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La doble hélice, la historia más allá de la ciencia

· julio 24, 2020

(CTS)

 

CTS es un espacio dedicado a trabajos de Ciencia, Tecnología y Sociedad, donde tendremos contribuciones de estudiantes del Doctorado Transdisciplinario de Ciencia y Tecnología para el desarrollo de la Sociedad del CINVESTAV, cuya difusión al público es relevante y significativa para lograr un mayor entendimiento de la relación ciencia-sociedad-historia.

En esta ocasión, presentamos un ensayo de una estudiante de ese posgrado.

 

 

[1]

Dinorah Hernández Melchor

 

El ácido desoxirribonucleico (ADN) es una molécula donde los organismos almacenan su información genética. Esta molécula está compuesta por cuatro tipos de unidades llamadas nucleótidos, las cuales se alternan entre sí y forman una estructura similar a la de una escalera de caracol. La combinación de letras es precisa y permite codificar instrucciones, en forma de genes, para que los organismos puedan sintetizar a las proteínas, moléculas encargadas de controlar y ejecutar todos los procesos que hacen posible la vida.

Esta información es sumamente valiosa y ha permitido entender cómo se transmite la herencia biológica entre generaciones, dando lugar a importantes proyectos –como el Proyecto del Genoma Humano–, a través de los cuales se han logrado innumerables avances en diferentes campos del conocimiento.

Sin embargo, la ciencia, al ser una actividad humana, no es “plana” sino un proceso tridimensional que va más allá de los descubrimientos meramente científicos. Es el resultado de las intervenciones entre los actores, por lo que es un objeto de estudio para la sociología de la ciencia al que se le pueden hacer preguntas para entender su funcionamiento como institución social, como propone Robert Merton, y comprender los procesos socio-antropológicos que integran los procesos sociales y cognitivos a su alrededor, a través de los cuales se estructuran las comunidades científicas. En este sentido, en la década de los cincuenta existían en el Reino Unido dos grupos de investigadores trabajando en elucidar la estructura de ADN, con enfoques metodológicos y objetivos diferentes.

James Watson y Francis Crick trabajaban en investigar la función genética del ADN en la Universidad de Cambrige. Para ellos, conocer la estructura del ADN era un medio para entender cómo se transmitía la información genética, de modo que abordaron el problema desde un enfoque predictivo mediante el cual buscaban ensamblar la información disponible sobre la estructura del ADN para construir un modelo hipotético. Crick era un físico muy creativo, mientras que Watson era un ambicioso biólogo norteamericano, joven, y recién llegado a Inglaterra; esta dupla tenía cualidades complementarias y una gran afinidad de caracteres.

Por otra parte, los cristalógrafos Maurice Wilkins y Rosalind Franklin trabajaban en el King’s College, en Londres, para dilucidar con alta precisión la estructura del ADN utilizando la difracción de rayos X. Franklin era una experta en cristalografía por difracción de rayos X formada en el Laboratoire Central des Services Chimiques de l’Etat en París. Fue invitada a trabajar en el proyecto para elucidar la estructura del ADN por el físico John T. Randall, entonces director del King’s College de Londres, como parte de un equipo interdisciplinario de físicos, químicos y biólogos lidereado por Wilkins. La relación entre Wilkins y Franklin no inició de la mejor manera y surgió gran enemistad entre ellos desde el inicio de la colaboración, considerando a Franklin como un técnico especialista en lugar de como investigadora independiente, para lo cual había sido contratada.

