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George Hines Lowery, Amelia Samano Bishop, Emil Witschi, Isaac Ochoterena, and unidentified man, Biological Institute, Mexico City
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Fotografías del viaje por México de un embriólogo poco conocido

· octubre 2, 2020

 

Alejandro Hernández Daniel

 

Al revisar mi página de Facebook, un par de meses atrás, observé con curiosidad la publicación de una imagen que un amigo mío compartió en su cuenta. Se trataba de una fotografía en blanco y negro de San Pedro Cholula, municipio en el que vivo, indicándose que había sido tomada en los años treinta y a tan solo dos calles de mi domicilio. Esta imagen me parecía familiar. Recordé haberla visto por primera vez en una interesante página, DaisyField.com, al hacer una investigación que aún sigue en curso. Fue ahí donde supe sobre al autor original así como el año, mes y día exactos en las que fue tomada. Esta página personal es editada por Thomas Potter, un programador y matemático residente en Tennessee, Estados Unidos. Esto me hizo reflexionar sobre el uso de la fotografía como un documento o testimonio visual histórico.

En Visto y no visto. El uso de la imagen como documento histórico, escrito por el historiador cultural de la Universidad de Cambridge, Peter Burke, y publicado por primera vez en 2001, el autor señalaba que eran relativamente pocos los historiadores que solían consultar e investigar los archivos fotográficos, tratando estos documentos como simples ilustraciones para utilizarlas o reproducirlas sin el menor comentario, remarcando que por lo general su testimonio suele ocuparse para ilustrar puntos o conclusiones a las que el autor ya ha llegado y no para dar nuevas respuestas o plantear nuevas cuestiones. Por otra parte, Burke afirma que no siempre resulta sencillo el estudio de las fotografías, pues la identidad de los fotógrafos a menudo se desconoce y las propias imágenes que originalmente formaban parte de una serie han sido separadas del conjunto, álbum o colección en el que fueron expuestas en un principio.

A propósito del estudio de las fotografías como documentos históricos, John Mraz, historiador e investigador del Instituto de Investigaciones Sociales “Alfonso Vélez Pliego” de la BUAP, en un capítulo de su libro Retratar la Revolución Mexicana. Compromisos e íconos, publicado en 2010, cuestiona el mito de Agustín Víctor Casasola, fotoperiodista y empresario fundador de la Agencia Mexicana de Información Gráfica, donde junto con sus familiares se dedicaba a recabar imágenes de diversas fuentes, por lo que los integrantes de esta familia llegaron a ser conocidos, por muchos años, como “los fotógrafos de la Revolución Mexicana”. Sin embargo, Mraz afirma que una de las prácticas de Casasola era ocultar o no identificar la autoría de las fotografías que formaban parte de su archivo, que habían sido tomadas por otros profesionales de la lente que trabajaron para su agencia, como Antonio Garduño, Samuel Tinoco, Hugo Brehme, entre otros. Esto me llevó a querer saber más sobre el autor de aquella foto de Cholula y volví a buscar una vez más aquella página web.

En DaisyField se encuentra el nombre del autor de la fotografía. Se trata del abuelo materno del señor Thomas Potter, llamado Emil Witschi, que en 1937 realizó un viaje a México. La imagen forma parte de una serie de fotografías que Witschi tomó en su trayecto. Se encuentra también un diario del viaje escrito por él mismo que contiene algunos aspectos documentales de interés, como las anotaciones que hizo sobre los lugares donde las fotografías fueron tomadas, así como algunos detalles técnicos, como la cámara Zeiss que utilizó y las películas o rollos usados, como por ejemplo Panatomic, Super X Plan o Kodachrome, saliendo esta última a la venta por primera vez en 1936 y que, según Thomas Potter, fueron de las primeras fotografías tomadas a color en México. Su travesía comenzó el 11 de agosto en Nuevo Laredo, Tamaulipas, pasando por Monterrey, Ciudad de México, Puebla y Oaxaca, culminando el 9 de septiembre en Coatzacoalcos, Veracruz.

