Pablo Manuel Rojas Aguilar
¿Lo has visto?
Está en el umbral del estudio escondido entre las sombras.
Nunca podrás mirarlo bajo otras circunstancias; casi siempre detrás de las puertas, en la oscuridad.
Anoche salí del dormitorio para ir al baño y el resplandor de sus ojos, como un viejo sol atravesando la oscuridad de las sombras, paralizó todos mis músculos por un instante, cuando me fue dado verlo, tan nítido, asomándose desde la habitación de los huéspedes.
Es inofensivo por completo, al menos eso parece. Ha estado en casa cerca de tres meses y nunca hemos tenido altercado alguno con él. Aunque le he hablado a Karen sobre esos humeantes ojos, similares a seis llamas ardientes, que parecen incendiarse en un extraño color violeta.
No sabría decirte con certeza cómo llegó aquí; sin embargo, una noche de diciembre escuchamos una ráfaga de viento ingresando con bastante vigor por la puerta principal, al tiempo que un olor a carbón apagado inundaba nuestra casa.
A partir de ese momento comenzamos a mirarlo entre estos muros.
No siempre es visible. Es como si pudiera decidir cuándo puede uno mirarlo y cuándo no. Además, su figura es cambiante: algunas veces su piel es dorada y escamosa, con sutiles manchas oscuras como las del ocelote; otras, parece dibujarse en su rostro una franja negra que atraviesa hasta su cuello, deslizándose hasta el brillante y salpicado dorso con tintes metálicos; aunque regularmente es una bruma sin forma definida, en cuyo centro se reflejan imágenes que turban mi tranquilidad.
No emite sonido alguno, por tal motivo, es impredecible saber si aparecerá en tal o cual habitación.
Sé que en este momento puede producirte un poco de miedo, pero no tardarás mucho tiempo en acostumbrarte.
Dormirás en la habitación de huéspedes, uno de sus lugares predilectos o, si prefieres, puedes quedarte en el sillón de la sala.
¡Míralo! ¡Está justo detrás de ti!
¿Qué forma te parece que tiene?
*
Karen ha huido de casa, dijo que no quería vivir en compañía de ese supuesto “ser térmico” (así lo ha llamado). Supongo que yo también debería marcharme pero no tengo a dónde ir.
El “ser térmico”, me parece una manera bastante acertada de llamarlo puesto que su cuerpo es etéreo, tenue y flotante; además, los irregulares colores con los que suele manifestarse parecen ser consecuencia de las temperaturas cambiantes en el espacio. Mientras en diciembre dominaban en su aura los colores rojo y amarillo, en abril los tonos oscuros iluminan su perímetro astral. Es como si su fisonomía estuviera determinada por un inexplicable conjunto de fríos y calores articulados.
*
No sé si lo has notado, pero cada vez es menos tímido y se pasea con mayor frecuencia por los pasillos y las habitaciones de la casa. Espero que tú no me abandones como Karen. No sé si podría tolerar vivir con esa presencia yo solo.
¿Que tú también te vas?
Debía suponer que lo harías.
*
Al tiempo que la primavera entra en su madurez, su cuerpo comienza a volverse concreto; es como si el calor, esa sustancia sutil, comenzara a solidificar su atroz forma. Y no sólo eso, ahora emite un agudo sonido que, aunque suave, en las noches se vuelve muy tétrico.
*
Como es costumbre, dejé un vaso con agua en el buró de mi cuarto a fin de tomar mis medicamentos por la mañana. No obstante, el líquido ya no estaba en su recipiente cuando desperté.
Salí de la habitación, con prisa, para evitar alguna crisis derivada por la falta de mi continua dosis y, en el pasillo, me topé con esa cosa (¡a plena luz del día!), invadiendo mi espacio vital. Y yo vi su retorcida lengua lamiendo la pared de aquel inmóvil muro, como para explorarlo. Y el húmedo sonido de ese roce nauseabundo con los tabiques provocó en mí unas intensas ganas de vomitar.
Tuve que regresar por donde vine, no sin perturbarme, para esperar a que se fuera. Cuando por fin culminó su asqueroso experimento sensorial, salí de donde estaba para dirigirme a la cocina: los garrafones de agua estaban secos.
*
Primero era vago, sutil y vaporoso; luego era casi palpable y bebía líquidos; ahora, ¿qué sigue?
*
La temperatura se ha incrementado drásticamente. No sé si se debe a la calidez propia de las fechas o si esa cosa tiene algo que ver con todo esto. Lo cierto, lo terriblemente cierto, es que esa entidad se percibe cada vez más tonificada.
Su nuevo lugar favorito es la habitación que dejó Karen con su partida.
Creo que está evolucionando y eso le ha hecho ganar masa pues ahora escucho crujir los colchones de los cuartos en los que se encuentra.
*
Su forma ya no es un secreto… he podido verla con grandes ojos abiertos… su figura es… es… ¡Ay, no! ¡Ahí viene!
