Consultario
  • Ensayo
  • Museo
  • Narrativa
  • Opinión
  • Palimsesto
  • Poesía
  • Teatro
  • Directorio
  • Tendencias
  • e-consulta
barthes-825x510
Ensayo 0

El placer del texto (fragmento)

· noviembre 6, 2015

Roland Barthes

 

Me intereso en el lenguaje porque me hiere o me seduce. ¿Hay en ello una erótica de clase? ¿Pero de qué clase? ¿La burguesa? La clase burguesa no posee ningún gusto por el lenguaje que a sus ojos no es siquiera lujo ni elemento de un arte de vivir (muerte de la “gran” literatura) sino solamente instrumento o decoración (fraseología). ¿La clase popular? En ella encontramos la desaparición de toda actividad mágica o poética: no hay más carnaval, no hay ya juego con las palabras: es el fin de las metáforas y el reino de los estereotipos impuestos por la cultura pequeño-burguesa. (La clase productora no tiene necesariamente el lenguaje de su papel, de su fuerza, de su virtud. Por lo tanto: disociación de las solidaridades, de las empatías —muy fuertes aquí como nulas allá. Crítica de la ilusión totalizante: no importa qué aparato unifica ante todo el lenguaje; pero no es necesario respetar el todo.)

Queda un islote: el texto. ¿Delicias de casta, mandarinato? El placer tal vez, el goce, no.

 

Estoy persuadido que ninguna significancia (ningún goce) puede producirse en una cultura de masa (totalmente distinguible, como el agua del fuego, de la cultura de las masas) pues el modelo de esta cultura es pequeñoburgués. Lo propio de nuestra contradicción (histórica) es que la significancia (el goce) está enteramente refugiada en una alternativa excesiva: o bien en una práctica del mandarinato (alternativa de una extenuación de la cultura burguesa), o bien en una idea utópica (la de una cultura del porvenir, surgida de una revolución radical, inaudita, imprevisible, de la cual el que hoy escribe sólo sabe una cosa: que tal como Moisés no entrará en ella).

 

Carácter asocial del goce. Es la pérdida abrupta de la socialidad, y sin embargo no se produce subsecuentemente ninguna recaída sobre el sujeto (la subjetividad), la persona, la soledad: todo se pierde integralmente. Fondo extremo de la clandestinidad, negro cinematográfico.

 

Todos los análisis socio-ideológicos concluyen en el carácter deceptivo de la literatura (lo que les quita un poco de su pertenencia): en todo caso la obra sería finalmente escrita por un grupo socialmente decepcionado o impotente, fuera de combate por situación histórica, económica, política; la literatura sería la expresión de esta decepción. Estos análisis olvidan (y es normal puesto que son hermenéuticas fundadas sobre la investigación exclusiva del significado) el formidable reverso de la escritura: el goce, goce que puede explotar a través de los siglos fuera de ciertos textos, escritos sin embargo bajo el amparo de la más oscura y siniestra filosofía.

*

**

El lenguaje que hablo en mí mismo no es de mi tiempo; por naturaleza está fijado en la sospecha ideológica; es preciso entonces que luche con él. Escribo porque no quiero las palabras que encuentro: por sustracción. Y al mismo tiempo, este penúltimo lenguaje es el de mi placer: leo a lo largo de las noches a Zola, a Proust, a Verne, Montecristo, las Memorias de un turista, e incluso a veces a Julien Green. Éste es mi placer pero no mi goce. Mi goce sólo puede llegar con lo nuevo absoluto pues sólo lo nuevo trastorna (enferma) la conciencia (¿ocurre esto fácilmente? no lo creo; nueve veces sobre diez lo nuevo no es más que el estereotipo de la novedad).

