Antonio Bello Quiroz
Las diversas culturas, en casi todo momento de la historia, se han sostenido en una idea de inmortalidad, que se mantenía de una u otra forma, lo mismo del alma que del cuerpo, lo mismo por la vía de la reencarnación que por el “vivir” en el inframundo, incluso en diversos mitos donde la muerte no llega. Así ocurría hasta antes de que la modernidad empezara a dictar el orden social. Para el mundo griego, por ejemplo, donde la vida estaba ligada con la preparación hacia la muerte, es por la vía del conocimiento que se puede superar a la muerte. Para las culturas precolombinas, las de Mesoamérica, la forma de morir determina el lugar que se tendría en los distintos mundos. De esta manera, por señalar algo, los que morían en combate, o bien las mujeres que morían durante el parto, irían al Mictlán y acompañarían al sol desde su nacimiento hasta el cenit. Para el judaísmo, es la Fe lo que permite trascender la vida, lo mismo que el amor para el cristianismo. Tenemos entonces que la vida y la muerte se entrelazan en una suerte de continuidad: la vida como preparación para la muerte y la muerte como garante de la vida.
Antes de la modernidad, asentada en el cogito cartesiano, ideas como el carácter anticipatorio del ser para la muerte de Heidegger resultan impensables. Siendo así, la noción de angustia resulta inexistente: sólo adviene con la modernidad donde el sujeto se separa del mundo. La angustia aparece con pensadores como Kierkegaard y el mismo Heidegger o poetas como Rilke.
Pero, ¿qué es la angustia? En principio, tendríamos que diferenciarla de otras dos nociones paralelas: la nada y el vacío. Para algunas filosofías orientales, el vacío está vinculado con lo viviente y en consecuencia con lo pleno, lo más profundamente verdadero e irreductible a cualquier forma. Precisamente el Tao es el vacío sin forma y al mismo tiempo lo que produce todas las formas. El vacío, al ser equiparable con la nada, lo que no tiene medida, resulta ser lo que no puede ser significado.
Sören Kierkegaard, fundador del existencialismo, en su texto El concepto de la angustia, publicado en 1844, señala que la nada engendra a la angustia, sería lo que podría enmarcarla. La angustia para el filósofo danés surge de un fondo de inocencia e ignorancia. La angustia es un elemento psicológico anterior al pecado original. Para este pensador, referente obligado cuando de la angustia se trata, este afecto se presenta en dos formas: de manera objetiva y subjetiva. Esta última es la que acompaña la inocencia del individuo, está asociada con su pecado y por tanto con la culpa. Para Kierkegaard, la relación de la libertad con la culpa resulta en angustia. Según este pensador, el momento de engendrar es donde la angustia está en estado máximo, donde el espíritu tiembla.
Martin Heidegger, según señala Rodolphe Adam en su libro Lacan y Kierkegaard, “le otorgará a la angustia el poder de revelar la existencia misma, relacionándola con el fenómeno de la afectación, interpretada como un modo de ser fundamental del Dasein, como una estructura a priori del estar-en-el-mundo”.
El psicoanálisis es un hijo de la modernidad, surge en ese momento de la historia que se conoce como La Viena de fin de siglo, cuando el discurso de la ciencia se encuentra en su pleno dominio, con la hegemonía del positivismo y sus ideas de progreso en su apogeo; en ese marco, la obra de Sigmund Freud viene a señalar las fallas de la modernidad.
Entonces, para Freud la angustia se encuentra en el núcleo de las neurosis. Desde sus más tempranos trabajos ya le preocupaba al maestro vienés la fuente de la angustia. En principio va a sostener que la fuente es un factor físico, se trata de una acumulación de tensión sexual como consecuencia de que la descarga de la tensión fue malograda. Va a diferenciar entre neurosis de conversión o histeria, cuya excitación es de carácter psíquico, y la neurosis de angustia, cuya excitación es de carácter somática. De esta manera, la angustia corresponde a una tensión sexual somática desviada de lo psíquico.
Estos primeros acercamientos de Freud a la angustia lo llevan a plantear la existencia del término angustia automática, que se refiere a un tipo de reacción que se presenta cada vez que hay un sometimiento a una situación traumatizante, es decir, ante la emergencia incontrolable de excitaciones numerosas e intensas. Por otro lado, el término angustia real (realangst) es utilizado más tarde por Freud (1926) en Inhibición, síntoma y angustia, cuando conceptualiza a la angustia como señal ante un peligro exterior que se presenta como una amenaza real.
Alrededor de 1914 Freud va a plantear un giro en su posición con respecto a la angustia. A partir de su texto Introducción del narcisismo, analizará los efectos de la “libido del yo” sobre la angustia.
Ya en Lo siniestro, texto de 1919, también conocido como Lo ominoso, Freud plantea la angustia como angustia de castración y la relaciona con la muerte. Ahí dice que en el inconsciente la muerte no tiene registro y se inscribe como angustia de castración.
Antes de continuar con este texto, señalemos que la angustia es un estado afectivo y, como ya hemos planteado en los dos primeros tiempos, Freud dice que a mayor represión, más angustia. En el estado adulto, el sujeto ya ha aprendido a tener la libido en suspensión y dicha libido puede salir en lo que conocemos como formaciones del inconsciente, es decir, en sueños, lapsus, entre otros. Sin embargo, el niño tiene la libido depositada en la madre, por tanto si ella desaparece el niño se angustia. De ahí vendría la idea central de Freud que señala la emergencia de la angustia ante la falta del objeto.
De esta manera, es posible pensar en los síntomas de la neurosis como defensas contra la angustia. La idea de la angustia como señal de alarma del yo sería algo que precisamente fortalecería la represión, ya que una señal es algo que está en el campo del lenguaje. Ésta es una propuesta que Freud va a elaborar en el tercer tiempo de su desarrollo conceptual sobre la angustia, que situamos en 1926, en el texto Inhibición, síntoma y angustia.
Con Freud, en conclusión, la angustia es una señal del yo ante algo que puede ser peligroso: la amenaza de castración.








No Comments