A todo esto. ¿Quién era Emil Witschi? ¿A qué se dedicaba? ¿Por qué vino a México? Al buscar las respuestas a estas preguntas averigüé que fue un zoólogo de origen suizo dedicado a la embriología. Trabajó como profesor de la Universidad de Iowa para después adoptar la ciudadanía estadounidense. Había decidido, junto a un par de acompañantes, recorrer México para recolectar muestras de fauna local durante sus vacaciones de verano. La embriología, disciplina a la que se dedicó Emil Witschi, se enseñaba como parte de los estudios para aquellos interesados que aspiraban a ser naturalistas especializados en zoología, es decir dedicados al estudio exclusivo de los animales antecedentes a la consolidación de la profesión de biólogo y de la biología como ciencia, teniendo como objeto de estudio del desarrollo desde la fecundación de un óvulo hasta la eclosión o nacimiento de un nuevo organismo. Esta disciplina tuvo varias tendencias de pensamiento en la historia hasta posteriormente ya siendo parte de la biología tuvo lugar un cambio conceptual y de explicación de los fenómenos de la vida al integrarse con otras disciplinas como la genética, evolución y ecología, en lo que en la actualidad se le conoce y enseña ya no con el nombre de embriología sino como Biología del Desarrollo.

Emil Witschi era originario del cantón suizo de Berna. Tenía como objeto de interés la investigación de los mecanismos de diferenciación y desarrollo sexual, queriendo conocer por qué algunos embriones eran destinados a madurar en machos o hembras. Obtuvo su doctorado en zoología por la Universidad de Múnich, Alemania, en 1913. Defendió su tema de tesis sobre la diferenciación sexual en ranas. Su asesor fue Richard Hertwig que, junto a su hermano mayor Oscar Hertwig, fueron conocidos por ser alumnos destacados de Ernst Haeckel, defensor y propagandista de las ideas de Charles Darwin en Alemania.

Como estudiante en el laboratorio de Richard Hertwig, Witschi conoció y trabó amistad con el entonces asistente de Hertwig, el zoólogo alemán estudioso de la genética y también de la embriología, Richard Benedict Goldschmidt que llegaría a obtener el puesto de director del Departamento de Biología del Instituto Kaiser Wilhem, en Berlín; para después, en 1922, invitar y contratar a Witschi como investigador de dicha institución. En una reciente publicación titulada El eclipse del antidarwinismo. La historia detrás de la síntesis moderna, Carlos Ochoa Olmos hace mención de que Goldschmidt fue conocido por sus críticas dirigidas a la ortodoxia de la teoría sintética de la evolución, lo que le valió el repudio, desprestigio, censura y burla por parte de los defensores y arquitectos de esta propuesta teórica, como Ernst Mayr y Theodosius Dobzhansky, y permaneció como un personaje olvidado por muchos años dentro de los estudios de historia de la biología en general se refiere.

Después de su estancia en Alemania, Witschi conseguiría trabajar en laboratorios de universidades estadounidenses, como Chicago, Yale, y Berkeley, en California, al lado de especialistas en embriología como Herbert McLean Evans, Ross Granville Harrison y Frank Rattray Lillie, gracias a becas de estudio otorgadas por la Fundación Rockefeller. Tanto Harrison como Lillie estuvieron vinculados al Laboratorio de Biología Marina de Woods Hole, en Massachusetts, que en aquel entonces comenzaba a convertirse en un centro de élite en investigación sobre embriología.

Witschi publicaría, en 1956, Development of Vertebrates an embryology textbook, publicitándolo en la revista Science el 13 de abril de ese mismo año, que se convertiría en un texto referente en su disciplina, llegando a ser citado en libros de texto como el clásico Introducción a la Embriología de Boris Ivan Balinsky así como Biología del Desarrollo del historiador de la ciencia Scott Frederick Gilbert –lectura obligada en la formación de cualquier biólogo y que, por cierto, supe se encontraba disponible en el acervo de la biblioteca de la Facultad de Ciencias de la UNAM. Por desgracia no pude consultarlo debido a que al momento de buscarlo y verificar con el personal, se reportó como extraviado. Como un dato llamativo, para la portada de la séptima edición del libro de Gilbert, se tomó un dibujo hecho por Witschi indicando que él se había formado en el Instituto de Arte de Múnich antes de graduarse como zoólogo y que, hasta la aparición de la fotografía en color, la formación artística era importante para aquellos que elegían dedicarse a la embriología en aquellos años.

