David Bretón
Por si fuera poca la mediocridad de las políticas culturales del gobierno del estado de Puebla y la del ayuntamiento de la capital, lamentablemente ahora debemos sumar la displicencia —por no decir más— con la que nos encontramos en el llamado Museo del Tec, perteneciente al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), el cual en sus orígenes y hasta hace unos dos o tres meses constituía una alternativa para visitar y, en su caso, admirar propuestas estéticas de creadores poblanos, nacionales y extranjeros.
Es evidente que la escena cultural en Puebla sufre una grave crisis debida en gran parte a la falta de profesionalización. Ésta se nota, por ejemplo, en la “importación” de personal para cubrir las plazas laborales en la Secretaría de Cultura y Turismo (SCT), como si los poblanos carecieran del mínimo profesionalismo o talento para realizar lo que realizó la administración estatal anterior. También se nota en la permisividad ante la ignorancia de la anterior responsable del Instituto Municipal de Arte y Cultura (IMACP) y la barbarie de grupo con la cual parece administrarse hoy.
La escena cultural en Puebla, entonces, sufre una grave crisis, y los museos universitarios no son la excepción.
Tomen las siguientes palabras a manera de denuncia de la política cultural de una institución que se pretende de excelencia en lo académico y en lo cultural. En últimas fechas la calidad de las exposiciones del Museo del Tec de Monterrey deja ver poco cuidado en su museografía. Aunque el museo abrió más espacios expositivos, éstos lucen de muy baja calidad, con iluminación descuidada, mobiliario de corriente, falta de señalética y orientación, hasta encontrarnos con paredes cayéndose a pedazos.
No está de más referir que, como ejemplo, la exposición de la Bienal Interamericana de Diseño (BID) fue anunciada con bombo y platillo a finales del año pasado. Ahora, en realidad sólo se encuentran a la vista un montón de objetos sin ton ni son, que por sí mismos son interesantes, pero su colocación descuidada y sin discurso los hacen ver lo mismo: un montón. Igual sucede con objetos en el patio colgando que en salas de abajo y arriba.
Es una experiencia inenarrable observar que incluso se ocuparon las cocinas del lugar para montar obras, dejando ver tubería y campanas de cocina viejas. Ciertamente, la experiencia es confusa.
Otra cosa lamentable es ver las obras del artista poblano Alejandro Teutli despegándose de la pared y otra despegándose del marco. Si así es el cuidado de las obras… ¿En qué momento el Tec de Monterrey perdió el rumbo?
Vale el afán de mi denuncia, pues antes el museo daba espacio a artistas locales y alumnos del ITESM y ahora se exhiben máquinas de Olivetti, una penosa continuación de las exposiciones de propaganda de otros países que vimos el año pasado bajo la gestión de Anel Nochebuena en el IMACP.
Al preguntar por los responsables del adefesio los guardias de seguridad refirieron que ahora el museo es de la Escuela de Arquitectura del Tec y que el licenciado Marco Lampugnani no está casi nunca. ¡Vaya!

Interior del Museo Tecnológico de Monterrey: Rutas de evacuación.

Falta de yeso en pared de galerías.

Objetos de la BID y mobiliario del museo en el mismo espacio.

Obra de Alejandro Teutli maltratada.

Pieza despegándose de la pared.

Marco Lampugnani, líder del Museo Tec de Monterrey.









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