 

Lo Nuevo no es una moda, es un valor fundamento de toda crítica: nuestra evaluación del mundo no depende ya, como en Nietzsche, al menos directamente, de la oposición entre lo noble y lo vil, sino de la oposición entre lo Antiguo y lo Nuevo (la erótica de lo Nuevo comenzó en el siglo XVIII: larga transformación en marcha). Para escapar a la alienación de la sociedad presente no existe más que este medio: la fuga hacia adelante: todo lenguaje antiguo está inmediatamente comprometido, y todo lenguaje deviene antiguo desde el momento en que es repetido. El lenguaje encrático (el que se produce y se extiende bajo la protección del poder) es estatutariamente el lenguaje de repetición; todas las instituciones oficiales de lenguaje son máquinas repetidoras: las escuelas, el deporte, la publicidad, la obra masiva, la canción, la información, repiten siempre la misma estructura, el mismo sentido, a menudo las mismas palabras: el estereotipo es un hecho político, la figura mayor de la ideología. Por el contrario, lo Nuevo es el goce (Freud: “En el adulto, la novedad constituye siempre la condición del goce”). De esto proviene la configuración actual de las fuerzas: por un lado una chatura masiva (ligada a la repetición del lenguaje) —chatura fuera del goce pero no forzosamente fuera del placer— y por el otro un arrebato desesperado que puede ir hasta la destrucción del discurso: una tentativa por hacer resurgir históricamente el goce reprimido bajo el estereotipo.

La oposición (el cuchillo del valor) no se da necesariamente entre los contrarios consagrados, nombrados (el materialismo y el idealismo, el reformismo y la revolución, etcétera) sino que se da siempre y en todos lados entre la excepción y la regla. La regla es el abuso, la excepción es el goce. Por ejemplo, en ciertos momentos es posible sostener la excepción de los Místicos. Todo, pero no la regla (la generalidad, el estereotipo, el idiolecto: el lenguaje consistente).

 

Sin embargo se puede pretender lo contrario (de todas maneras no sería yo quien lo pretendiese): la repetición engendraría por sí misma el goce. Los ejemplos etnográficos abundan: ritmos obsesivos, músicas fascinadoras, letanías, ritos, nembutsu búdico, etcétera; repetir hasta el exceso es entrar en la pérdida, en el cero del significado. Pero para que la repetición sea erótica es preciso que sea formal, literal, y en nuestra cultura esta rígida repetición (excesiva) deviene excéntrica, desplazada hacia ciertas regiones marginales de la música. La forma bastarda de la cultura de masa es la repetición vergonzosa: se repiten los contenidos, los esquemas ideológicos, el pegoteo de las contradicciones, pero se varían las formas superficiales: nuevos libros, nuevas emisiones, nuevos films, hechos diversos pero siempre el mismo sentido.

En resumen, la palabra puede ser erótica bajo dos condiciones opuestas, ambas excesivas: si es repetida hasta el cansancio o, por el contrario, si es inesperada, suculenta por su novedad (en ciertos textos, las palabras brillan, son como apariciones que distraen, incongruentes —importa poco que puedan parecer pedantes; personalmente me gusta esta frase de Leibniz: “… como si los relojes de bolsillo marcasen las horas por obra de cierta facultad horodeíctica, sin tener necesidad de engranajes, o como si los molinos triturasen el grano por una cualidad fracturante sin necesidad de muelas”). En ambos casos es la misma física del goce, el surco, la inscripción, la síncopa: tanto lo que es ahuecado, revuelto, o lo que estalla, desentona.

 

El estereotipo es la palabra repetida fuera de toda magia, de todo entusiasmo, como si fuese natural, como si por milagro esa palabra que se repite fuese adecuada en cada momento por razones diferentes, como si imitar pudiese no ser sentido como una imitación: palabra sin vergüenza que pretende la consistencia pero ignora su propia insistencia. Nietzsche ha hecho notar que la “verdad” no era más que la solidificación de antiguas metáforas. En ese sentido, el estereotipo es la vida actual de la “verdad”, el rasgo palpable que hace transitar el ornamento inventado hacia la forma canónica, constrictiva, del significado. (Sería bueno imaginar una nueva ciencia lingüística que no estudiase ya el origen de las palabras, la etimología, ni su difusión, la lexicología, sino el progreso de su solidificación, su espesamiento a lo largo del discurso histórico; sin duda esta ciencia sería subversiva, manifestando más que el origen de la verdad, su naturaleza retórica, lingüística.)

