Mariela Arrazola Bonilla
El arte de los países árabes, es decir aquellos unidos etnolingüísticamente por el idioma árabe, goza de una admiración legendaria a pesar de la distancia con esta parte del hemisferio occidental.
Su estética es bastante opuesta a la del arte occidental. Por ejemplo, mientras que en Occidente la estructura es fundamental en la obra, para ellos lo principal es la decoración, llena de ritmo y estilización, que la aleja de la copia de la naturaleza. Utilizan para este fin series de patrones o retículas que se repiten y se vuelven complejas a medida que se multiplican.
Otra diferencia fundamental, al menos desde la perspectiva del arte cristiano, es que en la religión islámica Dios se hace palabra, todo es palabra, no carne como en la religión cristiana, y por esta razón el lenguaje es protagonista de la vida del creyente. Por ello la caligrafía, el arte de la escritura bella, es la manifestación artística más importante en esa región del mundo y consiste en el empleo de signos gráficos. Así, la escritura árabe tiene dos funciones: ornamental e iconográfica.
Incluso, la caligrafía no sólo se usaba en libros, sino también en techos y ladrillos de edificios y era una forma de decorar la cerámica. En el siglo VII se desarrolló una caligrafía y un arte del libro iluminado que concedía importancia sobre todo a la distribución equilibrada de letras y a la realización ponderada de cada signo gráfico.
En el siglo VIII, Siria se convirtió en el centro más importante del arte en esa época. Recientemente, en el siglo XX se ha vuelto a conceder mucha importancia a la caligrafía. En los países árabes perdura el interés por emplear formas caligráficas en pintura y escultura y para traducir los signos árabes en un lenguaje formal moderno. Esto se debe a que un valor estético del arte árabe es hacer perdurar la tradición: mientras que en Occidente se trata de innovar, allá el artista debe recuperar, transmitir y hacer vivir la tradición.
El artista sirio Khaled Al-Saai, que expone su obra en el Museo Tecnológico de Monterrey en Puebla, está considerado como uno de los diez mejores calígrafos del mundo. Su mérito consiste no sólo en recuperar a través de la investigación y la enseñanza los estilos caligráficos del pasado, sino además crear obras con composiciones caligráficas donde mezcla estos signos con pintura para transmitir significados, ofreciendo así la posibilidad de unir las referencias históricas con el presente.
Ganador de varios concursos internacionales, radica actualmente en Dubai y enseña en las principales universidades del mundo. Si bien su nacionalidad siria es un impedimento para que se le otorguen visas, su obra nos llega para el disfrute de este maravilloso arte que pocas veces vemos en México y se vuelve embajadora de una región del mundo duramente castigada por conflictos bélicos.
A través de más de 36 obras, la exposición El arte de las palabras, caligrafía árabe contemporánea, nos muestra una belleza de otro mundo que bien vale la pena admirar. La exposición estará abierta al público a partir del 2 de diciembre y hasta febrero de 2017.

Inner Journey, 2014
Twitter: @MarielaArrazola









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