Fabiola Morales Gasca
Sentada frente a la orilla del mar, una astilla de espuma se le enterró en el pie. Trataron de quitársela, pero todo fue inútil. Una gangrena marina se apoderó del pie, de la pierna, siguió subiendo hacia el torso, la cabeza y finalmente al cabello castaño. Terminó siendo océano con la mirada llena de melancólicos atardeceres.









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