David Baizabal
Los erópteros son criaturas quisquillosas más que interesantes, hacen un rito de apareamiento siempre distinto cuando encuentran a un nuevo individuo, sea de su misma especie, de otro género o de otra clase. Basta con un leve resplandor de verdad para que su pareja en turno se convierta en un temible depredador y vuelen despavoridos buscando refugio, o que emigren hacia cualquier dirección y se instalen en un rincón igualmente árido o cubierto de musgo. Los erópteros, confiados en la comodidad aparente de su nuevo hábitat, ríen cantan besan y emiten sonidos inauditos que reflejan una suerte de felicidad instantánea. El instante, sea dicho de paso, es el momento más largo del ciclo vital de los erópteros.









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