Arthur Rimbaud
Todas las monstruosidades violan los gestos atroces de Hor-
tense. Su soledad es la mecánica erótica; su lasitud, la dinámica
amorosa. Bajo la observancia de una niñez, ella ha sido, en múl-
tiples épocas, la ardiente higiene de las razas. Su puerta da a la
miseria. Allí, la moralidad de los seres actuales se descorpori-
fica en su pasión o en su acción ‑¡Oh terrible escalofrío de los
amores novicios sobre el suelo ensangrentado y bajo el hidró-
geno diáfano! Den con Hortense.









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