Ivonne Vira
Mosca
Éste no es tu sitio
ni tu espacio.
Miles de veces el mismo lugar invadido,
zumbido infinito.
Alguien debería darte un trozo de pan,
eterna queja alada.
Todo el espacio es tuyo,
diminutas marcas negras delatan tu atropello.
Retrocedes y el tiempo te pertenece,
nace dentro de ti algo efervescente,
rebasa tu cuerpo
y nos salpica a todos.
Ira alada,
atraviesas,
irrumpes cada centímetro,
tus marcas están sobre todas las cosas.
Nada te pertenece,
deseas todo para ti,
incluso lo que no ha sido creado.
Quisiera responder sólo ante el estímulo de la seda sensorial,
posarme con libertad,
estirarme encima de todos,
ir destapando cada poro,
rellenar los huecos
y agitar,
ver volar a todos
los miles de zumbidos siguiéndote,
venerándote,
preparando el cañón que te borrará.
Quisiera estirar tus alas
hacerte parte de mi colección.
La pulga
Ni el manto de tu madre nos mantendrá a salvo.
Siempre te perseguirá tu estirpe,
padre de tus sobrinos,
has condenado a que se repliquen generaciones
todas las voces serán iguales
y ante el espejo la ansiedad.
El terror será tu única recompensa,
trotador de mundos femeninos para siempre fecundados.
Ante ti caerán todas las leyes,
que vengan todas las voces en un solo reclamo,
que vengan y exijan tu cabeza,
tú, el que nunca conocerá la luz,
el por siempre no nacido.
Ansiedad y quebranto, tu legado
de suciedad y lamento,
brinca, brinca, permite que tus hermanas se alejen,
y dentro la historia
del infinito que respira
la eternidad.









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