La desconfianza con respecto al estereotipo (ligado al goce de la palabra nueva o del discurso insostenible) es un principio de inestabilidad absoluta que no respeta nada (ningún contenido, ninguna elección). La náusea llega en el momento en que el enlace de dos palabras importantes se sobrentiende. Y desde el momento en que una cosa está sobrentendida la abandono: es el goce. ¿Provocación inútil? En la novela de Poe, Valdemar, el moribundo magnetizado, sobrevive catalépticamente gracias a la repetición de las preguntas que le son dirigidas (“¿Duerme Sr. Valdemar?”), pero esta supervivencia es insostenible: la falsa muerte, la muerte atroz, es aquella que no es un término, es lo interminable (“¡Por amor de Dios! ¡Rápido, rápido, hacedme dormir o despertadme! Les digo que estoy muerto”) El estereotipo es esta imposibilidad nauseabunda de morir.

 

En el campo intelectual, la elección política es una detención del lenguaje, es por lo tanto, un goce. Sin embargo el lenguaje retorna su poder bajo su forma más consistente (el estereotipo político). Es necesario tragarse sin náuseas este lenguaje.

Otro goce (otros bordes): consiste en despolitizar lo que es aparentemente político y en politizar lo que aparentemente no lo es. Pero no, se poli tiza lo que debe serlo y nada más.

*

**

Nihilismo: “los fines superiores se desvalorizan”. Es un momento inestable, amenazado, pues otros valores superiores tienden inmediatamente antes que los primeros sean destruidos a tomar el primer puesto; la dialéctica no hace más que ligar posibilidades sucesivas: de ahí proviene la confusión en el seno mismo del anarquismo. ¿Cómo instalar la carencia de todo valor superior? ¿La ironía? La ironía proviene siempre de un lugar seguro. ¿La violencia? Es un valor superior y de los mejor codificados. ¿El goce? Sí, en tanto no sea dicho, convertido en doctrina. El nihilismo más consecuente es tal vez aquel que se enmascara: de una manera interior a las instituciones, a los discursos conformistas, a las finalidades aparentes.

*

**

  1. me confía que no soportaría el desenfreno de su madre pero que sí lo aceptaría en su padre, y agrega: ¿es extraño, no? Bastaría un solo nombre para acabar con su sorpresa: ¡el Edipo! En mi opinión A. está muy cerca del texto pues como el texto tampoco da los nombres o borra los que existen; el texto no dice (¿con qué dudosa intención?): el marxismo, el brechtismo, el capitalismo, el idealismo, el Zen, etc.; el Nombre no viene a los labios, está fragmentado en prácticas, en palabras que no son Nombres. Impulsándose hacia los límites del decir, en una mathesis del lenguaje que no quiere ser confundida con la ciencia, el texto deshace la nominación, y esta defección lo acerca al goce.

En un texto antiguo que acabo de leer (un episodio de la vida eclesiástica relatada por Stendhal) se suceden los alimentos nombrados: leche, tartas, queso a la crema de Chantilly, confituras de Bar, naranjas de Malta, fresas con almíbar. ¿Es un placer de pura representación (sólo experimentado por el lector goloso)? Pero a mí no me gusta la leche ni los alimentos azucarados y me proyecto muy poco en el detalle de estas comidas infantiles. Aquí ocurre otra cosa relacionada sin duda a otro sentido de la palabra “representación”. Cuando en un debate alguien representa algo a su interlocutor no hace más que alegar el último estado de la realidad, lo inmanejable que hay en ella. De la misma manera tal vez el novelista citando, nombrando, notificando la comida (tratándola como notable) impone al lector el último estado de la materia, lo que en ella no puede ser sobrepasado, dejado de lado (aunque no es el mismo caso de los nombres citados anteriormente: marxismo, idealismo, etc.). ¡Es eso! Este grito no debe ser entendido como una iluminación de la inteligencia sino como el límite mismo de la nominación, de la imaginación. En resumen habría dos realismos: el primero descifra lo “real” (lo que se demuestra pero no se ve); el segundo dice la “realidad” (lo que se ve pero que no se demuestra); la novela, que puede mezclar los dos realismos, agrega a lo inteligible de lo “real” la cola fantasmática de la “realidad”: sorpresa porque se comiese en 1791 una “ensalada de naranjas al ron” como en nuestros actuales restoranes: esbozo de inteligible histórico y empecinamiento de la cosa (la naranja, el ron) por estar allí.

