Daniel León Islas
Como sombra, he pasado tropezando entre mundos a través de múltiples existencias, siguiendo la estela de una conexión profunda con la vida.
Por primera vez me doy cuenta que la humanidad se hace acompañar de espíritus hambrientos, envuelta de venenos mentales surgidos del ruido atroz de una urbe en decadencia.
Percibo plenamente la llamada de un amor bondadoso, que combina con la vibración de un mantra y el sonido del viento.
Camino atento, escucho las palabras vacías de aquellos atormentados que piensan que avivándolas pueden obtener una recompensa prodigiosa.
No hay objetos terrenales capaces de silenciar esta mente, negada a descifrar el secreto de paz, que yace en cada individuo para liberarse de su depresiva realidad.
Me postro, elevo una plegaria y dejo al silencio brotar de entre la compasión, deseando fervientemente no volver a renacer.









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