Al reconocerse como colegas, e influenciados por la cercanía geográfica, los cuatro investigadores compartieron información y debatieron entre ellos los avances de cada uno. Hacia finales de 1951 Franklin presentó un seminario con sus avances y señaló errores químicos y estructurales en el modelo de Watson y Crick durante el proceso de revisión entre pares. En 1952, Franklin obtuvo la famosa foto 51 del ADN,[2] en la cual claramente de demostraba la forma de doble hélice de la molécula en cuestión. En enero de 1953, Wilkins mostró a Watson y Crick la foto 51 sin el conocimiento o consentimiento de Franklin. Esta evidencia les permitió relacionar todos los elementos que habían acumulado y, para mediados de ese año, construyeron el modelo que resolvería la estructura del ADN, publicando el 25 de abril de 1953 el descubrimiento a través de un artículo en la revista científica Nature,[3] reconociendo únicamente que el trabajo fue “estimulado” por los resultados experimentales no publicados del grupo de King’s College. Meses después, en el mismo número de la revista, se publicaron los artículos de Wilkins, Stokes y Wilson, y Franklin y Gosling, donde se presentaba dicha evidencia experimental, además de otro artículo de Watson y Crick ampliando la explicación del modelo.

El descubrimiento de la estructura de la molécula del ADN ha sido un parteaguas en la historia de la ciencia, tanto que mereció el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1962 únicamente a Francis Crick, James Watson y Maurice Wilkins “por sus descubrimientos sobre la estructura molecular de los ácidos nucleicos y su trascendencia en la transferencia de la información en los sistemas vivos”.[4] Este premio es otorgado por la Real Academia de las Ciencias de Suecia y es el galardón internacional más importante que se otorga de forma anual para reconocer a personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones, descubrimientos o contribuciones notables a la humanidad en el año anterior o en el transcurso de sus actividades. Entre las tres conferencias de los galardonados se citaban 96 referencias, pero ninguna de ellas era de Rosalind Franklin.

Watson y Wilkins han relatado esta historia en sus libros The Double Helix: A Personal Account of the Discovery of the Structure of DNA (1968) y The third Man of the Double Helix (2003), respectivamente. Lamentablemente, Rosalind Franklin falleció en 1958 a causa de cáncer de ovario, sin oportunidad de contar su versión. No fue hasta que autoras como Ann Sayre (Rosalind Franklin and DNA, 1975) y Brenda Maddox (Rosalind Franklin; The dark lady of DNA, 2003) denunciaron el sexismo dentro de la élite científica en Inglaterra, buscando reivindicar a Franklin con el crédito que sus aportaciones merecen. Desde entonces, esta controversia ha sido objeto de estudio de historiadores y sociólogos de la ciencia.

Las controversias siempre han formado parte de la historia de las ciencias. Una controversia de la biología en el siglo XX que bien vale la pena explorar es la que se encuentra alrededor del crédito sobre el descubrimiento de la estructura de la también llamada “molécula de vida”. Así, alrededor de la doble hélice del ADN se pueden identificar cuatro puntos importantes que son objeto de los estudios sociales de la ciencia: 1) la creatividad en la investigación a través del estudio de diferentes formas de abordar un problema, 2) la importancia del trabajo colaborativo, 3) las implicaciones éticas en la investigación y 4) la gran brecha de género que existe en la ciencia. A partir de la propuesta de Bruno Latour en se analizarán los últimos dos puntos.

Latour, acertadamente, propone que “en la historia de las ciencias no resulta tan fácil separar vencedores o vencidos”. En este sentido, es posible identificar los elementos que hacen de esta historia una controversia: adversarios, orden del día común con los puntos conflictivos, pruebas determinantes, jueces aceptados e historiadores independientes que buscan dar explicaciones a la controversia.

Además, en la misma línea de análisis, los cuatro tipos de historia que propone Latour también pueden ser esbozados.

Primero, la historia descubrimiento es aquella en la que únicamente se cuenta que el científico “descubre lo que siempre existió”. Así, este tipo de historia nos relata la aportación que se realizó al conocimiento y cómo el elucidar la estructura del ADN ha permitido innumerables avances en diferentes áreas del conocimiento.

Segundo, la historia condicionamiento considera elementos extra-científicos que condicionan los descubrimientos. En ésta, vale la pena considerar que la mala relación que existía entre Wilkins y Franklin, aunada a cómo la atmósfera machista que se respiraba entre la comunidad científica inglesa a mediados del siglo XX impidieron que Rosalind Franklin recibiera el crédito que merece por su contribución a tan importante aportación al conocimiento y los posibles avances, que, de haberla incluido en el desarrollo del modelo, se pudieron haber hecho en ese periodo.

