Mariela Arrazola Bonilla
Este jueves 20 de junio comenzó formalmente el proceso de transición entre el gobierno interino de Pacheco Pulido y Luis Miguel Barbosa. El pasado fin de semana el gremio cultural mostró su asombro ante el nombramiento de Vanessa Barahona como responsable de la transición en la Secretaría de Cultura y Turismo. El nombramiento augura lo que todos tememos: un perfil político sin trayectoria en la gestión cultural, destinado a perpetuar las prácticas poco profesionales en el ámbito.
No quiero entrar en el tema de la filiación partidista de la licenciada Barahona, ésa es harina de otro costal. No obstante, su historia no contribuye a su aceptación dentro del polarizado gremio cultural poblano.
Por ello no fue de extrañar la reacción de Juan Carlos Canales, Eutiquio Sarabia y Ociel Mora, quienes señalan que dicho nombramiento es contraproducente y prende focos rojos. En su pronunciamiento han pedido al gobernador electo respetar su promesa de campaña: dejar que la comunidad cultural elija a quien ha de llevar las riendas de gestión cultural pública en Puebla.
Es apremiante un golpe de timón. La administración estatal debe entender que la cultura la hacemos los ciudadanos y el gobierno sólo la facilita. En este tenor debemos sumarnos todos. Requerimos un servidor público con credibilidad en el gremio, con autoridad ética y moral y con la capacidad técnica de administrar el patrimonio del estado. Se requiere un perfil que sume, y que no siga pulverizando la ya muy dinamitada comunidad artística y cultural poblana.









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