Consultario
  • Ensayo
  • Museo
  • Narrativa
  • Opinión
  • Palimsesto
  • Poesía
  • Teatro
  • Directorio
  • Tendencias
  • e-consulta
CINTILLO_BLOG-21 (4)
APUNTES DE LA CUCARACHA MANCA 0

El destructor de la Biblioteca de Alejandría

· diciembre 8, 2017

Miguel Samsa

La obsesión del historiador helenista Peter Arkham (1915-1963) por esclarecer las causas de pérdida de la Biblioteca de Alejandría permitió recuperar, al menos durante un breve periodo, la obra y figura de Apolodoro el Menor, copista y editor en aquel antiguo centro de estudio, que devino en férreo opositor a toda filosofía.

Fue a comienzos de la década de los cincuenta cuando Arkham, mientras participaba en una expedición al norte de Irán, encontró un pergamino entre los vestigios de un edificio. El documento resultó ser el Tratado sobre las causas de la infelicidad —casi íntegro— de Apolodoro el Menor. El hallazgo permitió no sólo subsanar las numerosas lagunas que Arkham tenía en sus estudios sobre la vida intelectual en Alejandría durante los siglos III y V, sino también determinar, a juicio del autor, la causa del legendario incendio que destruyó la biblioteca.

En Alejandría, crisitianos y musulmanes: los últimos años de la biblioteca (Massachusetts, 1960), Arkham descarta las versiones que atribuyen la destrucción del recinto a ambos grupos religiosos. Apuesta, en cambio, por la responsabilidad de un solo individuo: Apolodoro el Menor, cuyo gesto habría sido el culmen de una postura antifilosófica desarrollada a lo largo de los años.

El historiador refiere que tuvo la primer noticia de Apolodoro del inventario realizado por el historiador árabe Ibn al Kifti, erudito en la obra de Aristóteles, quien incluyó —hacia el siglo XI— el nombre de Apolodoro y sus escritos en una relación de copistas, traductores y editores destacados que se desempeñaron en la biblioteca entre los siglos IV y VI.

Indagaciones posteriores le permitieron a Arkham dilucidar que Apolodoro, de quien se desconoce aún el año y lugar de nacimiento, se habría formado en el Liceo antes de integrarse al equipo de trabajo de la Biblioteca de Alejandría. Seguramente por esto, fue asignado a la preservación y ampliación del corpus aristotélico albergado en ese recinto. Pero la tarea de Apolodoro no se limitó a sus responsabilidades como copista y editor. Pretendió, por su parte, sintetizar y ordenar toda la tradición filosófica grecolatina conocida hasta ese momento en una sola obra que permitiera dar sentido a las diversas escuelas, así como zanjar las disputas entre ellas.

Tan ambiciosa e imposible tarea sólo podía derivar en el fracaso y el desencanto. Apolodoro, en su afán de concretarla, no sólo entró en contacto con los pensadores más célebres de ese momento sino que se involucró en todas sus discusiones intelectuales, empeñado siempre en encontrar los elementos concordantes entre todos ellos que le permitieran sintetizar la tradición filosófica. Los ceños fruncidos, los inevitables insultos y gestos agresivos que con frecuencia remataban las, al comienzo, cordiales disputas filosóficas, terminaron por alejar a Apolodoro del contacto con sus pares. Y los testimonios sobre el destino de los filósofos que los antecedieron, con sus manías, sus muertes trágicas o ridículas, sus excesos, llevaron a concluir a Apolodoro que nada genera más infelicidad a los hombres que el empeño de los filósofos por llegar al conocimiento absoluto de las cosas.

Arkham refiere que, tras llegar a esta conclusión —asentada en el tratado recuperado por él—, nuestro personaje abandonó su puesto en la biblioteca y se dedicó a vagar durante un tiempo por los alrededores del puerto de Alejandría, lo que le permitió conocer de primera vista el tráfico y las prácticas corruptas generadas por el afán de incrementar el acervo bibliográfico: funcionarios aduanales que acechaban como buitres a los barcos recién encallados para lanzarse sobre sus cofres y cestos, a la búsqueda de libros que sus propietarios intentaran ocultar. Falsificaciones, hurtos, sobornos…

Apolodoro llegó a una conclusión inevitable para él: los vicios y decadencia de Alejandría (que ya había acumulado en su historial varios sitios y asedios) eran sin duda resultado de la codicia intelectual de los filósofos atrincherados en la biblioteca. Y la única manera de evitar la ruina de la ciudad, era terminar con ese edificio donde, en aras de una supuesta elevación del espíritu, sólo se generaba confusión, perfidia y corruptelas.

