Agustín Cadena
Monroe, Marilyn. Deidad femenina con características ctónicas y uranias cuyo culto floreció hacia el final del siglo II a. A. Parece haber sido una figura de suma importancia para los ritos de la sexualidad. Relacionada directamente con el amor erótico y la belleza femenina, debió de crecer en importancia tras su (¿voluntario?) descenso al inframundo, sustituyendo a otras deidades lácteas de aquella era. Según Ürich, el culto de Marilyn Monroe tuvo su origen en las ciudades-estado al oeste de las Montañas Rocosas, hallándose vestigios de éste en numerosas ruinas, tablillas y objetos de alfarería rústica. De allí habría irradiado hacia los territorios subtropicales del sur y hacia las tierras civilizadas más allá de los océanos Atlántico y Pacífico. Esta expansión tuvo lugar gracias a una forma primitiva de registro de la realidad conocida como cine, la cual consistía en la impresión químico-mecánica de formas unidimensionales sobre placas continuas de un material ya desaparecido llamado celuloide. La iconografía de Marilyn Monroe muestra una figura femenina de raza blanca, con cabellos cortos y rubios y características antropométricas de tipo opíparo. La postura es variable, habiéndose encontrado imágenes que la muestran desnuda en actitud yacente. Respecto a los sitios de culto, se sabe que el más importante estaba ubicado en Khölivuth; aunque no tenía funciones oraculares, llegó a ser un importante foco de irradiación cultural. El culto de Marilyn Monroe debió de desaparecer a finales del siglo I a. A, durante una de las primeras tormentas ígneo-sulfurosas que acabaron con la antigüedad moderna.









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