Consultario
  • Ensayo
  • Museo
  • Narrativa
  • Opinión
  • Palimsesto
  • Poesía
  • Teatro
  • Directorio
  • Tendencias
  • e-consulta
238.4_h
Estación Mental 0

El Don Quijote de Halffter: una ópera quijotesca

· enero 4, 2017

 

Margaret Atwood

 

Celebrar una cosa no significa ser experto en ella. Por eso, aunque me alegro de celebrar el aniversario del maravilloso Don Quijote, debo afirmar que nada de lo que tengo que decir sobre él es fruto del estudio o de un conocimiento o una sabiduría especiales. En lo que concierne a Cervantes, soy una mera lectora; aunque no debería decir “mera”, pues ¿qué serían los escritores y los libros sin los lectores? Así pues, mi contribución no versará sobre la obra en sí, sino que estará centrada en una pequeña parte de la vida póstuma de don Quijote: la sorprendente y atrevida ópera de Cristóbal Halffter que se estrenó en el año 2000 en el Teatro Real de Madrid.

Esta ópera es un episodio más de una extensa saga: la vida de una creación literaria siglos después de que ésta vea la luz. Cervantes emprendió el Don Quijote como un demoledor ejercicio de una violenta carga satírica. El lúgubre y mísero Caballero de la Triste Figura del principio pierde la cabeza a base de leer demasiada literatura sobre caballeros andantes, hasta el punto de cometer muchos y peligrosos disparates y arremeter casi al azar contra los demás, por no hablar del gran número de golpes y patadas que le propinan a él. Pero en el transcurso del libro, el personaje adquiere vida propia. El desgarbado hidalgo pasa de ser una criatura digna de mofa a ser alguien que despierta admiración, compasión y tristeza. En cuanto a Sancho Panza, empieza siendo un campesino tan ignorante y tan crédulo que casi parece imbécil, pero termina la obra como paradigma de la devoción, el amor y la fe.

En las épocas subsiguientes, el hidalgo y su creador han sufrido metamorfosis aún más considerables. Para lectores del siglo XVIII como el doctor Johnson, el ajado caballero no sólo era infinitamente divertido sino, también, una clave para comprender la naturaleza humana; para los románticos, don Quijote era un héroe romántico que corría en vano tras un ideal de belleza; para los realistas, Cervantes fue el primer realista; para los modernistas, fue el primer moderno; para los surrealistas era surrealista y para los posmodernos fue el primer posmoderno. Al parecer, don Quijote se convierte en quienquiera que lo lee.

Existe un libro titulado Dead Elvis que habla de las actividades de Elvis Presley después de su muerte: sus apariciones en aparcamientos, su multiplicación por medio de imitadores, etcétera.

La conclusión parece ser que Elvis se ha mostrado más activo después de morir que en vida. Pero aún se podría escribir un libro mucho más grueso sobre las vidas póstumas, o al menos poscervantinas, de don Quijote. ¡Vaya influencia la del cadavérico caballero! Todos los idealistas combativos —de buen corazón pero algo ingenuos— que han existido desde entonces le deben algo, como se lo deben todos aquellos que persiguen un objetivo, persona o idea deseable pero al mismo tiempo inalcanzable. Don Quijote se ha “abierto camino en la lengua inglesa: quixotic significa “que se esfuerza con noble entusiasmo por ideales visionarios”, y tilting at windmills [Literalmente: arremeter contra molinos de viento] quiere decir “atacar a enemigos imaginarios”, o a todos aquellos a los que uno no tiene esperanzas de poder someter. Su sombra planea sobre el mister Pickwick de Dickens, que, aunque no es delgado, también se lanza a aventuras descabelladas, cae en las garras de la adversidad y cuenta con un compañero campechano en la figura de su leal y humilde sirviente, Sam Weller.

Seguramente, don Quijote y Sancho Panza están presentes, al estilo nórdico, en la película de Bergman El séptimo sello; y hasta revolotean débilmente en los orígenes de Sherlock Holmes y Watson. Allí donde haya un hombre delgado, místico e idealista, con un camarada más corpulento y menos intelectual pero devoto, don Quijote y Sancho Panza nunca son completamente ajenos al cuadro.