Tercero, en la historia formación se explica cómo la ciencia se acomoda como un proceso histórico y, por lo tanto, social. En el descubrimiento de la estructura del ADN, la historia formación considera la historia de los científicos, el ser un tema de interés en su contexto en el cual las relaciones entre los actores influyen.

Finalmente, la historia construcción considera a los tres tipos anteriores, pues acepta que la historia es un proceso que se construye considerando diferentes variables científicas, políticas, económicas, socio-antropológicas e incluso elementos no humanos, es decir, considera la incertidumbre que siempre está presente en los procesos históricos.

En la controversia abordada en este escrito, las diferentes evidencias científicas presentadas por los diferentes grupos y discutidas entre los pares, la cercanía geográfica de los actores, la famosa foto 51 de Rosalind Franklin que fue herramienta para amalgamar las diferentes teorías, las implicaciones éticas de cómo se compartió la información y se llevó a cabo la colaboración, las relaciones interpersonales que facilitaban o dificultaban la generación del conocimiento y la evidente desventaja de Franklin debido a la brecha de género existente en la ciencia, forman parte de la historia construcción propuesta por Latour y aplicada en el descubrimiento de la estructura del ADN.

En esta historia salen a la luz cuestiones de la práctica científica real independientes del descubrimiento científico: los aspectos éticos en la colaboración científica y las posibles dificultades que tuvo Franklin por el hecho de ser mujer en la ciencia de esa época.

A través de este acontecimiento, más allá de mostrarnos que el conocimiento se construye a partir de evidencias, que la creatividad en la investigación permite realizar avances en la frontera del conocimiento y que existe más de un método para llegar al mismo descubrimiento, pone en evidencia dos aspectos meramente humanos que nos invitan a reflexionar sobre la indisolubilidad entre la sociedad y la ciencia, a valorar el papel de la colaboración entre pares y la importancia de la ética en la investigación para realizarlo, y más aún, a reconocer la brecha de género que existe en la comunidad científica, la cual hace que, hasta hoy en día, el simple hecho de ser mujer limite las oportunidades el medio.

Conocer y reconocer los desafíos que enfrentan las comunidades científicas, más allá de la ciencia subyacente y retos técnicos en sus investigaciones, los modos de producción del conocimiento y la importancia que tienen los estudios sociales de la ciencia son indispensables para entender a ésta como un objeto de estudio y no solo como una caja negra de la cual emana conocimiento.

 

Referencias.

Acevedo-Díaz, J. A., & García-Carmona, A. (2017). Controversias en la historia de la ciencia y cultura científica. Apice, 1(1), 116-117.

Kreimer, P. (1999). De probetas, computadoras y ratones: La construcción de una mirada sociológica sobre la ciencia. Universidad nacional de Quilmes.

Latour, B., & SERRES, M. (1989). Qui combat? Les hommes ou les choses? Pasteur et Pochet: hétérogenàse de l’histoire des sciences. SERRES, M. Éleménts d’histoire des sciences. Paris: Bordas, 423-46.

Téllez Bárdenas, F. (2006). Mujeres en la cristalografía.

Tobin, M. J. (2003). April 25, 1953: three papers, three lessons.

 

[1] Elaborado como parte de las actividades del módulo “Historia Social de las Ciencias” de la Unidad Temática II del Programa de Doctorado Transdiciplinario en Desarrollo Científico y Tecnológico para la Sociedad, impartido por el Dr. Ismael Ledesma.

[2] https://mujeresconciencia.com/2014/05/09/el-caso-de-rosalind-franklin/

[3] Watson, J. D., & Crick, F. H. (1953). Molecular structure of nucleic acids: a structure for deoxyribose nucleic acid. Nature, 171(4356), 737-738. Disponible en http://dosequis.colorado.edu/Courses/MethodsLogic/papers/WatsonCrick1953.pdf

[4] https://www.nobelprize.org/prizes/medicine/1962/summary/

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