Mariela Arrazola Bonilla
Veo la más reciente creación de Gabriel Orozco: una instalación que representa una franquicia. Me viene a la mente la obra de Tom Sachs, un mostrador de McDonalds y Prada Marfa, una instalación que representa una tienda de Prada en el desierto de Texas. Ambas obras datan de hace más de diez años, así que me parece que la instalación del Oxxo como estrategia artística llega tarde.
Su creador, Gabriel Orozco, artista conceptual, explica su obra asegurando que “la difusión de la obra artística tiene un desarrollo paralelo al de los mercados de consumo básico”. El artista expone que la pieza es un comentario y broma sobre esa afirmación. Que retrata un fenómeno cultural, un lugar común, que la pieza habla de identidad nacional, de PIB, de mercados nacionales, etcétera. Es decir, habla de todo y nada, es en serio, pero no es en serio. Orozco coquetea con las estrategias del arte pop y las del conceptual, y así se deslinda de una lectura incisiva de su obra. El arte es un juego, hay que divertirse, no se pongan serios. Si quieren es arte y si no, no. Si pueden compren, si no, no. Si un profesor investigador sale con que su proyecto es un comentario a una proposición, una broma, si les gusta bien y si no, no, el comité del SNI le quita la beca. Así no avanza el conocimiento.
Contrario a la afirmación inicial del artista, la historia del mercado del arte da cuenta de que la difusión de las obras de arte no se desarrolla en paralelo a las del mercado de bienes utilitarios. Los canales de distribución de obras de arte sin duda se han ampliado, pero hoy día no se vende arte en la tiendita de la esquina. Pretensión original de los artistas pop, no de Orozco. Las ferias de arte, las galerías, las subastadoras, no son canales de consumo masivo de mercancías, son espacios a donde acceden sólo plenamente las élites y muestran el grado de desigualdad económica y social. Ahí no se venden productos de la canasta básica.
Las obras de arte que ingresan al mercado —ojo, no todos los artistas permiten que sus obras se conviertan en mercancías— son bienes hedónicos, bienes de lujo, no son bienes utilitarios —como los que vende Oxxo— y estos dos tipos de bienes obedecen a lógicas diferentes.
En el mercado de los bienes utilitarios uno puede escoger entre varias marcas que brindan el mismo bien o servicio, y los precios son establecidos por leyes de oferta y demanda, además de que existe cierto grado de regulación estatal para brindar cierta protección al consumidor, como, por ejemplo, leyes antimonopolio. EL frijol, por ejemplo, puedo tener tres o cuatro opciones y las variaciones de precios no son tan grandes.
Esto no sucede con las obras de arte o los bienes hedónicos. Las obras de Orozco, por ejemplo, sólo se pueden comparar con otras hechas por él mismo, y sus precios son sostenidos por sus distribuidores (galeristas), quienes especulan con la oferta y la demanda de las mismas y que incurren en prácticas monopólicas al acaparar la producción del artista y así lograr cotizar sus obras en miles de dólares por centímetro cuadrado.
Además, las obras de arte tampoco se parecen a los bienes de consumo básico porque al ostentar la categoría de “obra de arte” su producción está desregulada por el Estado, es decir, goza de muchas concesiones que a otros productos de consumo utilitario no se le darían, todo bajo la premisa de que al arte es una cosa que hace mejores seres humanos. Estas concesiones o privilegios se hacen extensivos a sus creadores-productores.
La sociedad occidental otorga privilegios porque de vez en cuando surge un gran artista que cambia la manera en que miramos al mundo, que refleja la experiencia de vivir en un lugar, que reinventa la manera de hacer arte, frase trillada. Hoy día hay más artistas que grandes artistas.
La pieza de Orozco es ilustrativa, pero de la situación del arte en el posfordismo: la obra de arte está determinada por la iniciativa empresarial. La tiendita ejemplifica, en mi opinión, el supuesto de Harvey (2005), quien arguye que hoy día resulta bastante difícil que el arte escape del influjo de las grandes corporaciones porque éstas controlan los mecanismos de distribución que propagan determinados gustos y porque las grandes corporaciones patrocinan a las artes no sólo por amor al arte, sino porque es una manera de adquirir prestigio para la imagen de la compañía.
No me malinterpreten, soy fan del Oxxo, sin embargo las pretensiones epistemológicas que algunos artistas atribuyen al arte deben ser sometidas al rigor de la ciencia, no de las artes. No se puede ser juez y parte.
Twitter: @MarielaArrazola

Tom Sachs, Nutsy’s McDonald’s, 2001.
Mixed media, 96 x 74 x 72 pulgadas. Cortesía de Tom Sachs Studio.

Elmgreen y Dragset, Prada Marfa.









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