Ambos han sido pintados por artistas, modelados por escultores y reconvertidos en ballets. Estuvieron a punto de aparecer en un film de Orson Welles y en otro de Terry Gilliam, de los famosos Monty Python, aunque ninguna de las dos películas se llegó a terminar, en la más pura línea quijotesca. Se venden por internet en formas variadas, incluyendo imanes para frigorífico, pósteres, placas conmemorativas y botas camperas para señora. Han hecho sus pinitos en la comedia musical, como en El hombre de la Mancha, y también han contado con un estilo más serio, pues sobre ellos se ha escrito un gran número de óperas. La última de la lista es la de Halffter, y yo fui lo bastante afortunada como para ver su primera representación. ¿Cómo fui a parar allí? Tengo un amigo español, delgado e idealista, que abandonó España en época de Franco y se convirtió en un psiquiatra especializado en los efectos postraumáticos. Fue él quien puso en marcha el centro para víctimas de la tortura de Toronto.

Y ¿qué podría ser más quijotesco que crear una clínica para tratar a las víctimas de la tortura, en un tiempo en que éstas se multiplican con tanta rapidez que ningún centro puede seguir el ritmo? Nuestro amigo nos convenció de que debíamos conocer Madrid, aunque fuese sólo un poco, si queríamos considerarnos completamente civilizados. Así que mi esposo y yo lo dispusimos todo para pasar varios meses en esta ciudad.

Frente al edificio de apartamentos en el que nos alojábamos, había una estatua a tamaño natural de un hombre sentado en el banco de un parque. El hombre es bastante delgado, de frente alta y nariz aguileña, y está leyendo. Su parecido con nuestro amigo español es increíble, así que al mismo tiempo se parece a don Quijote.

Esta combinación —el hombre delgado, la nariz no precisamente pequeña, el idealismo, el libro…— es una especie de arquetipo en la cultura occidental europea (¿podríamos imaginarnos a un don Quijote gordo, de nariz respingona, analfabeto y cínico?). En algún lugar del árbol genealógico de don Quijote tiene que haber un santo o dos; uno de esos ascéticos del desierto, san Jerónimo tal vez, con su libro, su calavera y su bondad con los seres inferiores, y sus ideales rigurosos, su irascibilidad y su habilidad para meterse en líos. ¿Podría ser Sancho Panza una especie de encarnación del compañero animal, presente en la iconografía de san Jerónimo como su fiel león? Al mismo tiempo también hay algo de san Antonio, eremita que luchaba contra los demonios: don Quijote es un hombre capaz de ver lo que otros no pueden ver, y eso le convierte en un visionario tanto como en un chiflado.

 

Durante nuestra estancia en Madrid nos visitaron dos amigos norteamericanos —ambos escritores, como nosotros— y nos fuimos los cuatro a la ópera, en gran parte porque deseábamos visitar el bello y rehabilitado teatro. Era una excursión quijotesca, pues dos de nosotros no hablábamos español y lo único que se representaba era una obra moderna de la que no sabíamos nada; de hecho, estoy segura de que se nos escaparon muchos aspectos de la ópera. Afortunadamente, el programa —escrito por el propio Halffter— estaba traducido al inglés, lo que nos proporcionó un par de claves. Aun así, no sabíamos qué esperar, como debería ser siempre que se ve una ópera por primera vez.

La obra es más episódica que lineal, pues Halffter eligió tan sólo unas cuantas escenas célebres y las interpretó a su manera. Mientras el público toma asiento, un bulldozer va comprimiendo montones de libros dentro de un enorme agujero que hay en medio del escenario. Cervantes hace su entrada, vestido de un negro solemne, y se dirige hacia su escritorio.

La escritura y los libros: un comienzo muy adecuado, ya que el destino de don Quijote está ligado a ellos, a los libros como inspiración falsa y al mismo tiempo verdadera, a los libros como espejismo y, en último término, como encarnación de sí mismo. En la novela de Cervantes, la línea que separa la ficción de la “vida real” se vuelve muy estrecha a medida que el personaje de don Quijote, dentro de la obra Don Quijote, empieza a hablar de sí mismo como una persona sobre la que se ha escrito un libro, alguien que ha visto aparecer falsas presentaciones de sí mismo en las obras de escritores embusteros que relatan episodios de su vida que en realidad no sucedieron. ¿Cuán real y cuán vivo puede llegar a ser un personaje de ficción? En ocasiones, don Quijote es como el donante de un cuadro de principios del Renacimiento, una figura representada de rodillas que señala la pintura a la que él mismo ha dado vida. Al incluir diferentes versiones del personaje, el hidalgo don Quijote, Cervantes nos induce a creer que una de esas versiones es más real que la otra; que es, de hecho, una parte de la realidad en sí.

Este truco también lo conocía Shakespeare, quien hacía que un actor, en plena interpretación, diera un paso adelante y hablara directamente al público.

