Consultario
  • Ensayo
  • Museo
  • Narrativa
  • Opinión
  • Palimsesto
  • Poesía
  • Teatro
  • Directorio
  • Tendencias
  • e-consulta
publicidad_e_intimidad
KAOS 0

El discurso del capitalista y la violencia social

· septiembre 8, 2017

Antonio Bello Quiroz

 

… un discurso locamente astuto pero insostenible, es decir destinado a estallar. Jacques Lacan

 

Las sociedades contemporáneas se encuentran organizadas bajo el ordenamiento de un discurso que Jacques Lacan llamó del Amo, más aún, del discurso que se ha encarnado en las prácticas cotidianas como el discurso del capitalista. El discurso es esencialmente la matriz de todo lazo de la palabra: el discurso se funda en la estructura del lenguaje. El discurso del amo aspira a establecer, como forma imperante del lazo social, el dominio. Su procedimiento para “tomar la palabra”, hacerse con el dominio de la palabra, es desconocer la castración y lo hace con expresiones como “porque lo digo yo”. Es la voluntad de dominio lo que caracteriza al discurso del amo. Se trata de un discurso centrado en fórmula saber = poder, de ahí que el espionaje y el chantaje del rival político (obtener saber) sean las formas en que se busca establecer el sometimiento. Es un discurso, el del amo (hay otros tres: de la histérica, del universitario y del psicoanalista), que apunta a borrar lo imposible, un discurso sin topes, sin límites. Lo que el discurso del amo no repara es que no se puede someter completamente al otro, que hay siempre un excedente de goce que no puede ser dominado. Ante esto, aparece en las sociedades contemporáneas un nuevo discurso que Lacan sanciona como discurso del capitalista en los años setenta. Las consecuencias del dominio de este discurso han sido y son devastadoras en términos subjetivos.

Las manifestaciones de la violencia se extienden por todo el mundo, y desde luego en México están cada vez más presentes con su rostro de crueldad y devastación, ahora ya de manera generalizada, con independencia de la clase social o nivel socioeconómico; ya no se detiene ante nada. Una realidad de violencia generalizada es la que vivimos en la cotidianidad de nuestros días: homicidios, secuestros, desapariciones forzadas, son el espejo de nuestra cotidianidad. No recién nos despertamos los noticieros nos bombardean con las cifras de los muertos, desaparecidos o encontrados en fosas clandestinas. Poco caso le prestamos a esta realidad hasta que esas noticias se van haciendo cada vez más cercanas a nuestra realidad.

¿Tiene el psicoanálisis una respuesta a esta violencia generalizada? ¡No! Sin embargo, sobre los efectos de devastación subjetiva que la realidad impone al sujeto, el psicoanálisis sí ofrece un espacio donde elaborar el dolor y sufrimiento que la existencia produce a cada uno, y uno por uno. Los efectos subjetivos como la apatía, los cuadros melancolizantes o la intensa ira ante la pérdida del amado por efectos de la violencia social pueden ser escuchados y elaborados en un dispositivo clínico que fue ex profeso diseñado por Sigmund Freud para dar lugar a lo que aqueja al sujeto.

Los miles de desaparecidos y asesinados en México, lo mismo si son parte de la delincuencia como de las fuerzas del orden, por ejemplo, han dejado a miles de niños, niñas y adolescentes en la orfandad, y quizá con un incomprensible dolor que no pueden tramitar sino por la vía de la venganza (en pasajes al acto criminales) o bien por las vías de las patologías del acto y fijaciones a goces mortíferos: adicciones, prácticas destructivas, puesta en acto de fantasías sexuales, suicidios, etcétera.

La constitución subjetiva de la violencia como efecto del discurso imperante, el del amo con su rostro más salvaje, el del capitalista, se funda en la ruptura del lazo social. El Capital se erige como amo y ordena y regula según su capricho las formas en que los sujetos habremos de estar en sociedad, impone nuestros gustos y modas, nos dicta a quiénes hay que elegir como gobernantes, nos engaña con el señuelo de la sugestión como una palabra destinada a fascinar. Su trampa es hacernos creer que somos los amos de nuestra vida, que nuestras elecciones son independientes a su mandato. La verdad (o la post-verdad, como hoy se le conoce) está puesta al servicio de vender y vender… cualquier cosa, un producto o un candidato, son lo mismo. Se trata de un discurso que no hace lazo social, más aún, lo erosiona. Hablando del discurso del capitalista, Lacan escribe el 17 de mayo de 1972: “He aquí que esto es… o peor. Esto no tiene fundamento, aunque se vea bien que es a ese punto que debería ir el discurso que no fuese del semblante, pero sería un discurso que terminaría mal, no sería de ninguna manera un lazo social, como es necesario que sea un discurso”. El del capitalista es un discurso que se propone como negando el límite del lazo social. Nos deja ante lo peor del padre, ante lo peor de quien sostiene la ley que regula el goce: ante el rostro más crudo y oscuro de la ley. Con este discurso el amor instrumenta la verdad a su gusto, sin castración, sin nada que haga límite y por tanto prolifera la segregación, la depresión generalizada y la ambición desenfrenada. La divisa de este discurso es: “Todo vale”. Nada es inalcanzable, todo es posible lograrlo. En esta línea se inscriben las prácticas cotidianas del comercio: todo se vuelve mercancía y por tanto es accesible. No hay límite en este conglomerado metonímico de los objetos que se proponen en los medios y redes como lo que dará la anhelada satisfacción; el resultado, sin embargo, como ya se advertía, es que se produce más insatisfacción, lo que lleva a demandar más y más… Así podemos vernos atrapados en esta rueda del consumo que ocupa el lugar de amo absoluto de la vida contemporánea.

