Mariela Arrazola Bonilla
En días pasados se hizo de conocimiento del público que el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, pagó su famosa residencia de Malinalco con un cheque por 500 mil dólares y tres obras de arte que le fueron regaladas y que están valuadas, al parecer por él mismo, en 115 mil dólares (aproximadamente 2.5 millones de pesos) (Bloomberg). Aunque tratándose de obras de arte la suma no es asombrosa, pues los precios están por las nubes (véase el precio de un Gabriel Orozco), el caso nos recuerda a la no muy conocida, pero sí intrínseca relación entre el mercado del arte mexicano y el PRI.
El origen del negocio del arte se remonta a comienzos de los años treinta, cuando Inés Amor y Alberto Misrachi fundaron, respectivamente, las dos primeras galerías comerciales dedicadas a vender el arte de la época y no antigüedades.
Los primeros clientes fueron los turistas americanos que conocían la obra de los muralistas a raíz de algunas exposiciones en el recién fundado MoMA (Museum of Modern Art) y que llevaban obra gráfica y óleos como recuerdos de sus viajes a México. Tiempo después, fueron los políticos mexicanos quienes entraron a la compra de arte, y como bien sabemos, durante esas décadas el partido en el poder era el PRI. Eran clientes tan importantes que, a raíz de la caída del PRI con la llegada de Vicente Fox, las ventas decrecieron considerablemente (según me pudieron constatar personas que venden en las grandes galerías de Polanco), y es que al parecer los panistas no gustan tanto del arte. No al menos del estilo conservador que se vende en la zona.
Gabriel Orozco, Árbol del samurái, valuado entre 150 y 200 mil libras.
Así es que no sería de extrañar que Videgaray retomara esta costumbre partidista de gustar del arte. No obstante, lo que sí es poco creíble en el bizarro mundo del arte es que alguien regale 2.5 millones de pesos en arte sin esperar nada a cambio. En el mercado del arte la gente no vive de la idea del arte por el arte: el arte cuesta, y mucho.
El no proporcionar el nombre del autor de las obras o el título de las mismas, tiene la ventaja de que no hay manera de saber si realmente valen lo que Videgary dice que cuestan, y es que, en todo caso, al momento de la transacción el secretario debió haber entregado un dictamen valuatorio de las obras para probar su valor económico. No basta que uno diga que valen, sino que se compruebe a través de peritos especializados.
Ahora bien, esta permisibilidad de regalar arte así como así y darlo en prenda como si se tratase de dinero en efectivo, constituye, en mi opinión, otra de las tantas ironías del gobierno peñabot porque, justamente, durante la administración de Peña Nieto se hizo una fuerte regulación fiscal a la compra-venta de arte. Además de que las ventas de obras de arte reportadas al SAT causan un 16% sobre el costo de la obra, la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita (mejor conocida como Ley Antilavado), que entró en vigor en julio de 2013, obliga a los marchantes y subastadores a reportar a la SHCP las ventas de obras de arte de monto igual o superior a 337,531 pesos, así como la identidad de los compradores.
Esta medida, que tiene como fin evitar el lavado de dinero procedente del narcotráfico, para el año 2014 ya le había costado al mercado del arte nacional (que jura y perjura que los narcos mexicanos, a diferencia de los colombianos, no compran arte) una disminución de las ventas en un 30% pues los coleccionistas no están dispuestos a ponerse bajo la lupa del Sistema de Administración Tributaria (SAT).
Así es que mientras la gente que invertía en arte ahora prefiere no hacerlo gracias a las regulaciones de la administración de Videgaray, él sí se dio el lujo de aceptar un pequeño regalo que le sirvió para pagar parte de su cuestionada casa y se niega a dar detalles de las obras. Con la vara que midas…
Fernando Botero, La muerte de Pablo Escobar.
¿Está o no obligado Videgaray a informar de qué obras se trata así como quién se las regaló? Por supuesto, sólo que, convenientemente, obtuvo las obras antes de la puesta en marcha de dicha ley. Así es que nos quedaremos con las ganas.












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