En la ópera de Halffter, la creación de vida —es decir, el “ser por la escritura” de don Quijote— adquiere forma en la proximidad de una calavera o memento mori: Cervantes debe morir, como todos los seres vivos. Mientras, continúa escribiendo. Esta imagen enlaza con la precedente, la de los libros empujados hacia un oscuro foso: también los libros son mortales, puesto que no son más que la encarnación física, y por tanto perecedera, de las palabras que figuran en ellos.

Pero incluso cuando se nos recuerda que Cervantes debe morir y que los libros pueden ser destruidos, se presenta una nueva imagen ante nosotros: una enorme montaña de descomunales volúmenes emerge a través del escenario. Y es que el papel puede deteriorarse, pero es el aliento lo que da existencia a las palabras, como ocurre con el alma o el espíritu. Los libros pequeños, enterrados y muertos han dado lugar a unos libros grandiosos y vivos; y también vivas, al parecer, están las cubiertas de esos volúmenes, que se abren para dar salida a algunos de los personajes de don Quijote.

Dos mujeres aparecen sobre sendos zapatos rojos gigantescos y de tacón alto. Interpretan los papeles de Dulcinea y Aldonza, dos aspectos de una misma persona: Aldonza es la muchacha campesina que, según decide don Quijote, es en realidad una noble dama hechizada. Y Dulcinea es la noble dama que, según decide don Quijote, es la persona real que se esconde tras una apariencia de campesina. En esta escena también actúan como musas, inspiradoras de Cervantes para crear no sólo su novela, sino también a ellas mismas. Este desdoblamiento de la heroína se repite con el héroe, porque la figura de don Quijote —que no surge de un libro sino que llega por el aire, como un luftmensch en un aeroplano— es el otro yo de Cervantes, y ambos se dirigen el uno al otro en una serie de dúos.

Las escenas seleccionadas por Halffter son pocas, pero muy conocidas. El simulacro de ceremonia para armar caballero a don Quijote que tiene lugar en la posada viene acompañado de un coro que ensalza la insensata vida de los sentidos; Dulcinea y Aldonza están presentes, interpretando los papeles de Marta y María o de la vida espiritual y la material.

A continuación viene la escena de los molinos de viento, que son gigantes para don Quijote y molinos de viento para Sancho Panza, pero para Halffter, y por lo tanto para el espectador, son unas enormes y giratorias imprentas de papel de periódico —o la palabra en forma de monstruo mecánico— que representan, tal y como nos señala Halffter en sus notas, “el poder ejercido desde la banalidad por el mentiroso, el mediocre, el miserable…”. Don Quijote se enfrenta a ellos en nombre de la verdad y de la justicia, y es derrotado.

En la escena siguiente, el círculo más íntimo y familiar de don Quijote —la sobrina, el barbero, el bachiller y el cura, que en la novela son gente inofensiva y bienintencionada, pero en la ópera representan un cuadrilla algo más siniestra— denuncian los libros que creen que han conducido a don Quijote a la locura. La lista contiene no sólo a los autores mencionados por Cervantes sino a muchos más, incluyendo entre ellos a Rilke, Joyce, Freud, Kafka y el propio Cervantes. Mientras tanto, el magullado don Quijote, tumbado junto a las heroínas gemelas, ensalza las virtudes de la poesía ante Sancho Panza. Entonces hacen su entrada los dos rebaños de ovejas, que para Sancho Panza son ovejas, para Don Quijote, ejércitos, y para Halffter, las fuerzas del poder militar y las masas que lo obedecen.

Este coro de ovejas se dispone a ayudar al círculo familiar en sus preparativos para la quema de libros. En aquel momento, la montaña de descomunales volúmenes ya arde. Éstos, recordemos, son los libros de los que habían emergido los propios personajes: incluso los seres inventados pero reales pueden ser amenazados con la destrucción, en una especie de auto de fe de la imaginación (así, los quemadores de libros, al destruir la imaginación, están destruyendo las bases de su propia realidad).

La última escena de la ópera representa la muerte de don Quijote, cuando los libros se hallan ya destrozados. Halffter se vuelve muy explícito aquí, mientras don Quijote cuestiona a su creador en otro dúo. En la novela, finalmente el hidalgo recupera el juicio y muere de melancolía. En la ópera, Cervantes le dice a don Quijote que no le está permitido morir, pues no es un hombre sino un mito, y su papel consiste en “enderezar los tuertos y traer justicia al mundo”. Al final de la escena, es en definitiva el personaje de Cervantes el que muere.

