Jorge Escamilla Udave
En Oaxaca el tiempo parece aleteo breve de palomas.
Los seres humanos estamos hechos de tiempo, por esa razón nos obligamos a cumplir el ceremonial del cierre de ciclos, etapas liminares que son cruce de fronteras, de momentos que se terminan y otros que inician. Las anualidades, por ejemplo, son el ciclo ancestral más recurrente y comunitario, pero más allá de esta democracia temporal aprendida culturalmente, existen ciclos personales que pueden estar fincados en momentos, fechas marcadas por acontecimientos trascendentes en nuestra existencia.
Quiero aprovechar la oportunidad de relatar una experiencia que cierra un ciclo inesperado en mi vida. Hace por lo menos 17 años llegó a mis manos el catálogo de una singular exposición cuyo tema en apariencia tiene temporalidad decembrina, y por su nivel artístico posee la rara cualidad y calidad estética de la atemporalidad; se trata del nacimiento realizado en cera y conocido como Las Palomas, cuya morada definitiva y en exposición permanente se encuentra desde hace cuatro años y con gran fortuna en el Centro Cultural de San Pablo, hermoso edificio conventual —presumiblemente el primero fundado en la Antequera, hoy ciudad de Oaxaca— recuperado y convertido en recinto cultural de gran importancia que le ha valido ser premiado este año (11 de octubre para ser preciso) por el Consejo Iberoamericano de Diseñadores de Interiores A. C. (CIDI) como Obra Emblemática del año de 2016.
Al entrar a la sala de exposición nos da la bienvenida una ficha museográfica en la que podemos leer las inspiradas palabras de Luis Ángel Rodríguez Ruiz, quien nos dice que el Nacimiento de Las Palomas fue:
“Creado por la señora María Bravo de Irabién hace ya más de 74 años, nos muestra cómo el arte popular puede adquirir distintas dimensiones sin perder su carácter tradicional. Para la creación de este singular nacimiento la señora Irabién tuvo que recorrer varias ciudades del Bajío, donde expertos artesanos, como don Clemente Quintanilla y doña Josefina Villanueva le revelaron los secretos que hacen posible transformar la cera en un arte.
”Durante el tiempo en el que vivió la señora Irabién se dedicó con mucho cariño y devoción a crear año con año nuevas figuras para su nacimiento. Formando con el paso del tiempo un total de 140 piezas en cera. Cada una de éstas con detalles extraordinarios que relatan todos los pasajes de la Natividad, creando así una bella tradición familiar, misma que decidieron compartirla con todos nosotros.
”El Nacimiento Las Palomas obtuvo su primer premio en 1951, en el concurso organizado por el periódico Excélsior, dedicado a conservar las tradiciones mexicanas. Y desde entonces ha sido exhibido en sedes de distintas instituciones; una de las más recordadas es sin duda su llegada al Palacio de Iturbide con el apoyo de Fomento Cultural Banamex.
”Su llegada a Oaxaca se dio en 1991, donde se presentó por primera vez en el Centro Cultural Santo Domingo. Pero es en el año de 2012 cuando llega a su nueva casa, esta vez en el Centro Cultural San Pablo, lugar donde por cuatro años consecutivos seguimos mostrándole a Oaxaca y al mundo este memorable nacimiento mexicano que sin duda ya es una tradición que hemos adoptado con mucho entusiasmo, con la finalidad de conservar nuestras tradiciones y sobre todo exaltar esta técnica en vías de desaparecer.”

Luz María Bravo, El camellero (cera), siglo XX.
Fotografía: Édgar Espinoza

Luz María Bravo, Huida de Egipto (cera), Siglo XX.
Fotografía: Édgar Espinoza

Luz María Bravo, Virgen con el niño Jesús (cera), Siglo XX.
Fotografía: Édgar Espinoza
Las imágenes panorámicas que ofrecemos del nacimiento, por desgracia no nos permiten apreciar con lujo de detalles el talento de creación de su confección; no así las imágenes del bellísimo catálogo de la exposición de 1991, que nos invita a realizar el viaje para conocer el conjunto artístico de la representación escénica. Regularmente la escena suele ser breve y efímera abarcando los días consagrados a la Natividad de Jesús, y por ende las instalaciones son estampas desmontables al comenzar el nuevo año. La Natividad de Las Palomas detiene el tiempo para ser apreciada desde lo más profundo del arte en armonía con las pasión religiosa que se sensibiliza en estas fechas y se tiene a flor de piel.
Confieso que al ver por primera vez las piezas tan de cerca, me embargó el mismo sentimiento que asalta a todo aquel que conoce a un familiar visto reiteradamente en fotografías, con la diferencia de que aquí el tiempo se ha detenido, mostrando las piezas con un acercamiento que nos permite apreciar su realización original, sin que el padre tiempo haya producido mácula alguna; no así con la sinrazón humana en la que sí se distingue el paso de los años, como un golpe a las vanidades. Así, el pariente que de tanto verlo en la foto del recuerdo familiar, no alcanzamos a reconocer de frente.
Este motivo sirve de pretexto para hablar de las etapas que culminan y ciclos que se cierran. Para los seres humanos el tiempo nos dicta marcar el adiós definitivo a un año que termina y uno nuevo que comienza en breve. A diferencia, para el Nacimiento de Las Palomas, marca la continuidad de una existencia atemporal que seguirá siendo motivo de exaltación espiritual y estética, además de una experiencia que bien atesorada en la memoria, acompañará a lo largo de la vida a todo aquel que tenga el privilegio de disfrutar la visita al Centro Cultural San Pablo, ubicado en el corazón de la ciudad de Oaxaca.
Les adelanto la forma de acceder a dicho recinto, puesto que los oaxaqueños en general desconocen los sitios de importancia patrimonial, por lo menos esa impresión me causaron al ver su cara de sorpresa cuando preguntaba cómo llegar al hermoso espacio. Apúntelo y no se le ocurra perderse: existen dos accesos por calles paralelas, la de Independencia y la de Hidalgo, conectadas por una callejuela que permite cruzar la hermosa plaza, otrora el espacio atrial del antiguo convento, cuyo edificio alberga al Centro Cultural San Pablo.
Y me despido con la recomendación: que no deje al tiempo la oportunidad de conocer esta maravilla de creación humana, que reta a Cronos con su inmortal existencia.












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