Pablo Manuel Rojas Aguilar
Dicen que las palabras erigen el mundo, el cual puede materializarse al ser apalabrado. Somos lo que hablamos, como dijo Graciela Reyes, somos prisioneros libres y dueños esclavizados de nuestra capacidad lingüística. Desde esta perspectiva, podríamos decir, acaso, que a través del lenguaje se puede determinar el pensamiento de la gente (como ocurre en la novela de Orwell, 1984), más aún si se suprimen palabras que representan conceptos específicos, lo cual nos llevaría a pensar que nuestro lenguaje es el límite de nuestro mundo. No obstante, ocurre de manera contraria, pues hay ideas y sensaciones que rebasan nuestro entendimiento, que irrumpen fugazmente en la memoria y vuelan, dejándonos una sensación que no somos capaces de codificar (tal es la frustración del poeta). Así, sería justo afirmar que el pensamiento rebasa por mucho las formas lingüísticas, que tiene más conceptos que ellas; es decir, la inexistencia de un concepto retratado por una palabra no es impedimento para que las ideas afloren y para que surjan nuevas que lunescan los ojos de quienes las lean. La magia de la palabra sólo es posible si emana del pensamiento, nunca al revés, y cada persona desarrolla uno propio dadas sus circunstancias adversas o favorables.









No Comments