Al parecer, no fue difícil para Apolodoro reingresar a la biblioteca con el pretexto de recuperar su puesto y retomar sus tareas, que desempeñó con celo y prolijidad durante el tiempo necesario para ocultar vasijas de aceite y atados de leña entre los estantes, las suficientes para conseguir que el fuego es expandiera con rapidez.

El momento propicio se lo proporcionó un grupo de cristianos enardecidos porque los bibliotecarios se empeñaban en preservar libros paganos. Una protesta, que no hubiera pasado de un apedreamiento como a los que ya se habían acostumbrado, terminó convertida así en el voraz incendio que destruyó casi la totalidad del recinto y del acervo: mientras afuera el grupo de cristianos vociferaba y levantaba sus puños amenazantes, Apolodoro recorrió los pasillos de la biblioteca iniciando el fuego en aquellos puntos donde ya había distribuido los acelerantes.

Después, huyó de Alejandría. Arkham, en sus investigaciones, le había seguido la pista en un largo recorrido que incluyó Constantinopla, Jerusalén, Persia, hasta perderle el rastro al pie de las montañas del norte de Irán, donde encontró el tratado.

Si bien Arkham presentó como prueba irrefutable de su explicación sobre el fin de la biblioteca las páginas finales de la obra de Apolodoro —donde declara su responsabilidad en el incendio—, no tuvo grandes repercusiones entre la comunidad académica. Tal vez porque responsabilizar a un solo individuo, alentado por sus propias reflexiones filosóficas, de tan célebre destrucción era menos rentable que atribuirla a cualquier grupo de fanáticos alentados por principios religiosos.

Share Tweet

admin

You Might Also Like

  • 1 (19) APUNTES DE LA CUCARACHA MANCA

    La obra política de Sócrates

  • 4 (18) APUNTES DE LA CUCARACHA MANCA

    El filósofo de las dos frases (Ensayo)

  • 3 (17) APUNTES DE LA CUCARACHA MANCA

    Sobre el conocimiento auténtico

No Comments

Leave a reply Cancel reply

Recientes

  • Gorilas en Trova 0

    Tirsso Castañeda: sinapsis y revelaciones

    Abril 20, 2022 / Por Maritza Flores Hernández Rodeado de su obra, el artista plástico Tirsso Castañeda conversa sobre cómo el arte es revelación del yo interior, de ...

    On abril 21, 2022 / By admin
  • teatroprincipal_puebla
    Tinta Insomne 0

    Las calles de Puebla

    Fabiola Morales Gasca (Portada: Teatro Principal de Puebla. Tomada de https://www.mexicoescultura.com/recinto/50387/teatro-principal-de-puebla.html#prettyPhoto) Siempre he amado las calles del Centro Histórico de Puebla. El Teatro Principal fue, durante mucho tiempo, ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • picasso_blue1
    DCTS 0

    Las madres y el otoño

    Márcia Batista Ramos (Portada: Pablo Picasso, Madre e hijo, 1901. Periodo azul)   Divinos misterios trae el otoño, que derrama las hojas en tonos naranjas y amarillentos, precediendo ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • Fronteras infranqueables
    Ensayo 0

    Fronteras infranqueables

    Jorge Escamilla Udave   La experiencia de leer un libro conjuga una serie de aspectos que suelen ser reglas de oro para el lector potencial y los más ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • secesionenmexico
    Las malditas ciencias sociales 0

    ¿Cuántos regionalismos caben en el nacionalismo?

    Cúmulo Obseso / Aarón B. López Feldman   ¿Quién recuerda cuando la nación hace memoria? Jesús Martín-Barbero   Cuando hablamos de nacionalismo y de regionalismo hablamos de la ...

    On noviembre 20, 2020 / By admin
  • Directorio

© 2013 Solo Pine Designs, Inc. All rights reserved.