*

**

Según parece un francés de cada dos no lee, la mitad de Francia está privada —se priva del placer del texto. Generalmente se deplora esta desgracia nacional desde un punto de vista humanista como si despreciando el libro los franceses renunciasen solamente a un bien moral, a un valor noble. Sería mejor hacer la sombría, la estúpida y trágica historia de todos los placeres objetados y reprimidos en las sociedades: hay un oscurantismo del placer.

Aun si reubicamos el placer del texto en el campo de su teoría y no en el de su sociología (lo que lleva aquí a un discurso particular aparentemente privado de todo alcance nacional o social) sigue siendo una alienación política la que está en cuestión: la forclusión del placer (y mucho más del goce) en una sociedad trabajada por dos morales: una moral mayoritaria, de la mediocridad; la otra, grupuscular, del rigor (político y/o científico). Se diría que la idea de placer ya no halaga a nadie. Nuestra sociedad parece a la vez tranquila y violenta, pero sin lugar a dudas es frígida.

——

Le palisir du texte, Éditions du Seuil, París, 1973. Traducción de Nicolás Rosa.

Share Tweet

admin

You Might Also Like

  • Fronteras infranqueables Ensayo

    Fronteras infranqueables

  • Estudantes-700 Ensayo

    Los excesos de la educación formal moderna

  • veterinario Ensayo

    Veterinarios

No Comments

Leave a reply Cancel reply

Recientes

  • Gorilas en Trova 0

    Tirsso Castañeda: sinapsis y revelaciones

    Abril 20, 2022 / Por Maritza Flores Hernández Rodeado de su obra, el artista plástico Tirsso Castañeda conversa sobre cómo el arte es revelación del yo interior, de ...

    On abril 21, 2022 / By admin
  • teatroprincipal_puebla
    Tinta Insomne 0

    Las calles de Puebla

    Fabiola Morales Gasca (Portada: Teatro Principal de Puebla. Tomada de https://www.mexicoescultura.com/recinto/50387/teatro-principal-de-puebla.html#prettyPhoto) Siempre he amado las calles del Centro Histórico de Puebla. El Teatro Principal fue, durante mucho tiempo, ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • picasso_blue1
    DCTS 0

    Las madres y el otoño

    Márcia Batista Ramos (Portada: Pablo Picasso, Madre e hijo, 1901. Periodo azul)   Divinos misterios trae el otoño, que derrama las hojas en tonos naranjas y amarillentos, precediendo ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • Fronteras infranqueables
    Ensayo 0

    Fronteras infranqueables

    Jorge Escamilla Udave   La experiencia de leer un libro conjuga una serie de aspectos que suelen ser reglas de oro para el lector potencial y los más ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • secesionenmexico
    Las malditas ciencias sociales 0

    ¿Cuántos regionalismos caben en el nacionalismo?

    Cúmulo Obseso / Aarón B. López Feldman   ¿Quién recuerda cuando la nación hace memoria? Jesús Martín-Barbero   Cuando hablamos de nacionalismo y de regionalismo hablamos de la ...

    On noviembre 20, 2020 / By admin
  • Directorio

© 2013 Solo Pine Designs, Inc. All rights reserved.