Constantino Kavafis
Olvidado entre las hojas de un viejo libro
—de quizás unos cien años—
encontré una acuarela anónima.
Debió ser la obra de un poderoso artista.
Su título: “Representación del Amor”.
“… amor de extremada sensualidad” habría sido más acertado.
Porque se veía claro al mirar el trabajo
(era fácil adivinar lo que el artista tenía en la cabeza) que el joven allí pintado
no estaba destinado a aquellos
que aman de forma más o menos sana,
en los límites de lo claramente permisible…
con sus profundos ojos castaños,
la extraña belleza de su rostro,
la hermosura de su equívoco encanto,
con esos labios ideales capaces
del placer sensual en el cuerpo amado,
esos miembros ideales hechos para camas que la común moralidad llama vergonzosas.









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