Mariela Arrazola Bonilla
En 1892 el crítico social Max Nordau publicó el libro Degeneración, donde clamaba que un segmento del arte y la literatura del fin de siècle era el producto de mentes enfermas y puso como ejemplo a los artistas de los movimiento parnasiano, el simbolismo y a escritores como Wilde, Tolstoi y Zola. No obstante, el término arte degenerado comenzó a usarse de manera regular hasta los años veinte en la Alemania nazi para referirse a las obras de arte que no encajaban dentro de la política artística del nacionalsocialismo (MoMA). Sobre todo hacía alusión al arte moderno de vanguardia, como el expresionismo. En la propaganda del Partido Nacional Socialista, el término se adoptó fácilmente para emprender una batalla estética contra los artistas no alineados al régimen o cuyo estilo no encajaba dentro del ideal estético de führer.
Ernst Ludwig Kirchner, Calle, Berlín, óleo sobre lienzo, 1913.
Colección del MoMA. Ejemplo de arte degenerado.
Desde 1930 comenzó a despedirse a los directores de museos que promovían a los artistas de vanguardia; posteriormente, en 1933 se decretó que las personas de origen judío no podían vender arte. Luego, Joseph Goebbels reclutó a cuatro de los más prominentes galeristas o gente relacionada al mundo del arte con un objetivo: conformar una comisión de expertos para confiscar el arte degenerado. Esta comisión estaba facultada para decomisar obras de museos o de colecciones privadas; muchas de estas últimas eran ni más ni menos de las familias judías más prominentes. Una vez decomisadas, las obras tenían varios destinos: algunas fueron intercambiadas por obras de estilo clásico para armar el nuevo museo del führer; otras fueron vendidas en Suiza para recaudar fondos para el régimen; otras más fueron expuestas para mostrar al pueblo lo que en arte no era aceptable, y muchas otras fueron quemadas en Berlín de manera pública. De igual manera, a los artistas degenerados se les prohibió hacer obra y eran visitados con frecuencia por agentes de la Gestapo para verificar que no estuvieran creando.
Se estima que los nazis confiscaron entre 650 mil y 750 mil obras de arte; unas 4800 fueron quemadas en Berlín. La lista de los movimientos considerados degenerados incluye a los expresionistas, los cubistas, los dadaístas, los fauvistas e incluso los postimpresionistas como Van Gogh y Cézanne.
En 1937 tuvo lugar la exposición de Arte Degenerado en la ciudad de Karlsruhe. Para esta muestra se acopiaron más de 12800 obras. En la exhibición se manipulaba al visitante: se instigaba el odio, se ridiculizaba y difamaba al artista y el sentido de la obra se alteraba; incluso se colgaban mal los cuadros para que la muestra se viera fea. Además, junto a dicha exposición se exhibía la muestra El Gran Arte Alemán, unas 900 obras de lo que según el ideal estético de Hitler debía ser aceptable en el arte. Aunque hubo problemas para definir lo aceptable, pues antes de inaugurarse Hitler inspeccionó personalmente la selección de su equipo y mandó quitar y componer obras.
Los historiadores hoy día relatan que lo que el führer buscaba era un estilo académico, clásico, que exaltara la juventud, el optimismo, el poder, lo heroico (El-Mecky). Una suerte de arte griego en el siglo XX.
Sin embargo, el capítulo más interesante de esta historia data de apenas unos cinco años, cuando parecía que este suceso era un caso cerrado. El señor Cornelius Gurlitt viajaba en tren proveniente de Zurich. En una inspección rutinaria se le encuentra un sobre con 9000 euros, pero, a pesar de no cometer delito alguno, se pone realmente nervioso, razón por la cual la policía alemana lo cataloga y se abre una investigación por presunta evasión de impuestos. Luego de varios años de recabar pistas y conseguir las órdenes judiciales pertinentes, la policía catea su departamento en Múnich, donde encuentra más de 1200 obras de arte. Guritt nunca había trabajado, nunca había declarado impuestos, vivía en un departamento de lujo y tenía mucho dinero en efectivo: era un fantasma que había vivido de vender obras de arte de manera silenciosa durante los últimos 70 años.
Su padre había sido uno de los miembros de la Comisión para Explotar el Arte Degenerado. Aunque era judío en segundo grado, Hildebrand Gurlitt fue reclutado por Goebbels por su sapiencia en arte y obtuvo todas las facultades para confiscar y vender arte para el régimen de Hitler. A la par, no desperdició el tiempo e hizo una colección de obras que heredó a su hijo Cornelius. Muchas de estas obras continúan siendo objeto de litigios y enredos diplomáticos.
Addenda:
Es bien sabido que Hitler quería ser artista y que fue rechazado dos veces de la academia de arte de Austria, pero esto no le impidió pintar. De hecho, hace unas semanas la casa de subastas Nuremberg’s Weidler vendió 14 acuarelas que se presume realizó él mismo. En total, las acuarelas recaudaron unos 440 mil dólares y la más cara fue comprada por un coleccionista chino. ¿Habrá acaso ganado finalmente su mayor batalla?
Gran Exposición de Arte Alemán, Portada del catálogo de 1937
(izquierda) y Entartete Kunst (Arte degenerado),
Portada del catálogo de 1937 (derecha).











No Comments