Mariela Arrazola Bonilla
En la historia del arte la representación de los alimentos aparece desde las antiguas civilizaciones, como los egipcios; también en Mesoamérica hay vestigios de esta relación. ¿Por qué debería extrañarnos el interés del arte por la comida si desde los albores de la humanidad los seres humanos se las ingeniaron para plasmar los bisontes que querían cazar para comer?
Si bien la relación del arte y la comida data de hace más de 20000 años, el género pictórico independiente como tal no se remonta más allá de principios del año 1600. Más que hablar sólo de frutas y verduras, los bodegones dicen más de las geografías en donde son creados. Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre el bodegón y la naturaleza muerta?
Still life es la vida en reposo, no la naturaleza muerta. Primero hay que recordar que el término Stilleben se acuñó en los Países Bajos y pasó a la lengua inglesa como still life y designaba una composición pictórica que representa animales muertos o cosas inanimadas. Más que naturaleza muerta, es una suerte de vida en reposo. No obstante, como las lenguas con raíces latinas usaban el término natura morta (italiano) y nature morte (francés) en español conocemos el género como naturaleza muerta y de hecho lo usamos indistintamente junto al término bodegón. Éste es un tipo de naturaleza muerta que retrata usualmente frutas, verdura, caza, pesca y objetos domésticos diversos que se encontraban en los hogares donde se elaboraba el cuadro. La bodega era el cuarto donde se almacenaban los perecederos y otras cosas de la casa típica española, así es que el bodegón era el retrato de las provisiones de la familia.
Aunque Holanda e Italia se disputan el nacimiento de este género de manera independiente, lo cierto es que la naturaleza muerta surge como género con mucho más fuerza en los Países Bajos en 1600 y reflejaba la creciente urbanización de la sociedad holandesa y flamenca que daba mayor importancia al hogar y las posesiones personales, el comercio, el intercambio, el aprendizaje, todos los aspectos de la vida cotidiana.
Esto obedece por supuesto a la promulgación de la Reforma protestante en la que se estableció la urgencia de adorar a Dios y no a su imagen. Una vez prohibida la imagen piadosa, quedaba la naturaleza, muerta y viva.
Los cuadros de naturaleza muerta se vendían en ferias y mercados y también se hacían por encargo. Al comienzo se plasmaban interiores de cocina, bodegones, escenas de mercado o menaje, elementos que ocupan la mayor parte del cuadro, pero al fondo se escondían temas bíblicos y por ello muchos bodegones son alegorías.
En Holanda, las regiones geográficas se especializaban. Así, por ejemplo, Haarlem se especializó en representar banquetes con vajillas suntuosas; Leiden, naturalezas muertas de vanidades con libros, jarras, pipas y utensilios de escritura; La Haya, pescados y mariscos.
Las familias de campesinos en los Países Bajos comenzaron a popularizar este género cuando empezaron a invertir en bodegones. Al no haber tierra suficiente que comprar, comenzaron a ver en estas obras una manera de inversión.
Hoy día no se puede negar que la naturaleza muerta es uno de los principales géneros del arte occidental y se caracteriza por haber sufrido pocos cambios en el tipo de objetos usados para las composiciones; lo que sí ha cambiado es la forma en que se representan, reflejando así desarrollo en el estilo y la técnica de determinada época. En el periodo del arte moderno (finales de 1800 a mediados del siglo XX) la naturaleza muerta se usaba como base neutral para la experimentación formal, a la manera de Cézanne o Picasso, por ejemplo.
En su significado más profundo, la naturaleza muerta es una celebración de los placeres materiales como el vino y la comida, pero al mismo tiempo una advertencia del carácter efímero de esos placeres y de la brevedad de la vida humana, simbolizada a través del reloj o de la calavera: la vanita es la vanidad, lo mortal.
El género del bodegón ha estado vigente en la producción plástica de nuestro país a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y principios del siglo XXI, y sirve al artista para mostrar su capacidad técnica, así como para experimentar.
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público a través de su programa Pago en Especie, ha resguardado muchas obras de este género: pinturas, esculturas, litografías, etc. El Museo Tecnológico de Monterrey ha traído parte de este acervo a la ciudad de Puebla bajo el nombre de Dones y prodigios. La exposición incluye más de 50 obras realizadas desde 1965 hasta el año 2014, es decir, que se trata de 60 años de tradición plástica en México en torno a un género: el bodegón y la naturaleza muerta. De entre estas obras, destaca una litografía de Alberto Gironella en donde plasma a Octavio Paz y algunos de los productos que degustaba, dando un giro a la convención propia del género.
La exposición estará abierta al público hasta mediados de mayo. La entrada es gratuita.
Twitter @MarielaArrazola









No Comments