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Historia de Florencia

· mayo 11, 2016

Niccolò Machiavelli

 

Las cosas que causan temor más por la apariencia que por la sustancia dan mucho más miedo de lejos que de cerca.

*

En nuestros cuerpos, cuanto más tarde aparecen las enfermedades, tanto más peligrosas y mortales son.

*

Los hombres no permanecen jamás en situaciones difíciles salvo que alguna necesidad les obligue a ello.

*

Al querer el pueblo vivir según las leyes y los poderosos imponerse a éstas, no es posible que vayan de acuerdo.

*

Y no [es] prudente el querer ir siempre a por todas.

*

Nunca fue decisión prudente hacer desesperar a los hombres, porque quien no espera el bien no teme el mal.

*

Muchas veces se ha visto a muchos ser vencidos por unos pocos.

*

A menudo […] sucede que si reaccionas demasiado tarde, pierdes la ocasión, y si demasiado pronto, no has hecho suficiente acopio de fuerzas.

*

Los hombres son más lentos en tomar lo que pueden obtener que en desear lo que no pueden alcanzar.

*

[…] como hacen casi siempre los hombres, que cuanta más autoridad tienen, peor la usan y más insolentes se vuelven […]

*

Pero, como las decisiones peligrosas cuanto más se piensa en ellas tanto menos decididamente se toman, ocurre siempre que las conjuras cuya ejecución se retarda se descubren.

*

Encontrar un estado regido por la violencia que tenga un príncipe bueno [es] imposible, porque necesariamente o se volverán parecidos o pronto se destruirán uno a otro.

*

Sólo pueden asegurar su señoría los señores que tienen pocos enemigos, a los que les es fácil destruir con la muerte o con el exilio; pero en el odio generalizado nunca hay seguridad alguna, porque no se sabe por dónde surgirá el mal, y quien a todos teme no puede defender su persona, y quien no obstante intenta hacerlo aumenta los peligros, porque los que quedan se inflaman más en su odio y están más dispuestos a la venganza.

*

¿Habéis considerado cuán […] importante y valiosa es la palabra libertad, que no hay fuerza que la dome, tiempo que la destruya y premio alguno que la compense?

*

Que el tiempo no basta para apagar los deseos de libertad es muy cierto, porque vemos cómo a menudo la reconquistan en una ciudad quienes nunca habían disfrutado de ella, pero que la amaban sólo por el recuerdo que les habían dejado sus padres, y por ello, una vez recuperada, la conservan con obstinación y sin reparar en los peligros.

*

A quien está acostumbrado a vivir libre cualquier cadena le pesa y cualquier atadura le aprieta.

*

[El duque de Atenas] quería la sumisión, no la benevolencia de los hombres; y por eso deseaba más ser temido que amado.

*

Los sentimientos y las reacciones aparecen más violentos y las heridas más graves cuando se recupera la libertad que cuando se la defiende.

*

Se consiguen muchas veces antes y con menos peligros y gasto las cosas rehuyéndolas, que persiguiéndolas con todas las fuerzas y obstinación.

*

Las graves y naturales enemistades que existen entre los hombres del pueblo y los nobles, causadas por querer éstos mandar y aquéllos no obedecer, son la razón de todos los males que surgen en las ciudades; porque de esta diversidad de disposiciones de ánimo se nutren todas las demás cosas que perturban las repúblicas.

*

La mayor parte de los hombres están más dispuestos a conservar un orden bueno que a saberlo encontrar por ellos mismos.

*

El momento nunca [es] enteramente propicio para hacer algo, de modo que, quien espera todas las condiciones ventajosas, o no intenta jamás nada o, si lo intenta, lo hace las más de las veces en perjuicio propio.

*

Quien introduzca un cambio en una ciudad no crea después poder detenerlo a su voluntad o regularlo a su modo.

*

Los siervos fieles son siempre siervos, los hombres buenos son siempre pobres; y no se libran de la esclavitud más que los infieles y audaces, y de la pobreza más que los codiciosos y tramposos.

*

Ni los escrúpulos ni la ignominia os [deben] atemorizar, porque los que vencen, sea del modo que sea, nunca se avergüenzan de ello.

*

Cuando la necesidad aprieta, la audacia se considera prudencia.

*

De un peligro jamás se salió sin peligro.

*

Donde muchos yerran a nadie se sanciona; los errores pequeños se castigan, los grandes y graves se premian.

*

Cuando muchos sufren, pocos intentan vengarse; porque las injurias infligidas a todos se soportan con más resignación que las personales.

*

Cuando uno se ve amenazado con la cárcel, la tortura y la muerte la inacción es más peligrosa que el tratar de defenderse, porque en lo primero los males son seguros y en lo segundo dudosos.

*

La gracia del favor popular se gana y se pierde por cualquier minucia.

*

En nuestros asuntos la demora provoca tedio y la prisa conlleva peligro.