*
Cada día pasa más tiempo despierto y ya comienza a seguir objetos con la mirada, con sus aterradores ojos humeando el mundo. Tengo miedo de encontrarlo de frente y que me mire y que me siga mirando cada vez que yo me mueva, y que después persiga mis pasos para seguir mirándome pues, si eso llegara a ocurrir, yo no sabría qué hacer.
*
Cada vez emite más sonidos y también ya es capaz de sostener objetos y de manipularlos a su antojo. Hoy pude verlo en la habitación de Karen mirándose en el espejo, afilando sus mugrientas y gigantescas uñas con una pequeña lima, mientras canturreaba un tétrico sonido desacompasado.
*
Terrible bestia oscura, se ha cansado de los líquidos. Lo he sorprendido alimentándose de pájaros crudos; aún puedo ver las pequeñas plumas en su boca.
Ahora que sus colmillos (si puede llamarse de esta manera a las navajas que tiene en sus fauces) se han vuelto aptos para comer carne y torcer huesos, ¿será el turno de mi dormida sangre?
*
Ya no puede detenerse. Si bien antes sólo aparecía de manera esporádica en las noches, ahora se manifiesta todo el día; no pasa un solo instante en el que no se le escuche arrastrándose a sí mismo, tumbando objetos por toda la casa. Ha invadido todo el espacio, a excepción de mi propia habitación.
Supongo que tendré que huir de aquí antes de que esa cosa reclame lo poco que aún me pertenece.
*
No lo escuché toda la tarde, así que, poco antes del ocaso, decidí cruzar el pasillo para salir de estos muros. Empero, como si esta cosa conociera mis intenciones, se cruzó por mi camino, inefable, mordisqueando sus propios belfos…
Yo no podía permanecer inmóvil: un impulso eléctrico me recorrió desde el cráneo hasta las piernas para impulsarme a escapar. Me abalancé hacia la salida con toda mi fuerza; sin embargo, sus llameantes ojos se volvieron hacia mí para clavarse en mis pupilas… Quedé paralizado por completo, al tiempo que una hórrida sensación dominaba cruelmente mi ánimo.
¿Qué clase de demonio amenazador es éste?
*
Supongo que no me dejará marcharme. Y no sé si eventualmente me hará daño.
¡Pero no! ¡Él necesita de mí! ¿Cómo volverán a acercarse las aves si yo no las atraigo con migajas?, ¿quién procurará el agua que necesita para existir?
Si su condición de parásito no ha cambiado, no tendré de qué preocuparme pero, si no es así, yo ya no le seré útil y, quizás, querrá deshacerse de mí o devorarme o…
*
Está en cada rincón de la casa y ahora enciende todas las luces y objetos eléctricos para elevar la temperatura del ambiente. El calor es insoportable; no pasa un solo momento sin que los líquidos exuden de mi cuerpo y cada vez hay menos agua en las llaves que beber.
¿Será que moriré deshidratado?
Esperaré sólo esta noche. Ya no puedo permanecer bajo estas condiciones.
*
En la oscuridad de mi alcoba el calor insufrible del ambiente fue aletargando mi cuerpo para desvanecerme sobre la cama. Entonces, una inesperada frescura fue deslizándose sobre mis sábanas, tan sutil, como el agua que fertiliza la noche… Y yo disfruté de la frescura que esa caricia propiciaba en mi ardorosa carne hasta que, de pronto, abrí los ojos al percatarme de que no se trataba de un sueño… Con horror, miré la ominosa figura del ser térmico encima de mi pecho; vi el humo sepulcral de sus desgarbados ojos mientras yo respiraba, con gran asco, su negro aliento de Gorgona.
Quise reaccionar con todas mis fuerzas y arrojarlo lejos de mí pero, inexplicablemente, sólo me dejé llevar por el regodeo de saberme enroscado entre las extremidades de ese ser que me estrujaba, que tiraba su tarascada hacia mis muslos… Y la negrura líquida de su virilidad fue incrustándose en mí, como una cascada rompiendo mi carne entre peñascos
¡Estaba penetrando mis entrañas!
Mezclada su humedad con la mía, fuimos elevándonos al cielo hasta ser el sol, la luna y cristianizaros en un solo ser hecho de frío y calor equilibrados. En tal embelesamiento, estallamos en nosotros mismos para elevarnos más allá de las nubes, más allá de la inmensidad del universo para descubrir el ser andrógino intocado por el tiempo y las adversidades humanas; y así fuimos fundiéndonos con la eternidad, en esa suma imposible de los Otros con Uno mismo, y seguimos elevándonos vertiginosamente hasta que…
El grito de una mujer nos desenroscó. Y yo sentí que me arrojaban desde el cielo para precipitarme, abatido, hasta el suelo…
¡Oh, ser inicuo! ¿Qué me has hecho?
Era Karen, acompañada de unas personas con cuerpos tangibles.
—Pablo, no puedes seguir así, necesitas ayuda.
Pero ya era muy tarde, ya me encontraba en un estado de éxtasis tal que ya no me bastaba este atroz mundo…
¿Será posible que yo vuelva a ser lo que era antes, que mi rudimentaria mente recuperará su capacidad de abstracción para volver a ser un habitante en el mundo?









No Comments