Antonio Bello Quiroz
El pintor Francisco de Goya y Lucientes es un amalgamasador: conjunta lo trágico y lo grotesco, la luz y la oscuridad; es, a un tiempo, pintor de la Corte y también transgresor de la forma pictórica. En cada impresión, en diversos momentos de su vida, nos deja ver con antelación lo que Sigmund Freud más tarde habría de enseñar: una obra de arte es un enigma.
Goya inaugura la modernidad en la pintura. Introduce en su obra el mundo interior; se trata, en ese sentido, de un autor original en tanto que origina y fundamenta una época. Hay que decir que Goya usa una doble fase: se trata, por un lado, de un pintor de la Corte (una imagen donde se muestra como gris, sumiso al poder), mientras que por el otro se nos muestra como un ser humano inconforme con la vida de carencias que la época impone.
Su vida no fue para nada fácil. Es el hijo número seis de una madre depresiva, con un matrimonio frustrado y la muerte de la mayoría de los hijos. Con una vida marcada por la persecución por parte de la Inquisición, por más que se tratara de una persecución sui generis en tanto que no es por ideas religiosas sino por una obra: La maja desnuda.
Las vivencias de la batalla contra la Inquisición quedaron plasmadas en la serie de grabados conocida como Caprichos. En 1793 en España son tiempos de imaginería, suspicacia, control y dominación eclesial; eran tiempos de brujas.
Precediendo al psicoanálisis, Francisco de Goya se interesa por el mundo de los sueños, esos que producen monstruos. La soledad, la oscuridad y el silencio serán plasmados en cada una de las obras del pintor en esta época. Goya retrata una dimensión subjetiva muy particular: el miedo. El miedo que experimentamos, nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, sin duda es heredero de ese miedo irracional de los tiempos de Goya.
Su mundo cambia radicalmente en la medida en que se va quedando sordo, se vuelve interior, pinta el silencio, lo que no se deja escuchar intenta dejarlo ver: nos muestra lo sórdido de lo humano, lo no escuchado de la condición humana. En ese sentido también se anticipa al psicoanálisis, que se inventará dando voz a lo que no se escucha de la histeria.
Goya no es sordo de nacimiento, a los 46 años deviene sordo, quizá por una sífilis (una enfermedad tan común en su época) o producto del contacto del plomo utilizado en el preparado de sus materiales para la pintura, mal que se conocía como saturnismo, una expresión debida al romanticismo.
Diremos que Goya fue uno de los más avezados precursores de la modernidad en el arte. Desde el arte contribuye poderosamente con la desmitificación de lo humano, aun cuando él no se aleja nunca de la Corte, la aristocracia y la Iglesia. Su vida transcurrió en un momento fecundo y convulso donde la ciencia empieza a derrumbar el poder de la Iglesia, la razón impone el pensamiento laico y con ello acota el poder eclesiástico. Las ideas de la Ilustración, la Revolución francesa y las guerras napoleónicas marcan su vida al dejarle ver atrocidades hasta entonces inverosímiles.
Si socialmente nunca comprometió sus privilegios, en la pintura es un tenaz crítico y revolucionario. La Ilustración privilegia la razón, sin embargo Goya, en El sueño de la razón produce monstruos, nos viene a decir que lo que domina a lo humano es la sinrazón, la crueldad. En este sentido, podemos ver que Goya nos mostrará que lo que anima a lo humano es no la conciencia sino esa otra instancia llamada inconsciente.
Freud hasta 1919 había sostenido que lo que mueve a la vida humana es el principio del placer, regulado por el principio de realidad. Sin embargo, debe reconocer que hay una fuerza más primitiva, indomeñable, oscura, llamada pulsión de muerte. Goya nos deja ver esa fuerza puesta en la crueldad, nos acerca a lo oscuro de la condición humana.
La revolución de Goya en el arte se ubica no en esas pinturas cargadas de oscuridad donde se adentra en lo más aciago de la condición humana, sino en que introduce el deseo en la pintura con La maja desnuda. Tal es la trascendencia de Goya que en nada exageramos si decimos que con él nace el arte moderno, es decir, el arte que no puede ser sin que represente una postura política.
Por esta obra Goya es perseguido por la Inquisición, siendo el pintor de la Corte y la Iglesia. Su obra marca un punto de quiebre en tanto que, ligado al poder, no se limita a lo que es para ir más allá mediante el goce de la creación y la libertad.
Con La maja desnuda se introduce el desnudo a la pintura; la mujer es no sólo objeto de veneración sino ahora también de deseo. La obra nos atrapa, la maja nos mira y hace que el cuadro cumpla con su función, que es, según Lacan, la de ser “un atrapamiradas”.
Goya se nos muestra como un hombre moderno, dividido en su vida y su obra: la libertad de la creación en la sumisión a la Corte y la Iglesia. La oscuridad de la “Serie negra”, donde nos muestra lo más negro de las miserias de la condición humana y el deseo puesto en la mirada de La maja desnuda. Y esta división propia del hombre moderno la muestra sin salvación (y con esto también se anticipa al psicoanálisis), por ello no participa en las revoluciones, hace una pero no para salvarse sino para dar lugar a su deseo.








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