NARRATIVA
Judith Castañeda Suarí
Entonces recogió un puñado de tierra y amasándola con aceite y agua, formó sus brazos y piernas, su rostro, la nariz donde soplaría el aliento de vida. Luego, encontrándolo digno, a su imagen y semejanza, vio que era bueno y lo bautizó Yahvé, su dios.









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