Miguel Samsa
Hay quien considera que Gilbraith K. Chesterton se basó en la figura de Nestóreo Perramus para dar forma al protagonista de El hombre que fue Jueves. Hijo de un integrante del movimiento Ludista, Perramus militó desde muy joven en diferentes grupos socialistas y, posteriormente, anarquistas antes de fundar, junto con un puñado de simpatizantes, la primera comunidad nómada de la historia moderna que deambuló durante algunas décadas a lo largo y ancho de los Alpes, evitando todo contacto con las poblaciones sedentarias, así fueran pequeñas granjas familiares, y subsistiendo de la caza y la recolección.
Pese a los esfuerzos de los estudiosos de su obra, no existen datos sobre la identidad de Perramus. Coinciden tan sólo en que ése fue el nom de plume del personaje. Y se especula que habría nacido en los suburbios de Londres a comienzos de la segunda década del siglo XIX. Fuera de eso, las únicas referencias concretas sobre él es la extensa serie de artículos en periódicos y revistas, así como folletines distribuidos entre grupos sindicales, alrededor de 1845, así como su participación en los acontecimientos que culminaron con la Comuna de París, luego de lo cual —al parecer desencantado ante el cariz que tomaron los acontecimientos— fundó la comuna a la que ya hicimos referencia.
Si bien el carácter propagandístico y fragmentario de la obra de Perramus le da un aparente aire caótico y circunstancial a sus ideas, es posible encontrar las líneas generales que guiaron su pensamiento a lo largo de los años y que lo llevaron a emprender su aventura nómada.
Sus antecedentes familiares sin duda fueron el germen para su férrea oposición a los procesos de industrialización desarrollados a lo largo del siglo XIX. Y si bien durante su juventud Perramus vio en los movimientos socialistas y en el marxismo, incluso, la alternativa para combatir las funestas consecuencias que él veía en la Revolución Industrial, se decepcionó pronto de ellos al descubrir que en modo alguno pretendían devolver a la sociedad a su estadio anterior al desarrollo de las máquinas de vapor, sino utilizarlas para una posible revolución proletaria que diera origen a una sociedad igualitaria y justa.
En los artículos de Perramus es persistente el desdén por los efectos económicos de la industrialización. El autor consideró que el verdadero peligro de este proceso no radicaba en la explotación económica, sino en la merma de las capacidades intelectuales de las personas que implicaba la mecanización de los procesos productivos.
En la medida, aseguraba, que las manos del hombre se vean “liberadas” de los esfuerzos físicos que cada oficio implica, éstas perderán habilidad. Y la mente, alejada a su vez de estos estímulos y abandonada al ocio excesivo, se volverá perezosa y débil. La peor consecuencia que Perramus veía en el desarrollo industrial era la aparición de grandes masas de necios y brutos, alejados del trabajo físico, e incapaces, por ello mismo, de resistirse al ser sometidos por el Estado o los propietarios de los nuevos medios de producción.
La caída de la Comuna de París convenció a Perramus de la imposibilidad de detener el avance de la industrialización. En uno de sus últimos artículos aseguraba que la única alternativa era crear comunidades que vivieran al margen de la sociedad y lograran perdurar, en el más primitivo y auténtico modo de vida, hasta que la industrialización agotara por completo todos los recursos naturales y decayera por sí misma.
Poco se sabe de lo ocurrido en los años siguientes con Perramus y sus seguidores, más allá de algunas noticias dispersas sobre vagabundos en la región alpina y de capturas de vagabundos que vivían en las montañas y que ocasionalmente bajaban a alguna aldea.
Gracias a la ardua labor de investigadores como Francisco Calilegua, Sonia del Alba y Nicola Singer ha sido posible integrar los textos de Nestóreo Perramus en un corpus teórico que empezó a ser publicado hace un lustro por la editorial de la Universidad de Santander, bajo el título de Ensayos políticos completos, cuyos tres primeros volúmenes ya están en circulación.









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