Felipe Polleri
Ángel de gozo lleno, ¿sabes lo que es la angustia,
la vergüenza, el remordimiento, los dolores,
de esas horribles noches cuyos vagos terrores
el corazón oprimen como una seda mustia?
Ángel de gozo lleno, ¿sabes lo que es la angustia?
Ángel de bondad lleno, ¿sabes lo que es el odio,
los puños que se crispan, las lágrimas mortales,
cuando alza la Venganza sus voces infernales
y se hace Capitana de nuestro territorio?
Ángel de bondad lleno, ¿sabes lo que es el odio?
Baudelaire, dijo, vio a un ángel. A un ángel desnudo y alado. Salía del burdel de Madame X, cuando el ángel se presentó frente a Baudelaire. Los ángeles son repelentes, pero Baudelaire no apartó la cara. No, dijo. Baudelaire lo miró y, de rodillas, le pidió que rogara por su alma sucia y pecadora. Baudelaire sólo le pidió al ángel, lleno de gozo, sus plegarias. Los ángeles son repelentes. Imagínense, dijo, una cara sin las arrugas de la mezquindad, la codicia, el odio, etcétera, etcétera. Sin las huellas del frío, el hambre, el abandono, etcétera, dijo. Sin la grietas de la envidia, etcétera. La cara de un ángel es tan monstruosa y repelente, tan inhumana, dijo, inhumana, inhumana, como la de una comadreja o una mosca.
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Fragmento de la novela del mismo nombre (La inocencia y Gran ensayo sobre Baudelaire, Tusquets, México, 2015).









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