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reloj, lector y escritor
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El futuro es un demonio

· julio 24, 2020

Maritza Flores Hernández

 

Viajar al futuro ha sido una de las ambiciones más grandes de la humanidad. Se teoriza sobre su ubicación, ¿cómo llegar? Si se le alcanza, ¿qué se podría lograr? Si se supieran las respuestas, ¿cuáles serían nuestras decisiones?

El literato mexicano Salvador Elizondo, en su cuento Futuro Imperfecto, propone un juego entre el tiempo, el escritor, la escritura y el lector que lleva a encontrar el sentido y las soluciones a las interrogantes antes hechas.

Todo comienza cuando el propio Elizondo reflexiona sobre el futuro, del cual asegura que tiene una carga retrocesiva y preteritante, lo que en palabras llanas significa: la mirada está siempre puesta hacia el pasado, y el pasado mismo es quien proyecta el porvenir, actúa progresiva y continuamente, anticipándolo, “como si la naturaleza marchara en el sentido inverso del reloj, eso sería suficiente para concebir una literatura que tiene el mismo carácter y alienta con el mismo principio de la máquina del tiempo.”

Da a entender con esto que, si se tuviera una máquina con esas características, bastaría mover la palanca hacia la P (pasado) o guiarla hacia la F (futuro), o regresarla a la A (ahora). En ese caso, serían visibles las cosas que han acontecido, siempre desde el Ahora.

Así que, observaríamos lo que ocurre en 2030 o en 1893, por ejemplo, pero desde este punto que es el hoy, lo que es demasiado simple para ser cierto.

Siguiendo la ruta de sus meditaciones, agrega, al pretérito se le conoce por la experiencia que se tiene de él, porque ya se vivió o ya ha existido; claro, es dable su reconstrucción a partir de la serie de testimonios que las cosas y la literatura de todas las clases proporcionan. Esto, a su vez, permite prever el futuro

Es por ello, que según el autor: “Con relación al futuro todo es a priori o pasado.”

Coincidentemente con estos pensamientos, Ramón Xirau, jefe de Elizondo, le pide estas notas sobre el tema, para el número 36 de su revista Diálogos.

Elizondo, en su calidad de personaje, se da cuenta que la escritura se mueve en ese territorio temporal, definiéndola “como el pasado de la lectura y a ésta como el futuro de aquella. El lector habita en el futuro; es el futuro de un libro y también el instrumento mediante el cual el libro se traslada al pasado y se convierte en una experiencia”.

De esta forma, el lector siempre está en el Ahora, y es a través de la lectura que transita hacia al pasado o hacia el futuro.

Algo así como lo que estamos haciendo todos nosotros (también Usted). Yo redacto en el Ahora; el producto de ello será un texto que habitará en el futuro, o sea hasta que esté terminado para que Usted lo lea en el mañana. Pero cuando Usted lo lee, lo hace en el Ahora; para entonces, esta escritura vendrá del pasado hacia Usted. Ciertamente es bastante simple, a no ser porque se busca la ubicación del futuro y cómo alcanzarlo.

El personaje Elizondo narra que caminó rumbo a la facultad de Filosofía imaginando cómo quedaría el artículo impreso en la revista, incluso visualizó al lector leyéndolo. Con lo que logra hacer representaciones que son prácticamente memoria o recuerdo de algo que en realidad no ha pasado, y sin embargo en la mente ya ocurrió. Por lo que eso que ya aconteció en el futuro, es Ahora pasado.

Enseguida se percató que el lector luego olvidaría lo leído. Buscando un modo de ejemplificar lo que pensaba, ideando otras ficciones para que se comprendiera, suponiendo la escritura que aún no escribía como ya hecha, es cuando convoca al demonio de lo llamado “futuro”, “retrotrayéndolo de ese instante que nunca habrá llegado todavía jamás en el que medra eternamente y fuera del cual no puede existir”.

Justo en ese momento, se aparece ante él, Enoch Soammes, a quien confunde con diversas personas. Soammes se presenta como un ex-apasionado de la investigación bibliográfica. Recita lo que el propio Elizondo venía cavilando y, aunque esto sorprende bastante al protagonista, no lo amedrenta ni le cambia el ánimo. Por último, el sorpresivo personaje le presume que tiene el ejemplar del numero 36 de la revista Diálogos, y le reprocha que en él “aparece un artículo suyo sobre el futuro en el que me llama, entre otras cosas ‘hombrecillo de facciones pajarescas’,”

Elizondo se aviene a prometer que no escribirá el artículo, pero Soammes le responde: “…¿cómo podría Usted desistir de esa empresa que siempre ya está realizada?.. Precisaría que el curso del tiempo fluyera al revés para que todo lo que en estas líneas está escrito se desescribiera…”

Estas palabras confirman las especulaciones del literato: es imposible regresar el tiempo. Haría falta que “la naturaleza marchara en el sentido inverso del reloj”; y la máquina del tiempo definitivamente no sirve para estos efectos, ya que sólo transporta de una temporalidad a otra, pero no regresa el tiempo ni borra el pasado.

De repente, Elizondo reconoce a su interlocutor como el personaje central de una obra llamada Enoch Soammes, autor del libro Fungoides, leyenda rubricada por Max Beerbohm.

En dicho relato, Enoche Soammes es “poeta maldito, había perdido su alma inmortal en las garras del diablo a cambio de poder visitar, durante un rato del año 1893, el salón de lectura del Museo Británico de 1997, con el fin de consultar en el catálogo la ficha dedicada a su persona”.

Al despedirse, Enoche le regala el número 36 de la revista Diálogos, y le confía que espera con ansía que llegue el año 1997.

De suerte que Elizondo percibe que Soammes no vive en el futuro, pues está Ahora hablando con él y él está esperando a que llegue el año 1997. Sintió pena por el encorvado personaje, quien pervivía porque alguien leía la obra de Beerohm.

Elizondo llega a una certeza: Soammes más que ficticio, no es de este mundo. Reforzando su idea inicial, lo futuro conlleva una naturaleza retrocesiva y preteritante, de suerte que todo remite a un antecedente, el que permanece inalterable.

Bajo este contexto, sabemos que desde el futuro no podemos volver al pasado. Además, que cada gesto, actitud o palabra es como la escritura: dada en el Ahora para ser leída en el futuro, por alguien que la creó en el pasado; y sin anticipar el final del cuento, de ser todo esto verídico, si estuviéramos en el lugar de Elizondo, ¿qué haríamos con respecto al artículo y la revista? Y en cuanto hace a uno mismo, ¿cuáles serían nuestras decisiones?

Antes de responder, cabe apuntar que el texto es real: “Futuro imperfecto”, de Salvador Elizondo, se publicó por primera vez en el número 36 de la revista Diálogos, noviembre-diciembre de 1970, que su jefe era Ramón Xirau y que éste sí le pidió un artículo sobre el futuro al autor. Igualmente, sí existe la obra Enoch Soammes, de Max Beerbohm, así como La máquina del tiempo en la ficción de George Wells.

Por cierto, ¿estaría Usted dispuesto a mejorar su conducta de Ahora que, dentro de poco, ya será el pasado?

 

 

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