Maritza Flores Hernández
Cada instante es una eternidad o puede llegar a serlo, depende de lo que se mire, atrape o concientemente se deje ir. Como sea, se queda para siempre.
Para esa eternidad disfrazada de pequeños momentos, nadie como Juan José Tablada, quien con poesía dibuja esas brevedades en que la vida se muestra hermosa, pujante, sensual, dramática, chistosa.
¿Alguna vez ha querido guardar un segudo de su existencia?, ¿aquel en el que se sintió pleno?
Arte con tu áureo alfiler
Las mariposas del instante
Quise clavar en el papel (…)
(Juan José Tablada, Prólogo)
Y es que la vida, hecha de tiempos puntuales, requiere de pocas palabras para dejar sus huellas. Tal vez, necesita de un espacio, apenas del tamaño de la cabeza de un alfiler, porque lo que interesa escapa con la habilidad del vuelo de la mariposa.
En breve verso hacer lucir,
Como en la gota de rocío,
todas las rosas del jardín (…)
(Juan José Tablada, Prólogo)
Esto recuerda claramente cuando al frescor del amanecer, a través de una gota de agua (rocío), se explora todo el rosal. La gota hace las veces de una lente de aumento. Sorprende la cantidad de surcos que los pétalos de la tersa rosa custodian. En ellos transita la fuerza de la aurora. Entonces la flor se mueve y nos dice (a Usted también): “estoy viva, igual que tú”. La vibración, ahora, navega permanentemente por nuestras venas.
Taumaturgo grano de almizcle
Que en el teatro de tu aroma
El pasado de amor revives (…)
(Juan José Tablada, Prólogo)
El poeta describe el mayor milagro, el de la entrega de los amantes que, fusionados en uno solo, hacen nacer el suceso extraordinario de la comunión de dos energías. Las que, lejos de consumirse, transformadas en una nueva, impregnan de aromas dulces y suaves todos los sentidos. Sensaciones zalameras y cariñosas que nunca se marchan, resisten.
Parvo caracol del mar,
Invisible sobre la playa
y sonoro de inmensidad! (…)
(Juan José Tablada, Prólogo)
El caracol es diminuto, por eso le dice parvo; tan pequeño que se oculta o se pierde entre la arena. Sin embargo, al hallarlo se revela un mundo infinito: el sonido persistente del océano, con su profunda enormidad de peces, algas y zooplacton. Viene el sabor a sal con el imperecedero romper de las olas; movimiento con el que todo nace y acaba, y de vuelta otra vez.
Como esa luz que se apaga y enciende, tantas y cuantas veces el corazón lo solicita.
Luciérnagas en el árbol…
¿Navidad en verano?..
(Juan José Tablada, Luciérnagas)
Espectáculo nocturno de luces voladoras, animalitos prodigiosos que alumbran la oscuridad. Es la Noche Buena, cuando alrededor del portal de Belén, al pie del árbol, se celebra una de las épocas más felices de la humanidad. Se adelanta el regalo de la natividad cristiana, invariablemente esperado.
¿Cuáles son los instantes que marcaron nuestros espíritus?, ¿de qué modo deseamos acogerlos para que nos vivifiquen?
La palabra poética parece un buen lugar para atesorar esas maravillas.
Juan José Tablada, el poeta y diplomático mexicano, habitante del exilio como muchos de su condición, así lo entendió y, como se dice en las redes sociales, lo publicó y compartió. Y aquí estamos (Usted y yo), participando de los instantes de Tablada.
Llevados de su mano, montados en las formas de haikus mexicanos, rememoramos en versos cortos y discretos, la experiencia de la vida inagotable en el universo.









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