Gerardo Lino
Freud fue uno de los amoríos de Lou Andreas-Salomé —no al revés, como suelen consignar los historiadores amachinados—, más o menos igual que lo fue Nietzsche, Rilke y otros. Con la designación “amorío” evitaré entrar en detalles que no vienen al cuento de esta nota: no importa por el momento especificar qué clase o tipo o espécimen de relación afectiva fue de verdad, si amorosa con sexo o sin él, si amistad pura, si free… como hubiera sido: fue afectiva.
He aquí un poema que Lou le escribió a Sigmund en las postrimerías de su relación. Su delicadeza de miras revela esa hondura con que esta mujer fascinó a varias de las mentes agudas de hace cien años, además, por supuesto, de la claridad de su lenguaje poético —casi un mero ejercicio salido del cariño y del sentido de realidad.
Para esta versión me basé en la traducción que Alejandro Venegas ejecutó para el libro Mirada retrospectiva, de Lou Andreas-Salomé.*
Ruego fúnebre
Cuando yazga en el ataúd
—una chispa ya extinta—,
acaricia mi cabellera
con la mano que amo.
Antes de poner en la tierra,
lo que tierra ha de ser,
sobre mi boca, que has amado,
dame otra vez tu beso.
Piensa igual: en tal caja extraña
sólo estoy de mentiras,
¡pues en tu vida entró la mía!
y ya soy toda tuya.
——
* Alianza Tres, Madrid, 1980. (Hay edición de 2005, Alianza Literaria.)









No Comments