El círculo de amistades de Emil Witschi incluía también al zoólogo alemán Viktor Hamburger, con quien visitaría la casa-museo de Charles Darwin en 1958. Hamburguer, junto a Conrad Hal Waddington, uno de los pioneros en la consolidación del paso de la embriología a la biología del desarrollo, subrayó la ausencia de la embriología en la estructuración teórica de la Síntesis Evolutiva. Además, Hamburger trabajó al lado de dos científicos ganadores del Premios Nobel, primero al buscar adquirir su doctorado asistiendo al laboratorio de Hans Spemann, en Freiburg, Alemania, quien obtuvo el reconocimiento en 1935. Y luego como profesor de Rita Levi-Montalcini, científica italiana ganadora de la misma distinción en 1986. Es decir que es sugerente pensar que Emil Witschi se mantuvo a la vanguardia al estar vinculado con importantes círculos de connotados especialistas en su campo.

Resulta por demás interesante que, al indagar e investigar documentos visuales como las fotografías que Witschi capturó, nos aproximen a averiguar más sobre su trayectoria científica o la historia de una disciplina, como lo fue la embriología; o incluso proporcionen, a veces, la única evidencia existente, como el establecimiento de lazos o redes sociales entre científicos. Thomas Potter menciona en DaisyField que la parte más importante del viaje de su abuelo es a partir de su travesía por el estado de Oaxaca, al tener que internarse por terrenos agrestes. No obstante, algunas de las piezas fotográficas de la colección resultan tener cierto interés para la historia de la biología en México. Por ejemplo, el sábado 14 de agosto de ese mismo año de 1937, en la Ciudad de México, Witschi visitó el Instituto de Biología, entonces ubicado en las orillas del lago de Chapultepec, y tomó cuatro fotografías, retratando en ellas a su director, el atlixquense Isaac Ochoterena Mendieta, y a Amelia Sámano Bishop.

Esto tal vez no fue un acontecimiento fortuito debido a que uno de los intereses de Ochoterena era la embriología. Fue el fundador de la cátedra de esta disciplina en la Escuela Nacional de Medicina en 1918, además de conocer y citar constantemente en sus libros de texto, Lecciones de biología (de 1922) y Tratado elemental de biología (de 1932), los trabajos de Richard y Oscar von Hertwig. Como ya se mencionó antes, Richard fue profesor de Emil Witschi, en Múnich. Por otra parte, en lo que se refiere a Amelia Sámano Bishop, Witschi la identifica como estudiante y asociada de neurología, tal vez porque en aquel año fue coautora, junto a Isaac Ochoterena, en la publicación de dos textos en los Anales del Instituto de Biología que hacen alusión a ese campo: Los corpúsculos de Pacini y El órgano de Eimer en el hocico del armadillo. Sin embargo poco después, en 1939, se inició como profesora en la cátedra de Embriología Comparada, impartiéndola hasta 1976. Fue becaria por de la Organización Mundial de la Salud entre 1952 y 1953, para realizar estudios posdoctorales en las universidades de Edimburgo, en Escocia, y Bruselas, en Bélgica, ofreciéndosele incorporarse a los equipos de trabajo de Conrad Hal Waddington y del propio Witschi, ofertas que ella rehusó.

Emil Witschi falleció en 1971 y no suele ser identificado en círculos científicos actuales. Tal vez haya más científicos como él, cuya vigencia fue sepultada con el paso del tiempo; e incluso algunos con vida que pudieron o haber dejado o poseen documentos históricos visuales, como las fotografías igualmente fascinantes que están a la espera de ser estudiados.

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