los niños deben ser protegidos de los efectos negativos de esta práctica”.
La tauromaquia, y cito, “constituye una forma de extrema violencia de la que los niños deben ser protegidos”. El comité monitoreó 55 escuelas taurinas en España y mostró su preocupación por el nivel de violencia ahí generado. Siendo el reporte final que: “Para prevenir de los dañinos efectos de la tauromaquia en los niños, el comité recomienda que el Estado prohíba la participación de niños menores de 18 años tanto como toreros así como espectadores de estos eventos.”
Pero mientras el mundo cambia y evoluciona, Pueblita, la que llaman Smart City, se conforma con reggetoneros que vierten su odio y miseria contra la mujer en el palenque y espectáculos animales calificados de formas de extrema violencia.
Como si no tuviéramos ya bastante.









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