Luis de Góngora
Ciego que apuntas y atinas,
caduco dios y rapaz,
vendado que me has vendido
y niño mayor de edad,
por el alma de tu madre
—que murió siendo inmortal,
de envidia de mi señora—,
que no me persigas más.
Baste el tiempo mal gastado
que he seguido a mi pesar
tus inquietantes banderas
forajido capitán,
perdóname, Amor, aquí,
puesto te perdono allá
cuatro escudos de paciencia,
diez de ventaja en amar.
Amadores desdichados
que seguís milicia tal,
decidme, ¿Qué buena guía
podéis de un ciego sacar?
De un pájaro ¿Qué firmeza?
¿Qué esperanza de un rapaz?
¿Qué galardón de un desnudo?
¿De un tirano qué piedad?









No Comments