Fabiola Morales Gasca
Quitamos hojas al calendario con la lentitud de nuestras horas de trabajo; observamos cómo el frío se ahuyenta, las flores abren y alejan la luz monocromática del invierno. El calor invade y marzo se antoja como un mes para irse desnudando a medida que el bochorno avanza. Me gustaría pensar que así como nos deshacemos de la ropa, hombres y mujeres nos podemos deshacer de los prejuicios que limitan e impiden relacionarnos. Durante siglos mujeres y hombres han construido su identidad a través de series de creencias, actitudes y valores que terminan asignando roles y conductas previsibles. Por desgracia, este aprendizaje de identidad de género otorga desventajas a las mujeres y las ha colocado en situaciones de vulnerabilidad.
A principio de los años setenta Elena Poniatowska entrevistó a Rosario Castellanos repetidas veces, meses antes de su nombramiento como embajadora de México en Israel. Cuando Elena llevó parte de dichas entrevistas al editor del diario Novedades, éste se negó a publicarlas. “Ay no, angelito —le dijo Fernando Benítez a Poniatowska—. Deja a las sufragistas por la paz. Aburren.” Las hermanas Charlotte, Emily y Anne Brontë crearon varios libros de novelas y poesía con seudónimos masculinos. Currer, Ellis y Acton Bell fueron usados para ocultar sus verdaderos nombres y ser tomadas en cuenta para publicar. Gregorio Martínez Sierra fue un escritor español del modernismo. En sus inicios al parecer no fue muy bueno en novela y poesía, porque desesperado al no ser aceptado por la crítica y al borde del suicidio, resultó escribir excelentes obras teatrales solo o en coautoría. Gregorio y yo, El ama de casa y Canción de cuna lo llevaron a pasar a la historia literaria. Años después se descubrió que estas piezas teatrales fueron escritas exclusivamente por su primera esposa, la escritora María de la O Lejárraga. Tras la muerte del escritor y por motivos económicos, fue ella misma quien confesó que firmó con su apellido de casada y siguió escribiendo para Martínez Sierra a pesar de tener años de separados. Cartas halladas muestran los continuos anuncios de que “María mandará más textos” y confirman que ella fue la única autora.
Historias como éstas nos hacen pensar en injusticia o desigualdad. Por fortuna, vivimos en una época en que se nos permite hacer más visibles las contribuciones de las mujeres y su real protagonismo. Parece que han hallado más espacio para sí mismas. Es bueno pensar que han dejado de ser los objetos de culpa sacados de leyendas míticas como Eva y Pandora para ser reconocidas como seres participativos de la sociedad que habitan. Montaigne advertía hace siglos: “Es más fácil acusar a un sexo que excusar al otro”, y contemplaba la manera injusta el papel asignado a ellas. “Las mujeres no dejan de tener razón en absoluto cuando rechazan las normas que se han introducido en el mundo, tanto más cuanto han sido los hombres quienes las han hecho sin ellas. Naturalmente, entre ellas y nosotros hay intrigas y querellas.”
Aunque se han hecho avances significativos en leyes y costumbres, y se han limado asperezas en “las eternas diferencia entre sexos”, el camino por recorrer aún es largo. La equidad de géneros es algo por lo que luchan las mujeres día a día; aún hay dos tercios del planeta que relegan a las mujeres a condiciones indignas.
La filosofa feminista Elisabeth Badinter reflexiona en varios de sus libros y entrevistas sobre diversos aspectos, que van desde la libertad, la igualdad, la fraternidad de la revolución francesa, al acoso sexual, el instinto maternal, la creación de leyes en equidad, hasta la identidad masculina en nuestros tiempos. Para Badinter es importante la creación de sociedades y leyes equitativas: “Para millones de mujeres, la igualdad de sexos es todavía una esperanza lejana. ¡No hay ninguna razón para bajar los brazos!” También destaca que si bien el feminismo actual es distinto al de las décadas de los sesenta o setenta todavía hay batallas y espacios por ganar: “Una batalla clave de la que depende todo el resto: el reparto de las cargas familiares y domésticas. Es un combate largo y difícil, porque no depende de la ley, sino de las mentalidades y la vida privada.” Apunta que habrá una gran transformación en relación con el pasado cuando se considere el cambio como una elección individual y no como el resultado de los dictados sociales.
Recordemos que la lucha feminista surgió a la par de los movimientos sociales que buscaban mejorar la condición humana de los obreros. Leer la Historia nos hará reflexionar y hacer conciencia sobre los movimientos feministas. Simone de Beauvoir señalaba el cambio a favor de las mujeres y una sociedad más justa a través de una forma de vivir individual y una manera de luchar colectiva.
Cada uno de nosotros es parte activa de una sociedad que exige equilibrio; por ello nuestra participación debe ser abierta, franca y positiva. Hombres y mujeres construimos por igual. Debemos buscar la equidad y trascender las altas cifras de violencia contra las niñas y mujeres. Este tipo de violencia atenta contra las familias, la comunidad y el país.
Alteridad, Otredad y Empatía son conceptos que ayudan a reflexionar sobre la identidad y equidad de género. Yo los llamaría “granos de mostaza”, que a manera de parábola, como se usó en la Biblia, son semillas tan pequeñas que, puestas en fértil tierra, se vuelven enormes y con las ramas tan grandes que las aves pueden cobijarse bajo su sombra. Cada mujer, cada hombre aporta su enseñanza a la siguiente generación y por eso corresponde hacer nuestro mejor trabajo. Ser empático ayuda. Instruirse, no juzgar y sembrar conocimiento de paridad ayuda. Desnudar nuestras ideas ayuda. No hay nada más difícil que vernos a nosotros mismos frente al espejo sin prejuicios. Que el calor deshaga los tabúes y convencionalismos para construirnos en una mejor sociedad.









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