Se trata, como dice Lacan, de un discurso locamente astuto pero insostenible, es decir, destinado a estallar. Ya ha dado avisos de este estallido y el mundo se ha puesto a temblar (la caída de la bolsa en Wall Street), pero, obedeciendo a sus propios principios, vuelve a las andadas mientras haya algo que devorar, algo que consumir. Es el fundamento de las guerras contemporáneas: invadir territorios, ya sea física o ideológicamente, para convertir a sus habitantes en consumidores.

Sin embargo, de este discurso que consume hasta consumirse, de la realidad violenta que se genera para poder sostener este discurso, de las prácticas de discriminación generalizada hay restos, hay saldos. Los gobiernos que se ciñen a estos dictados del consumo se vuelven sordos y ciegos ante estos “saldos” o “daños colaterales”. Las instituciones sociales le dan la espalda a los desechos que producen. Las prácticas académicas, pedagógicas e incluso médicas están diseñadas por ese mismo modelo, por lo que ven a sus usuarios como mercancías, como fuentes de ganancia y poder… El mecanismo es simple: atender sin escuchar. Atender sin incluir la singularidad de quienes se está atendiendo, como hace el verdugo que se tiene que tapar la cabeza para no ver a quién ejecuta y así poder pensar que al ejecutar a la víctima él mismo no es parte de lo que ejecuta.

Pero quién escucha el sufrimiento subjetivo del huérfano que perdió a sus padres por la violencia, quién escucha el dolor de transitar por un mundo con una elección sexual que lo lleva a la segregación legal, jurídica y social, quién se propone escuchar al enfermo estigmatizado, quién se detiene ante los niños cuyo modo de ser es el autismo, lo que los coloca en las antípodas del discurso consumista: no quiere nada, nada de lo que el mercado ofrece, lo que no lo salva del itinerario de clínicas, medicamentos, etiquetas, terapias y tratamientos que buscan hacer de él o ella un ente de consumo. Quién escucha la singularidad de quien no quiere ser devorado por el discurso del capitalista: ¿Quién?

El psicoanalista francés Jacques Lacan, en una conferencia impartida en Milán, propone una salida: pensar quizá en un amo menos tonto. Señala: Si se hubiese hecho un trabajo, en la línea de Freud…: “lo que sería necesario, es llegar a que el discurso del amo sea un poco menos primario, y un poco menos tonto”.

Share Tweet

admin

You Might Also Like

  • nave-de-los-locos-420x243 KAOS

    Las locuras y sus naves

  • KAOS

    Dalí, Freud, Lacan

  • el_poder_del_silencio-1030x687 KAOS

    El silencio y la potencia de la palabra

No Comments

Leave a reply Cancel reply

Recientes

  • Gorilas en Trova 0

    Tirsso Castañeda: sinapsis y revelaciones

    Abril 20, 2022 / Por Maritza Flores Hernández Rodeado de su obra, el artista plástico Tirsso Castañeda conversa sobre cómo el arte es revelación del yo interior, de ...

    On abril 21, 2022 / By admin
  • teatroprincipal_puebla
    Tinta Insomne 0

    Las calles de Puebla

    Fabiola Morales Gasca (Portada: Teatro Principal de Puebla. Tomada de https://www.mexicoescultura.com/recinto/50387/teatro-principal-de-puebla.html#prettyPhoto) Siempre he amado las calles del Centro Histórico de Puebla. El Teatro Principal fue, durante mucho tiempo, ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • picasso_blue1
    DCTS 0

    Las madres y el otoño

    Márcia Batista Ramos (Portada: Pablo Picasso, Madre e hijo, 1901. Periodo azul)   Divinos misterios trae el otoño, que derrama las hojas en tonos naranjas y amarillentos, precediendo ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • Fronteras infranqueables
    Ensayo 0

    Fronteras infranqueables

    Jorge Escamilla Udave   La experiencia de leer un libro conjuga una serie de aspectos que suelen ser reglas de oro para el lector potencial y los más ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • secesionenmexico
    Las malditas ciencias sociales 0

    ¿Cuántos regionalismos caben en el nacionalismo?

    Cúmulo Obseso / Aarón B. López Feldman   ¿Quién recuerda cuando la nación hace memoria? Jesús Martín-Barbero   Cuando hablamos de nacionalismo y de regionalismo hablamos de la ...

    On noviembre 20, 2020 / By admin
  • Directorio

© 2013 Solo Pine Designs, Inc. All rights reserved.