El coro de ovejas y ciudadanos corrientes está feliz creyendo que ha triunfado sobre los libros, la lectura y la imaginación, y que se ha convertido en una masa ciega y homogénea para la que el individuo siempre representará la locura y el delirio; pero hay una campana agrietada que continúa repicando: “El símbolo de don Quijote —dice Halffter— y todo lo que se pretende reflejar a través de él: utopía, cultura, tradición, la caballería andante, el idealismo, la interpretación de la realidad, la fantasía creativa, la creación literaria y un largo etcétera…” Sin duda, un peso bastante arduo para el pobre y viejo caballero.

 

Ha habido muchas otras óperas sobre don Quijote. La más conocida, seguramente, es la de Massenet, en la que don Quijote es una especie de figura de Cristo perseguida, demasiado bueno para este mundo, y la ínsula imaginaria que Sancho Panza quiere gobernar es una imagen del Paraíso. La enigmática y admirable ópera de Halffter está más cerca del espíritu de Beckett y del Ionesco de El rinoceronte: el hidalgo presenta batalla a unas fuerzas que son demasiado vastas y malévolas para él, pero sigue luchando de todos modos. Es la irreductible naturaleza de lo “real” —el mundo social de la apariencia supera al mundo imaginado ideal— lo que finalmente le derrota. Representa al hombre que lucha por los valores de un corazón afectuoso, esperanzado y creativo contra unos engendros formidables.

Y aunque no “gana” —no consigue acabar con las ovejas—, tampoco pierde del todo, pues su agrietada campana continúa sonando (ésta es la mayor “esperanza sostenible” que podemos mantener en nuestro siglo XXI: el sonido de una campana agrietada que no deja de tocar).

¿En qué se convertirá luego don Quijote? Resulta difícil saberlo, pero seguro que se convierte en algo, pues es un personaje con muchas vidas en continua transformación. En su multiplicidad radica el secreto de su inmortalidad. Todo el mundo encuentra a un don Quijote que se parece a algo que conoce, como un psiquiatra español que ha fundado una clínica para las víctimas de la tortura en Canadá, tal vez. Mientras tanto, nos quedaremos con el símbolo de la campana agrietada; agrietada, pero repicando.

——

Reproducido de Don Quijote alrededor del mundo (Instituto Cervantes / Galaxia Gutemberg / Círculo de Lectores, España, 2005).

 

 

https://www.youtube.com/watch?v=v6L2dzwmxag

 

Share Tweet

admin

You Might Also Like

  • 04 Desnudo. Estación Mental

    Desnudo

  • 04 Luis Antonio de Villena. Estación Mental

    Sigfrid muere

  • 04 Pablo Neruda. Estación Mental

    Jardín de invierno

No Comments

Leave a reply Cancel reply

Recientes

  • Gorilas en Trova 0

    Tirsso Castañeda: sinapsis y revelaciones

    Abril 20, 2022 / Por Maritza Flores Hernández Rodeado de su obra, el artista plástico Tirsso Castañeda conversa sobre cómo el arte es revelación del yo interior, de ...

    On abril 21, 2022 / By admin
  • teatroprincipal_puebla
    Tinta Insomne 0

    Las calles de Puebla

    Fabiola Morales Gasca (Portada: Teatro Principal de Puebla. Tomada de https://www.mexicoescultura.com/recinto/50387/teatro-principal-de-puebla.html#prettyPhoto) Siempre he amado las calles del Centro Histórico de Puebla. El Teatro Principal fue, durante mucho tiempo, ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • picasso_blue1
    DCTS 0

    Las madres y el otoño

    Márcia Batista Ramos (Portada: Pablo Picasso, Madre e hijo, 1901. Periodo azul)   Divinos misterios trae el otoño, que derrama las hojas en tonos naranjas y amarillentos, precediendo ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • Fronteras infranqueables
    Ensayo 0

    Fronteras infranqueables

    Jorge Escamilla Udave   La experiencia de leer un libro conjuga una serie de aspectos que suelen ser reglas de oro para el lector potencial y los más ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • secesionenmexico
    Las malditas ciencias sociales 0

    ¿Cuántos regionalismos caben en el nacionalismo?

    Cúmulo Obseso / Aarón B. López Feldman   ¿Quién recuerda cuando la nación hace memoria? Jesús Martín-Barbero   Cuando hablamos de nacionalismo y de regionalismo hablamos de la ...

    On noviembre 20, 2020 / By admin
  • Directorio

© 2013 Solo Pine Designs, Inc. All rights reserved.