Miguel Samsa
Si bien Heráclito de Éfeso es célebre, entre otras cosas, por haberse enterrado en estiércol para tratar de curar su hidropesía, no fue el único filósofo presocrático en recurrir a tal práctica.
Demitrius de Posidonia, según relata Lucio Apuleyo en su Vida de los filósofos miserables, solía dormir entre los desechos de los establos para renovar sus fuerzas y curar cualquier posible enfermedad, pues aseguraba que la vida se originaba en la putrefacción de las cosas.
El origen de tal aseveración podría encontrarse en el hecho de que los objetos podridos pronto dan sustento a larvas, insectos y otras formas de vida; y de que tanto los desechos como los cadáveres contribuían a fertilizar la tierra.
Sobre Demitrius apenas se sabe que fue contemporáneo de Heráclito y que, no sólo por este hecho sino también por el objeto de sus reflexiones, podría incluírsele entre los filósofos presocráticos, pues a semejanza de ellos, su obra estuvo encaminada a explicar el principio organizador del cosmos (arjé).
Este principio parece haberlo hallado, como ya se señaló, en la podredumbre, pues ningún ser vivo puede sustentarse ni surgir si no es a través de la descomposición y putrefacción de otro anterior.
Refiere Apuleyo que Demitrius habría escrito un extenso poema titulado De la corrupción, del cual no se conserva fragmento alguno, aspecto que sin duda contribuyó para el desconocimiento y olvido de su obra.
El historiador Jonathan Bikes refiere (Apuntes para una historia de la pérdida de las ideas, Broken Hills, Londres, 1974) que copias del poema de Demitrius se habrían perdido durante el incendio de la Biblioteca de Alejandría y que la última copia de la cual se tiene noticia habría llegado a manos de Avicena.
El dramaturgo Bernard Sauvage rescata la imagen de este filósofo y algunas anécdotas (sin duda apócrifas) en El comedor de estiércol (La Pléiade, París, 1967), donde lo retrata como un hombre desaliñado, cubierto por una raída túnica, que gustaba de alimentarse de alimentos en avanzado estado de descomposición.









No Comments