*

[…] habiéndose percatado tarde de lo peligroso que es querer liberar a un pueblo que quiera ser siervo a toda costa […]

*

En las conjuras sucede a menudo que pocos son insuficientes y muchos hacen que sean descubiertas.

*

La fortuna es más amiga de quien ataca que de quien se defiende.

*

La guerra se hace con menor daño, aunque con mayor gasto, en territorio ajeno que en territorio propio.

*

Los hombres [están] por naturaleza más dispuestos a vengar las injurias que a agradecer los favores, porque les parece que el agradecimiento les deparará perjuicio y la venganza utilidad y placer.

*

Los hombres jamás se sienten satisfechos, y una vez conseguida una cosa, no están contentos con ella, sino que desean otra.

*

Quien se contenta con una victoria a medias siempre llegará a más, porque los que quieren arrasar pierden a menudo.

*

A los hombres les mueve más la esperanza de ganar que el temor de perder.

*

La multitud está más dispuesta a adueñarse de lo ajeno que a defender lo propio.

*

Las iniciativas astutas o audaces parecen buenas al principio, pero al tratar después con ellas resultan difíciles y al llevarlas a cabo perniciosas.

*

Los grandes hombres o no se deben tocar o, si se los toca, deben ser destruidos.

*

Siempre ocurre que cuando las autoridades son iguales y las opiniones distintas raras veces se resuelve nada bueno.

*

Suelen los países muchas veces, en sus múltiples vicisitudes, pasar del orden al desorden y luego de nuevo del desorden al orden.

*

No habiéndole concedido la naturaleza a las cosas de este mundo el poder detenerse, cuando éstas llegan a su máxima perfección y no tienen ya posibilidad de subir más alto, es menester que bajen; del mismo modo, una vez han llegado a lo más bajo a causa de los desórdenes, no pudiendo ya bajar más, es menester que suban: así, siempre se desciende del bien al mal y se sube del mal al bien. Porque la virtud suscita tranquilidad, la tranquilidad ocio, el ocio desorden, el desorden ruina; del mismo modo, de la ruina nace el orden, del orden la virtud, y de ésta, gloria y buena fortuna.

*

A los pueblos les perjudica más la avidez de sus ciudadanos que la rapacidad de los enemigos, porque de ésta se espera ver alguna vez el final, de aquélla jamás.

*

De las cosas hechas por necesidad no se debe ni se puede merecer ni alabanza ni reprobación.

*

Aquellas cosas que la necesidad hace prometer también las hace cumplir.

*

No es sabio quien intenta defender una cosa que debe perderse irremediablemente.

*

Raras veces ocurre que las pasiones privadas no perjudiquen las comodidades generales.

*

Entre los hombres que aspiran a un mismo poder se pueden trabar fácilmente lazos de familia pero no de amistad.

*

Al actuar surgen muchas veces ciertas ideas u oportunidades que, de permanecer nosotros inactivos, siempre quedarían ignoradas.

*

Los grandes hombres llaman vergüenza al perder, no al vencer con engaño.

*

La naturaleza de los hombres soberbios y viles […] es ser insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad.

*

Tarda mucho la multitud en estar dispuesta al mal, pero cuando lo está, cualquier pequeño incidente la empuja a él.

*

Quien rompa la paz espere la guerra.

*

Quien ofende injustamente da motivo a los demás de estar ofendidos con razón.

*

No es cosa deseable conseguir un cargo público o un principado gozando de gran estima, porque, al no poder corresponder con las propias obras a aquélla, puesto que los hombres desean más de lo que pueden conseguir, te depara con el tiempo deshonor e infamia.

*

Siempre fue más fácil mantener un poder que, con el correr del tiempo, aplaque la envidia, que crear uno nuevo.

*

Los hombres nunca se lamentan de hacer las cosas que están acostumbrados a hacer, [mientras que] las nuevas, con la misma rapidez con que se toman, se dejan.

*

Muchas veces de un débil principio surgen grandes efectos, aunque los hombres están más dispuestos a seguir una cosa que ya está en marcha que a ponerla en movimiento.

*

[Las conjuras] causan las más de las veces la ruina de quien las promueve y el engrandecimiento de aquel contra el cual se promueven.

*

Casi siempre, cuando el príncipe de una ciudad es objeto de alguna conjura, si no se le da muerte […], cosa que raras veces ocurre, consigue mayor poder, y muchas veces si era bueno se vuelve malo; porque las conjuras con su ejemplo le dan motivos para temer, el temer para defenderse, el defenderse para injuriar, lo que provoca aún más odios y muchas veces su ruina.

*

El mal uso de la libertad ofende a la misma libertad y a los demás.

*

La fuerza y la necesidad, no los documentos y las obligaciones, hacen mantener a los príncipes la palabra dada.

*

Como sucede a menudo donde concurren muchos de igual autoridad, las más de las veces su desunión proporciona la victoria al enemigo.

——

Selección de Francesc Miravitlles del libro Historia de Florencia (1525).

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